El universo particular o la partícula universal
Existe una teoría de la física moderna que dice que el universo entero es una única partícula moviéndose a alta velocidad. Parece difícil creerlo, pero podemos encontrar un efecto semejante en el cine, donde vemos continuidad pero en realidad sólo hay imágenes estáticas, cuadros o fotogramas que parecen imitar la vida al ponerse en movimiento.

EL GEN EGOÍSTA
Richard DAWKINS
El gen egoísta
(Las bases biológicas de nuestra conducta)
Barcelona: Salvat, 1993
(Primera edición en OUP: 1976)
[9 de julio de 1994 ]
Aunque leí El gen egoísta en 1989 en una colección de bolsillo de Salvat de libros científicos, esta ficha la hice tras comprar la edición ampliada de 1994.
Este es un libro que fue polémico en su día, aunque parece que muchas de sus ideas son hoy ortodoxia en biología. Se suele considerar el buque insignia (junto a Sociobiología, de E.O.wilson), del determinismo génico: toda nuestra conducta está determinada por nuestros genes. Sin embargo, Dawkins se opone a tal atribución. Trataré el asunto más adelante.
Dawkins, manteniéndose dentro de los parámetros darwinianos, se pregunta qué se quiere decir cuando se dice que la evolución natural opera por selección natural y qué significa la supervivencia de los más aptos. ¿De qué se está hablando? ¿De especies, de razas, de grupos, de individuos?
Algunos defienden la teoría de la selección de grupos (Robert Ardrey: The Social Contract); otros, considerados más ortodoxos, son partidarios de la selección individual.
Dawkins considera que la selección de grupo y la selección de parentesco no son los caminos empleados por la evolución (o que la evolución sigue). Tampoco admite la selección individual: a lo único a lo que se puede aplicar lo de la supervivencia del más apto es a los genes.
Como inciso, diré que eso de la supervivencia del más apto nunca me ha resultado del todo comprensible. El que sobrevive es, por definición, el más apto, así que no hay manera alguna de imaginar cómo diablos podríamos demostrar que no ha sobrevivido el más apto. Por otra parte la aptitud de la supervivencia depende de factores externos y aleatorios, que obligan a una primera reducción de las pretensiones de la frase "Supervivencia del más apto": se trata del más apto para sobrevivir en el momento concreto que le ha tocado vivir. Naturalmente, no se puede tratar de la supervivencia de un sólo individuo, puesto que no se podría hablar de la evolución de un sólo individuo: se trata del más apto no para sobrevivir sin más, sino para tener descendencia. Cómo se adapte o deje de adaptar ese individuo una vez que ha tenido descendencia ya no interesa a la evolución, por lo que aquí se acaba su aptitud. Más adelante tal vez retomaré el tema.
Dawkins opina que la supervivencia de los más aptos es realmente un caso especial de una ley más general relativa a la supervivencia de lo estable.
Yo tengo la sospecha de que esta es otra frase cuyo contenido es difícil de concretar. ¿Que es lo más estable? No será lo que sobrevive, espero.
Dawkins se adhiere a la definición de gen de C.G.Williams:
Una porción de material cromosómico que, portencialmente, permanece durante suficientes generaciones para servir como una unidad de selección natural.
Es un replicador con una alta fidelidad de copia, o longevidad-en-forma-de-copia. El gen, entendido de esta manera, es el verdadero sujeto de la selección natural:
La unidad básica de la selección natural no es la especie, ni la población, ni siquiera el individuo, sino las pequeñas unidades de material genético que convenimos en llamar genes (51).
El gen busca duplicarse a sí mismo, de ahí que el libro, con una licencia poética, se titule el gen egoísta.
Es claro que ya desde este momento se plantea el problema de atribuir caracteres como el egoísmo a pedazos de cinta del ADN, es decir antropomorfizar el discurso biológico. Yo, por otra parte, no sé si el antropomorfizar es tan malo como lo pintan. No se quién decía que nada tenía de malo utilizar como simil para un discurso humano sobre algo no humano aquello que los hombres conocen mejor: el propio hombre. En cualquier caso, Dawkins se defiende una y otra vez de esa acusación e insiste en que son sólo licencias poéticas.
Pero no está tan claro que se pueda usar un doble lenguaje psicologista-mecanicista tan fácilmente. Al fin y al cabo, incluso decir que los genes intentan autoduplicarse ya es mucho decir. Se podría decir tal vez: si las condiciones lo permiten, los genes se autoduplican, unos con mayor éxito (mayor exactitud en la copia), otros con menor éxito. Esta parece una frase inócua, pero ya contiene una dificultad: que es discutible que la fidelidad de la copia sea siempre un éxito.
A veces el propio Dawkins da argumentos a favor de su teoría que más bien parecen ir en contra. Así, intenta explicar (55s), por qué existe el sexo, esa "extravagante perversión de una reproducción directa" (55) y acepta la teoría de W.F.Bodmer:
el sexo "facilita la acumulación en un solo individuo de mutaciones ventajosas que surgen por separado en distintos individuos" (56).
Pero ello va en contra de la teoría de Dawkins, pues, ¿qué egoísmo es el de un gen que, pudiendo tener el 100% se conforma con sólo el 50%? El sexo, explicado de esa manera, puede servir para la selección de grupos, o para sustentar una especie de selección movida por la voluntad de poder o de dominio (al estilo nietzschiano o schopenhaueriano), pero con mucha dificultad encaja con la idea de Dawkins de que el gen busca duplicarse a sí mismo.
En el capítulo IV, Dawkins propone una de las ideas que más llamaron la atención en su momento: los seres humanos no somos sino máquinas de genes, vehículos que les permiten reproducirse y saltar de un cuerpo a otro, generación tras generación.
Muy curioso lo de la canción de las ballenas, en un ciclo que dura ocho minutos y se repite una y otra vez, tal vez dando la vuelta a la Tierra.
Tal vez tenga bastante razón Dawkins cuando plantea que la conciencia podría surgir cuando la simulación cerebral del mundo llega a ser tan compleja que debe incluir un modelo de sí misma (77).
Lo que es interesantísimo es lo de las abejas melíferas que abren celdillas infectadas. Lo transcribiré en un número de Esklepsis (78ss). Es, sin duda, lo más fuerte de todo el libro, en lo que se refiere a quedar impresionado por el poder de los genes.
Estrategias evolutivamente estables (EEE)
Una estrategia evolutivamente estable es aquella que, si la mayoría de la población la adopta, no puede ser mejorada por una estrategia alternativa (91). Dawkins considera que el concepto de EEE puede ser uno de "los avances más importantes en la teoría evolutiva desde Darwin" (110).
Cuando existe una proporción estable entre los genes de dos especies distintas se habla de polimorfismo estable.
Ahora bien, el egoísmo de los genes se complica, pues un gen puede tener sus intereses divididos entre diversos cuerpos; de este modo, un acto de altruismo hacia un pariente no sería tal: el gen buscaría perpetuarse a sí mismo (115).
Esto es una muestra de que Dawkins, que huye de todo misticismo, parece tan fascinado por el egoísmo de los genes (aún cuando use el término sólo metafóricamente) que acaba creyendo, como el mismo lo dice, que sólo los genes son inmortales y que existe una especie de comunicación entre ellos que resulta, incluso siendo explicada como procesos puramente mecánicos, realmente dificultosa. No se ve por qué tal cosa se puede dar entre los genes y no entre los animales o las especies. Es muy difícil plantear las cosas tal como lo hace Dawkins sin caer en cierto teleologismo.
En la página 125 escribí al margen "la evolución cultural vs. la evolución biológica". Es claro que en parte me refería a lo que Dawkins comentará más adelante: cómo la cultura nos permite luchar contra nuestra biología. Pero también quería referirme a una verdadera lucha entre ambos tipos de evolución, como si la evolución cultural tuviese que vencer a la biológica para seguir existiendo. Lamentablemete he olvidado a que me refería exactamente.
No existe una razón por la que un hombre no pueda heredar de su madre la tendencia a desarrollar un pene largo (190).
Señala también Dawkins que es curioso que en la especie humana sean las hembras las más llamativas, y no los machos.
Sin embargo, tal vez esto no es tan claro. Antiguamente, los hombres eran mucho más llamativos que ahora, aunque es discutible si más que las hembras.
En cualquier caso se plantea si es el macho, y no la hembra, el sexo que está en demanda en la especie humana (215).
El libro de Dawkins está lleno de problemas que se plantean a su teoría del gen egoísta, y es digno de él el mencionarlos. También está lleno de sutiles e ingeniosas respuestas a casi todos esos problemas (sólo se confiesa incapaz de encontrar una respuesta a las monas que adoptan hijos extraños). Lo más curioso es que a veces (ver232 y 234), tras una ingeniosa investigación, reconoce que, en los casos realmente estudiados a fondo, no se puede aplicar tal solución.
Es interesante la teoría de que en la evolución se ha podido producir una simbiosis como la del liquen (hongo/alga verde), y que nosotros podemos ser el producto de una o muchas de esas simbiosis entre organismos distintos (237).
Los virus pueden ser, por otra parte, genes que se han liberado de colonias como nosotros (238).
Es curiosa la araña gregaria Oecobius civitas, que cuando es obligada a abandonar su refugio entra en el de una compañera, con lo que la segunda se va y entra en el de una tercera, y así sucesivamente (107).
En el capítulo XI plantea Dawkins otro tipo de evolución, la de los memes o genes culturales, que se trasmiten por vía no genética (así las canciones de un pájaro de Nueva Zelanda, que se trasmiten de padres a hijos por vía cultural). Resultaría que en la evolución del hombre los memes podrían ser tan importantes como los genes (y tal vez era esto a lo que yo me refería cuando hablaba de evolución biológica vs. evolución cultural). Ejemplos de memes serían: tonadas, sones, ideas, consignas, formas de vestir... Se propagarían saltando de un cerebro a otro mediante un proceso que puede ser llamado de imitación. Un meme de gran éxito sería por ejemplo "creer en la vida después de la muerte" (251).
Dawkins propone que se ha de descartar el gen como única base de nuestras ideas sobre la evolución (250). Por otra parte, también habría competencia entre los memes por ocupar el cerebro anfitrión:
Quizá podríamos considerar una iglesia organizada, con su arquitectura, sus rituales, leyes, música, arte y tradición escrita, como un juego estable coadaptado de memes que se ayudarían mutuamente (258).
Otro miembro del complejo religioso de memes se denomina fe. Significa confiar ciegamente, en ausencia de pruebas, aun frente a evidencias. Se narra la historia del incrédulo Tomás, no para que admiremos a Tomás, sino para que admiremos a los otros apóstoles por comparación. Tomás pedía pruebas. Nada es más letal para ciertos tipos de memes que una tendencia a buscar evidencias... El meme para una fe ciega asegura su propia perpetuación por el simple e inconsciente recurso de desalentar una investigación racional (258).
Si un sacerdote es una máquina de supervivencia para los memes, el celibato es un atributo útil para ser establecido dentro de él. El celibato es sólo una parte menor dentro de un gran complejo de memes religiosos de ayuda mutua (259).
Precisamente sería un ejemplo del enfrentamiento entre cultura y biología, memes (que no permitirían la reproducción) y genes (que sí la querrían).
Otro tipo de inmortalidad sería el de los memes, superior tal vez incluso a la de los propios genes (260). Termina Dawkins mostrando la posibilidad de luchar contra los replicadores ciegos que son los genes (261). Con ello, se niega cualquier atribución de un determinismo genético a Dawkins, quien incluso se opone al determinismo mémico:
Somos construidos como máquinas de genes y educados como máquinas de memes, pero tenemos el poder de rebelarnos contra nuestros creadores. Nosotros, sólo nosotros en la Tierra, podemos rebelarnos contra la tiranía de los replicadores egoístas (262) .
Lo que recuerda el final de El azar y la necesidad, de Monod, pero éste no es el final del libro de Dawkins.
Dawkins analiza en varios capítulos los juegos cooperar/defraudar, con desarrollos muy interesantes. Es esperanzador en cierto modo que gane siempre un programa como Donde las dan las toman, y no los agresivos.
Juego de suma cero es aquel en que la ganancia de un jugador es la pérdida del otro. Los juegos de suma no cero, como el Dilema del Prisionero, es un juego donde hay una banca que paga "y los dos jugadores pueden cogerse del brazo y reírse de la banca" (285).
Presentarse a una oposición es un juego de suma cero: si tú la ganas, le quitas el puesto a otro; la selectividad o el examen para mayores de 25 años es un juego de suma no cero. Es por eso que no me molestó ver las irregularidades cometidas cuando me presenté, y lo cierto es que no comprendo a quienes se ponen furiosos cuando en un juego de suma no cero alguien hace trampa: a ellos no les afecta. Sólo lo entiendo cuando las consecuencias del juego puedan ser desagradables debido a esa irregularidad: por ejemplo, si un médico obtiene el título sin estar bien preparado. Pero que lo consiga un filósofo, ¿qué más dá? Creo que a menudo los que protestan por las trampas en un juego de suma no cero son movidos por la envidia y por una especie de orgullo herido, antes que por el deseo de que se haga justicia.
Un buen ejemplo de Dawkins en este sentido es el de los matrimonios que se divorcian: la mayoría de las veces los únicos que salen ganando son los abogados (285s).
Otro ejemplo muy bueno es el de los dos equipos de fútbol que se salvan del descenso con un empate en el partido que les enfrenta (288).
Muy interesante también lo de los pactos en las trincheras durante la Gran Guerra (290s). Como indica Dawkins, en las guerras los únicos beneficiados acaban siendo los generales. También lo del altruismo de los vampiros (299).
Lo de los ratones que heredan el gen en dosis doble y las epidemias que acaban con poblaciones enteras es evidente que también es un argumento contra la teoría del gen egoísta.
Por otra parte, a pesar de lo que podía parecer al principio del libro, Dawkins acaba diciendo (302) que no cree que la selección darwiniana actúe directamente sobre los genes, puesto que el ADN está encapsulado en la proteína, envuelto en membranas, protegido del mundo e invisible a la selección natural (302). De ahí que titule el último capítulo "El largo brazo del gen". Se puede pensar que los síntomas de un resfriado no es que sean productos secundarios de la actividad de los virus, sino que sean una estrategia de los virus para pasar de un cuerpo a otro, saliendo expulsado de manera explosiva (316). Los virus podrían ser en su origen genes desprendidos, que viajarían por vías no ortodoxas (óvulos y espermatozoides) (317).
La selección natural favorece a aquellos genes que manipulan el mundo para garantizar su propia propagación. Esto conduce a los que he llamado el Teorema Central del Fenotipo Extendido: La conducta de un animal tiende a maximizar la supervivencia de los genes "para" dicha conducta, estén o no esos genes en el cuerpo del animal que la practica" (324). Un cuerpo no es un replicador, sino un vehículo (325).
Por cierto, que otro argumento contra la teoría del gen egoísta es el comportamiento de virus como el del SIDA, que matan al cuerpo-vehículo, lo que hace imposible su propagación si consiguen el éxito total.
En la nota 2 aclara Dawkins sus intenciones y se defiende de las malas interpretaciones (341)
Me molestaron los comentarios políticos de Dawkins en 11-12, acerca de la insolidaridad de los sindicalistas, que me parecieron reaccionarios y obsesivos (escribí al margen: "!Qué obsesión!"). Curiosamente, el propio Dawkins, en una nota posterior se arrepiente de esos comentarios e incluso reconoce que eran errados:
Debo añadir que las ocasionales connotaciones políticas de este capítulo me hicieron incómoda su relectura en 1989. "¿Cuántas veces en los últimos años se habrá dicho esto la necesidad de reprimir la codicia egoísta para impedir la destrucción de todo el grupo?"] a la clase trabajadora de Inglaterra?". !Esto me hace parecer un tory!
Y añade Dawkins:
En 1975, cuando se escribió esto, un gobierno socialista, al que yo había votado, estaba luchando desesperadamente contra una inflación del 23% y obviamente preocupado por las altas reivindicaciones salariales. Mi observación podía haberse tomado del discurso de cualquier ministro de trabajo de la época. Ahora que Inglaterra tiene un gobierno de la "nueva derecha" que ha elevado la mezquindad y el egoísmo al status de ideología, mis palabras parecen haber adquirido una especie de maldad por asociación, que lamento (342).
Es un error posiblemente provocado por la fidelidad al partido votado, cosa que es común y lamentable: el triunfo de tu partido hace que lo que ayer era justo y de sentido común se convierta en insolidario. La verdad es que es tremendo ver cómo las personas de partido van cambiando sus ideas según la música que tocan desde arriba, llegando a creer, como sucede con los que respaldan el statu quo, que lo que piensan es un inevitable resultado de la observación de los hechos y no una ideología entre muchas otras existentes o posibles. El que está de acuerdo con lo que hay cree que no tiene ideología y considera anacrónico lo que la ideología imperante, que sí existe, le indica, ya sea, en el caso de España, en tiempo de Franco o en la democracia.
En cualquier caso, ha resultado que, finalmente, en el terreno ideológico y ético, coincido bastante con Dawkins, por ejemplo en su tratamiento de las cuestiones religiosas. En 21 habla del error al traducir "mujer joven" por virgen, y en una nota comenta las airadas respuestas recibidas. En otra nota memorable se refiere a la fe en estos términos:
He tenido el predecible aluvión de cartas de víctimas de la fe, protestando por mis críticas a ésta. La fe es un lavado de cerebro tan exitoso y autoperpetuador, sobre todo en los niños, que es difícil de desarraigar. Pero, después de todo, ¿qué es la fe? Es un estado mental que lleva a la gente a creer en algo -no importa qué- en ausencia total de evidencia que lo apoye. Si hubiese una buena evidencia de apoyo, la fe sería supérflua, pues la evidencia nos haría creer en ello de todos modos. Esto es lo que hace absurda la tan repetida idea de que "la propia evolución [la teoría de la evolución] es cuestión de fe". La gente cree en la evolución no porque desee creer arbitrariamente en ella, sino por la abrumadora evidencia pública que la apoya... En realidad, el hecho de que la fe no precise evidencia alguna se considera como su gran virtud; ésta era la razón de que citase al incrédulo Tomás, el único miembro realmente admirable de los doce apóstoles... La fe no puede mover montañas...pero es capaz de llevar a la gente a cometer locuras tan peligrosas que creo que puede considerarse como una especie de enfermedad mental. Hace creer a la gente tan intensamente cualquier cosa, que en los casos extremos muchas personas están dispuestas a matar y morir por ella, sin necesidad de justificación ulterior. Keith Johnson ha acuñado el término de "memoides" para designar a las "víctimas que han sido ocupadas por un meme hasta el punto de que deja de importarles su supervivencia...La fe es lo suficientemente poderosa como para inmunizar a la gente contra toda llamada a la piedad, al perdón y a sentimientos humanos decentes. Incluso les inmuniza contra el miedo, si creen sinceramente que morir les llevará directamente al cielo. !Menuda arma! La fe religiosa merece un capítulo propio en los anales de la tecnología militar, en pie de igualdad con el arco, el caballo, el tanque y la bomba de hidrógeno" (401).
A quienes le acusan de determinista genético, Dawkins dice que no son capaces de comprender que "es perfectamente posible decir que los genes ejercen una influencia estadística en la conducta humana y, al mismo tiempo, creer que dicha influencia puede modificarse, anularse o invertirse por obra de otras influencias" (402).
En la nota 5 menciona la teoría de Cairns-Smith de la arcilla como origen de los replicadores biológicos (he hecho una ficha de Siete Pistas sobre el origen de la vida, de Cairns-Smith).
Señala Dawkins un ejemplo que muestra cómo los genes no determinan de manera absoluta nuestro comportamiento: cada vez que utilizamos la contracepción les estamos desafiando (344).
Vaticina que un programa de ajedrez llegará a batir al campeón del mundo y que ello será un necesario baño de humildad para la humanidad (350).
Yo creo que sí, que el campeón humano acabará siendo vencido por el autómata, lo que tal vez obligue a complicar las reglas de ajedrez.
P.B. Medawar habla de los aficionados a practicar la filosofía-ficción, dejando a un lado la capacidad de practicar la reflexión analítica (351); se refiere a lo que Dawkins define como:
algunas personas, excepcionalmente superdotadas con los útiles de la filosofía, que no pueden evitar hurgar con su jerga académica donde ésta es inútil (351).
A mí me gusta escribir artículos de filosofía-ficción, por ejemplo para Esklepsis, pero yo, al menos, sé que estoy practicando en ese género, y, por tanto, lo hago como un juego y una parodia.
Una EEE es una estrategia que funciona bien frente a copias de sí misma (355).
Pero esto tal vez contiene una negación: si una EEE determinada vence a otro modelo idéntico se da un resultado cero, pues la que pierde también es esa EEE. A lo mejor se puede decir que una EEE es la estrategia cuya rivalidad consigo misma no le hace quedar en desventaja frente a estrategias rivales.
Observando el comportamieto de las avispas Ichneumon, que atrapa presas y las paraliza vivas, dejándolas en su nido para que las coman sus larvas, hizo declarar a Darwin: "No puedo creer que un Dios benéfico y omnipotente haya creado deliberadamente a las icneumónidas con la intención expresa de que se alimenten con los cuerpos vivos de las orugas" (356).
Señala Dawkins, en lo que se refiere al parentesco, la siguiente cuestión:
El problema de medir la relación es confuso para muchos de nosotros por lo siguiente. Dos miembros cualesquiera de una especie, pertenezcan o no a la misma familia, suelen compartir más del 90% de sus genes. ¿de qué estamos, pues, hablando cuando decimos que la relación entre hermanos es de 1/2 o la relación entre primos de 1/8? La respuesta es que los hermanos comparten 1/2 de sus genes por encima del 90% (o lo que sea) que en cualquier caso comparten todos los individuos" (360).
Me parece que, en la medida en que se entiende lo que sucede con las hormigas, los áfidos y las células humanas, se está en libertad de llamarlas o no sociales, según se quiera (362).
Dawkins explica cómo los genes letales recesivos se convierten en peligrosos en las relaciones entre hermanos: uno de cada ocho de los descendientes nacerá muerto o morirá joven (365).
Recomienda Social Evolution, de Robert Trivers, "no sólo por su contenido, sino por su estilo: ideas claras, académicamente correcto, pero con la suficiente irresponsabilidad para ridiculizar a los pedantes, y lleno de apuntes autobiográficos personales" (369).
Maynard Smith plantea "una memorable interrogación retórica: "¿Por qué no lactan los mamíferos macho?" (374).
En cuanto a la explicación (379) de que el os penis (hueso del pene) se ha perdido porque con él cualquiera podía simular lo que no era y sin él "sólo los machos verdaderamente sanos o fuertes" podían "presentar una erección realmente rígida", permitiendo a las hembras "formular un diagnóstico claro", escribí al margen: "Si tú lo dices".
Son verdaderamente interesantes los ratones moteados sin pelo, que tienen hábitos similares a los insectos sociales (384-387).
Science Citation Index es una curiosa publicación en la que puede buscarse cualquier artículo publicado y comprobar el número de publicaciones posteriores que lo han citado en determinado año (387).
Compara los virus informáticos con los virus biológicos: además de otras coincidencias, en ambos casos se usa una inyección de una versión debilitada del virus para curar al enfermo (400).
ANEXO 2: QUE NADA SE CREA
Este relato ha sido borrado debido a su publicación en Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro) publicado en septiembre de 2009 por la editorial Evohé
POR QUÉ EL MUNDO DIGITAL NO ES DIGITAL
1. Un mundo sin nombre
Hace ya unos cuantos años que hablamos y oímos hablar de un mundo extraño, al que intentamos dar nombre: virtual, digital, informático, Internet, interactivo.
A ese mundo pertenecen los ordenadores, los bits, la interacción, la Red mundial, los discos en soporte digital y los teléfonos móviles. Para la mayoría de la gente, incluidos los expertos, lo esencial de todos esos fenómenos es su naturaleza digital.
Por eso, quizá desde que Nicholas Negroponte lo definió así, se llama a es conjunto de fenómenos "mundo digital".
¿Por qué ha de llamarse digital a ese mundo? La respuesta es: "Porque los ordenadores funcionan de manera digital, mientras que el mundo cotidiano en el que vivimos es analógico".
Esa sería también la gran diferencia entre los cerebros artificiales y el cerebro humano: "Nuestro cerebro no funciona de manera digital, sino de manera analógica."
Ahora bien, sucede que mucha gente cree conocer la diferencia entre analógico y digital, pero, cuando intentan explicarlo, caen en confusiones semejantes a la de la mayoría de las personas que dicen entender la teoría de la evolución: casi todos explican el mecanismo evolutivo siguiendo el modelo de Lamarck, no el de Darwin.
Así que, en primer lugar, intentaré explicar de manera sencilla qué es lo digital y en qué se diferencia de lo analógico.
Lenguajes digitales
Lo digital es aquello que está constituido por estados discretos (es decir, no continuos) como unos y ceros (1/0), abierto y cerrado, encendido y apagado.
Lo analógico es continuo: no se puede separar de manera precisa en partes diferenciadas: entre el 1 y el 2 está el 1,5, el 1,75, el 1,756, etcétera.
El lenguaje binario es un lenguaje digital. Es el más sencillo de los lenguajes digitales, pues sólo tiene dos "palabras":
abierto/cerrado
encendido/apagado
unos y ceros (0/1)
Algo binario es aquello que tiene dos valores o aspectos, como el yin y el yang, o las líneas del I Ching, que son o bien continuas o bien cortadas.

También son binarias las oposiciones del filósofo presocrático Parménides:
Luz y Noche
Ligero y Pesado
Derecha e Izquierda
Masculino y Femenino
Caliente y Frío
Fuego y Tierra
Ente y No ente
Causa y Materia
Sutil y denso
Los ordenadores, la transmisión de datos en la red y los soportes digitales (como los cds y los dvds) trabajan con código binario, es decir, con largas instrucciones de unos y ceros, que tienen este aspecto:
00010111 11101100 10010011
00110001 11001100 10010011
00110001 11001100 10010011
01010001 11001100 10010011
Los ordenadores leen ese código binario, y es por eso que este lenguaje de ceros y unos se llama “lenguaje máquina”.
Un ordenador, en consecuencia, sólo "entiende" ese lenguaje, solo “ve” ceros y unos, aunque esos ceros y unos se conviertan en la pantalla del ordenador en una reproducción de Las señoritas de Avignon de Picasso, o de la Mona Lisa de Leonardo da Vinci.

Digital Mona Lisa (original y detalle), creada en 1965 por Digital Data Corp. Con un sistema que se anticipó a los modernos escaneres y a los píxels. Está hecha no con una imagen continua, sino con números del 0 al 9. La mano que asoma por arriba no está hecha digitalmente, sino que debe pertenecer a alguien que sostenía el cuadro.
Detalle ampliado (en la zona de un ojo) de la Mona Lisa digital en el que se pueden ver los números con los que está hecha la imagen
Quizá no se entiende lo que quiero decir con el ejemplo de la Mona Lisa digital. Me refiero a que la imagen de la Mona Lisa que se ve arriba en tonos sepia parece continua, pero está hecha de números, como puede apreciarse en el detalle ampliado. Nosotros vemos una imagen continua, pero el ordenador ve números.
De hecho, el ordenador ni siquiera ve los números que se ven en el detalle ampliado, porque esos números, están hechos a su vez de ceros y unos.
Dicho de otro modo, para el ordenador el detalle ampliado de la Mona Lisa Digital no está hecho de los signos básicos de su lenguaje (0/1), pero para una máquina de escribir tradicional los números que vemos en el detalle ampliado sí serían los signos básicos.

Mariposa hecha con una máquina de escribir
Se considera la primera muestra de arte ascii, pues
se remonta ni más ni menos que a 1898.
Su autora,
Flora Stacey, tuvo que
introducir el papel cientos
de veces, en una y otra dirección. Aunque parezca
increible, la mariposa (no sólo el marco) está hecha
con signos de máquina de escribir. En este caso, el
lenguaje máquina (de la máquina de escribir)
si coincide
con lo que vemos los humanos (una vez que nos sobreponemos
a la visión de la mariposa), cosa que no sucede cuando vemos
números en la pantalla de un ordenador

Otro ejemplo asombroso de arte ascii: no son fotos,
sino signos de máquina de escribir. El artista es el
leonés Guillermo Mendaña Olivera. Como decía el
periodista de ABC en esta crónica del
28 de febrero
de 1959: "Como paleta una Hispano-Olivetti, y como
pintura los diferentes tipos de su máquina de
escribir con carro de 200 espacios"
En principio resulta imposible para un ser humano leer el lenguaje máquina, es decir que entienda al instante las ristras de ceros y unos, pero quizá no lo sea tanto con un entrenamiento adecuado. En la película Matrix uno de los rebeldes es capaz de leer de ver el código máquina como si fuesen imágenes o palabras, no como ceros y unos.
Voy a poner un ejemplo sencillo de lectura del lenguaje binario:
00000000 es el número 0 en nuestro sistema decimal
00000001 es el número 1 en nuestro sistema decimal
¿No resulta tan difícil, verdad?
Pero, ¿qué número es
este?
00000010
Parece el número 10, pero hay que recordar que no estamos ahora leyendo números en el sistema decimal, sino en el binario.
En el sistema binario 00000010 es el número 2.
Quien esté interesado en leer código binario encontrará fácilmente páginas en la red o libros en las bibliotecas donde le enseñarán a hacerlo. Una vez aprendido (en cinco minutos) se puede leer binario, aunque más lentamente que en el sistema decimal, quizá, como ya he dicho, sólo por la falta de hábito, pues cuando leemos frases escritas con las 27 letras del alfabeto no leemos cada letras, sino las palabras, y a veces frases enteras de golpe.
Lo digital y lo binario
Antes de continuar, conviene aclarar que digital no es sinónimo de binario, como muchos suelen suponer.
El código binario es un lenguaje digital, pero sólo uno de los posibles lenguajes digitales, el más sencillo de todos.
El sistema decimal que usamos casi todos los humanos también es digital, pero en vez de tener dos valores, tiene diez.
binario (2 valores) 0 1
decimal (10 valores) 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9
hexadecimal (16 valores) 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 a b c d e f
Es decir, los lenguajes digitales pueden tener diversos valores. Un texto escrito en castellano utiliza un lenguaje digital compuesto por las 27 letras de nuestro alfabeto.
Los ordenadores usan código binario simplemente porque es más fácil manejar dos valores que diez.
En definitiva, lo binario es digital pero lo digital no es (necesariamente) binario.
Ventajas del lenguaje binario
En la historia del procesamiento artificial de la información, se tardó mucho en advertir que la manera más fácil de construir un calculador artificial era usando el sistema de numeración binario en vez del decimal.
Uno de los primeros inventores de máquinas de cálculo (los precedentes de los ordenadores) fue también uno de los primeros descubridores del lenguaje binario: Leibniz.
Leibniz descubrió el código binario gracias al I Ching chino, que es el libro más antiguo de la humanidad. En el I Ching hay 64 símbolos, que nacen de la combinación de rayas cortadas y rayas no cortadas.
El
hexagrama 21 del I Ching
El descubrimiento del lenguaje binario en el I Ching por parte de Leibniz es un buen ejemplo de cómo a menudo un error puede conducir a un descubrimiento interesante, porque el I Ching no era un sistema de numeración binario, sino tan sólo un método de clasificación modular. Es decir, hay dos módulos (rayas continuas y rayas cortadas) con los que se componen 64 figuras diferentes, pero no es un lenguaje ni una manera de contar: cada hexagrama, sencillamente, es distinto de los otros.
El error de Leibniz fue, paradójicamente, un gran acierto y un importante avance científico.
Cuantos más valores tenga que manejar una máquina, más grande y complicada será, porque estamos obligandola a distinguir entre diferentes signos, señales o entradas. Lo más sencillo es que sólo tenga que entender dos: abierto/cerrado, 1/0, encendido/apagado, raya/punto.

Si Charles Babbage, considerado el precursor de los ordenadores, hubiese utilizado el sistema binario en vez del decimal, el esfuerzo de toda su vida posiblemente se habría visto coronado por el éxito y no por el fracaso, pues la máquina que deseaba construir era demasiado compleja, entre otras cosas debido a esa información básica que debía manejar: diez dígitos en vez de dos.
En cualquier caso, la conclusión que ha de quedar clara después de todo lo anterior es que lo digital no es necesariamente binario: puede ser binario, decimal, hexadecimal (16 valores), o incluso podría tener miles de valores diferentes.
Si en casi todos los ordenadores se emplea el lenguaje binario es sólo por razones de comodidad y simplicidad: para un ordenador es muchísimo más fácil manejar los dos valores del sistema de numeración binario (0 y 1) que manejar los diez valores del sistema de numeración decimal.
El espectador atento puede darse cuenta que los ordenadores de Matrix no manejan código binario, sino que, además de ceros y unos, hay otros números (muchos al revés), e incluso extraños signos que parecen tamiles, hindúes y chinos, además de asteriscos, cruces y otros símbolos. Eso da una idea de la capacidad y la complejidad de los ordenadores que controlan Matrix.

Digital y analógico y la esencia de la realidad
Una vez aclarado que el mundo digital no es necesariamente binario, podemos volver a la diferencia entre analógico y digital.
Ya dije antes que el cerebro es analógico, debido tal vez a su carácter biológico. Es decir, no podemos dividir nuestro cerebro en piezas discretas como si fuese un juego de construcciones infantil. Nuestro cerebro es un objeto analógico que no parece estar fomado por ladrillos básicos. Al menos eso es lo que considera la ciencia hoy en día.
Ahora bien, hay que aclarar que aquí no me estoy refiriendo, cuando hablo del cerebro, a su naturaleza biológica: me refiero a su funcionamiento. Me refiero a la manera en la que el cerebro almacena y procesa la información.
Un ordenador, desde un punto de vista físico también es analógico, como el cerebro, porque también es un objeto del mundo: un palo o una piedra también son analógicos en ese sentido.
La física actual, la física cuántica, a pesar de basarse en la teoría de los cuantos o paquetes discretos de energía, parece inclinarse por un universo analógico, en contra de las ideas de la física del siglo XIX, que consideraba que la naturaleza estaba hecha de algo muy parecido a los bloques de información digitales: átomos como bolas de billar que se golpeaban unos a otros.
Un ordenador, con carcasa y chips incluidos, está hecho de materia analógica, pero eso no impide que procese la información de manera digital, y no de manera analógica.
Queda pues claro que aquí no pretendo discutir acerca de cómo está hecha la realidad, sino acerca de cómo se procesa la infromación de forma digital y cómo se procesa de forma analógica.
El código (digital) morse
Voy a proponer una analogía para distinguir la manera digital de trasmitir y procesar información: el código morse.
El código morse está compuesto de rayas y puntos. Si yo escribo:
-.---
Esto, en código morse significa: “No”.
La “n” se escribe:
-.
La “o” se escribe:
---
Así que si veo una raya, un punto y tres rayas, sé que me están diciendo “No”.
Si alguien me manda el siguiente mensaje morse:
-.---
o este otro:
pruf toc pruf pruf pruf
¿Qué me estará diciendo?
Efectivamente, en ambos casos me está diciendo: “No”.
Es decir, da igual cómo sean las rayas y los puntos: grandes pequeñas, negras, azules, trasmitidas por radio o en una pantalla del ordenador.
Da igual cuáles sean las características analógicas concretas de un mensaje en código morse, que se reciban sonidos más fuertes o suaves, que haya más o menos tinta en las rayas y los puntos o que sean hermosas o feas, gruesas o delgadas. Al que recibe un mensaje en morse sólo le interesa distinguir entre dos signos diferentes: rayas o puntos. Nada más.
El lenguaje morse ni siquiera está constituido por rayas y puntos. En vez de rayas y puntos, podemos trasmitir un mensaje en morse con volutas de humo grandes o pequeñas, como hacían los indios con hogueras (aunque ellos no se comunicaban en lenguaje morse), o como podrían hacerlo dos personas para ligar en una discoteca con el humo de un cigarrillo.

¿Está Bogart fumando o trasmitiendo un mensaje?
También podemos trasmitir un mensaje en morse con palmadas, golpes en una mesa, gritando “¡Raya!",“¡Punto!”, etcétera.
El medio no es el mensaje en el mundo digital
Una de las diferencias más importantes entre lo digital y lo analógico es que en lo digital no interesa el soporte, el medio, el canal por el que se trasmite la información, sino tan sólo el mensaje, la información misma: si es un punto o una raya en el código morse, si es un uno o un cero en el lenguaje binario.
Cuando recibimos un mensaje en código morse, lo único que nos interesa es distinguir las rayas de los puntos. Da igual que junto a esas rayas y puntos existan un montón de datos tales como el grosor de las rayas y puntos, su color o el ruido de fondo.
El biólogo Jacob von Uexkhul decía que a una esponja no le interesan los cientos de datos que le rodean, pues para las esponjas sólo existen dos datos: lo que me toca y lo que no me toca. De ello depende su supervivencia. También para nosotros, en ocasiones, nuestra supervivencia puede depender de entender un mensaje en código morse.
El Titanic lanzó cohetes pidiendo ayuda, pero el capitán del Californian los interpretó como algo casual y, con una lámpara de destellos, deletreó una pregunta en código Morse. El Titanic no respondió, de modo que el capitán del Californian se volvió a acostar. El problema no fue que no se entendiesen los mensajes, sino que los capitanes ni siquiera entendieron que se trataba de mensajes.
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Una vez que ha quedado bien claro que en el lenguaje digital sólo nos interesan los signos ya definidos de ese lenguaje (puntos y rayas en el morse, puntos y espacios vacíos en el lenguaje de los ciegos Braille), voy a hacer un breve parénteis para mostrar que en ciertas ocasiones se pueden "leer" mensajes analógicos en una trasmisión digital.
El puño (analógico) del código morse
Malcom Gladwell cuenta en Inteligencia intuitiva una historia interesantísima acerca del código morse y sus cualidades analógicas, que muestra cómo a veces una trasmisión digital contiene más información de lo que parece.
Como ya he dicho, el código morse es uno de los mejores ejemplos de un lenguaje digital con dos valores, rayas y puntos. Sin embargo, se podría decir que hay tres valores y no dos: puntos, rayas y la pausa entre los puntos y las rayas.
Para quienes trasmiten y reciben mensajes en morse sólo importan las rayas y los puntos, pero en algunas ocasiones existe información analógica de gran importancia en las pausas, es lo que se llama "el puño morse".
El puño morse permite distinguir a las personas que trasmiten en morse. Es el estilo de cada emisor, su voz, como dice Gladwell.
Durante la Segunda Guerra Mundial, en Gran Bretaña se creó una división de personas llamadas interceptores, cuya misión era interceptar los mensajes que trasmitía el ejército alemán.
Los alemanes trasmitían en un doble código, el morse y otro secreto (para no hacerlo en alemán sin más).
Aunque los ingleses tardaron bastante en descifrar ese segundo código (gracias en gran parte a Alan Turing), había mucha información en los mensajes, según cuenta el historiador Nigel West (seudónimo de un político llamado Rupert Allason):
Invariablemente, aparte del texto cifrado, había preámbulos e intercambios ilícitos [en alemán]: "¿Qué tal estás hoy?, ¿Cómo está tu novia? ¿Qué tiempo hace en Munich? Así que vas rellenando fichas con esa información...
Ahora bien, esto sigue siendo un mensaje digital en código morse, accesible a los británicos por la torpeza de quienes trasmitían los mensajes. Pero, incluso sin esos mensajes personales, había información relevante en la voz o el estilo de los operadores alemanes.
Resulta que los interceptores, generalmente mujeres, dice Gladwell, eran capaces de distinguir el estilo (las pausas entre rayas y puntos) de los diferentes trasmisores alemanes, y eso servía para obtener información acerca de los movimientos de tropas alemanas en las que estaba destinado cada operador.
Los interceptores eran tan precisos al detectar las características de los operadores de radiotrasmisión alemanes que podían literalmente seguirlos por toda Europa... Si un operador estaba con su Unidad trasmitiendo desde Florencia y tres semanas después lo localizabas en Linz, eso te permitía saber que la unidad se había desplazado desde el norte de Italia al frente oriental... Y en un momento de crisis, cuando alguien del Alto Mando te pregunta: "¿Puedes asegurar sin error posible que este cuerpo de la Luftwafe está cerca de Tobruck y no en Italia?", puedes responder: Sí, éste operador es Oscar, estamos completamente seguros.
Ese estilo o voz de los operadores no era buscado a propósito por ellos, sino que aparecía en todos sus mensajes, del mismo modo que en nuestra firma hay ciertos rasgos que permiten a un experto saber si es falsa o auténtica, incluso aunque a nosotros nos parezca, como me sucede a mí, que es distinta cada vez que la hago.
Gladwell establece un paralelo entre el puño de morse y las investigaciones de Gottman, un psicólogo que hace entrevistas a parejas y detecta, más allá de los mensajes aparentes que se envían unos a otros, otra información subterránea, una información que le permite saber si esa pareja va a entrar en crisis en un futuro más o menos cercano. Aunque no nos demos cuenta, cuando trasmitimos un mensaje en un lenguaje, al mismo tiempo estamos hablando en otros lenguajes (por ejemplo con el lenguaje no verbal o de los gestos, que estudia la kinésica).

Indios trasmitiendo un mensaje digital, por ejemplo: "El general Custer se acerca", y varios analógicos; el más importante para Custer sería: "Hay indios cerca y ya nos han visto". Pero tal vez Custer pensó que era sólo humo, y no percibió ni la información digital que los indios estaban trasmitiendo ni la analógica contenida en el hecho mismo estar trasmitiendo esa información con señales de humo.
El medio analógico
A diferencia de lo que sucede en el mundo de los lenguajes digitales (dejando aparte excepciones como las del apartado anterior), en los lenguajes analógicos el soporte, el canal y el medio sí son importantes, porque en lo analógico no está claro dónde acaba y dónde empieza la información.
En un mensaje en morse sólo necesitamos saber si un signo es una raya o un punto, pero al ver a un amigo podemos tener la sensación de que nos está diciendo algo con la mirada o con el rictus de su boca, o quizá en la entonación de ese "Hola" con que nos ha saludado.
O tal vez signifique algo el que haya llegado a la cita antes de tiempo, o su aspecto descuidado, o que no nos haya estrechado la mano como suele hacerlo habitualmente. En una comunicación analógica, tenemos que ser más listos que el capitán del Californian y el general Custer y no sólo ser capaces de leer un mensaje, sino también darnos cuenta de que algo puede ser un mensaje.
Cuando Sherlock Holmes llega a la escena del crimen no se limita a leer un mensaje binario en código morse, sino que tiene que filtrar, a partir de la infinita información que tiene delante, la que es relevante y la que no lo es para descubrir al criminal.

Holmes y Warton buscan información relevante para resolver el caso del caballo Silver Blaze: "¡Datos, necesito datos, no puedo construir una casa sin ladrillos!".
Aunque no podemos saber cuánta información hay en un disco analógico de vinilo, sí sabemos cuanta información contiene un disco digital, cuantos ceros y unos contiene exactamente, eso son los bites y los bytes: 25 bytes, 12 Megabytes, 1 Gibabyte... Cada soporte puede almacenar una cantidad determinada. Un cedé 700 Megas, un deuvedé 4,7 Gigas.
Si yo manipulo un disco digital (un CD o un DVD) no puedo extraer de él más información que la que ya contenía. Quizá puedo mejorar el disco añadiéndole más información, por ejemplo, duplicando ciertas pistas de sonido, pero al hacerlo estoy creando otro cedé o poniendo algo que no estaba en el CD original.
Sin embargo, sí que puedo extraer información inédita de una grabación analógica, como se hizo con las cintas originales de Elvis Presley, recuperando de ellas una calidad que en la época en que se grabaron no era posible extraer. No se añade nada a la grabación original, sino que se consigue recuperar lo que nunca se pudo oír, excepto, quizás, por quienes estaban presentes en la grabación.
Es algo semejante a lo que a veces se dice cuando vemos en persona a alguien que conocemos por el cine o por una fotografía: "El cine no le hace justicia, es incapaz de captar su belleza personal", que es lo que pensaba Woody Allen de Margaux Hemingway cuando hizo Manhattan.
Por qué el mundo digital no es digital
Ahora podemos volver a aquel mundo que intentábamos definir y que yo niego que deba llamarse digital.
En efecto, considerar que el aspecto determinante de ese complejo mundo es lo digital es un error.
Es un error típico que se suele cometer siempre que se analiza algo relacionado con las máquinas que procesan o elaboran información, con ese mundo poblado de criaturas como son los ordenadores, las calculadoras, las centralitas telefónicas, los termostatos o los telares.
Los sistemas que procesan información y la reelaboran han sido a menudo comparados con el cerebro humano, y hay quien establece una especie de zoología en la que cerebros, telares y centralitas son distintos ejemplos de la especie de los sistemas pensantes. Marvin Minsky opina que un termostato que regula la temperatura pertenece a la especie de los entes pensantes, o al menos a los procesadores de información.
No voy a discutir aquí si los termostatos piensan o no, pero lo que si está claro es que telares, centralitas, ordenadores y cerebros reciben información, la procesan y a veces modifican su comportamiento en función de esa información. Así, un termostato preparado para mantener la temperatura de una habitación en veinticinco grados, hará que el calefactor se ponga en marcha cuando reciba la información de que la temperatura de la habitación está en 20 grados. Del mismo modo, un servicio de correo electrónico ofrecerá una página u otra según el nombre de usuario que pongamos en la casilla que nos ofrece.
El mundo digital, ¿es digital?
Cuando se habla del mundo digital (como Nicholas negroponte en El mundo digital), uno se refiere a los ordenadores, internet o soportes como el cedé y los deuvedés, es decir toda esa fauna tecnológica que se dedica a procesar, elaborar y reelaborar la información. Y es habitual dar por supuesto que las características de este nuevo y asombroso mundo están indisolublemente ligadas a su carácter digital. Sin embargo, se produce con ello un error que se comete frecuentemente y que consiste en confundir un momento histórico de la tecnología con los resultados que se obtienen con esa tecnología.
Porque hay que darse cuenta de lo que con tanta agudeza señaló Reuleaux:

“En una máquina de vapor, el vapor no forma parte de la máquina”.
Que es lo mismo que dice Georges Ifrah:
“La estructura de un ordenador es independiente de la tecnología que en él se emplea”
Es decir, consideramos como inevitable o necesario lo que es accidental: el que los ordenadores sean digitales hoy, no significa que deban serlo siempre. Se podría parafrasear a Reuleaux diciendo:
"En un ordenador digital lo digital no forma parte del ordenador".
La máquina de vapor funciona con vapor. El ordenador funciona con electricidad y silicio por un lado y mediante un lenguaje digital por otro, pero ni la electricidad, ni el silicio ni el lenguaje digital son lo esencial en el ordenador: lo esencial es, al igual que sucede en la máquina de vapor, otra cosa. ¿Y cómo llamamos a esa cosa?
Para acercarnos de manera intuitiva al asunto podemos llamarlo el código, la estructura, el mapa, el plano, tal vez la receta. Algunos preferirán decir el algoritmo, que no es mala denominación, aunque ofrece también un resquicio al equívoco. Pero no está nada mal "Mundo algorítmico".
Por usar otra comparación que quizá aclare el asunto. Los elementos que constituyen una máquina de vapor pueden ser simulados en un programa de ordenador. Es decir, podemos construir una máquina de vapor virtual, en la que sustituimos los manometros, los émbolos y los chorros de vapor por imágenes que los representan. Si proporcionamos la información necesaria a esta máquina virtual, funcionará igual de bien que una máquina de vapor real o tradicional, y si la conectamos a una fuente de energía adecuada podemos hacer que haga lo mismo que haría una máquina de vapor tradicional, por ejemplo, poner en marcha los telares o hacer que avanzara un barco.
Incluso podríamos hacer que nuestra máquina virtual funcionase literalmente con vapor, que las entradas y salidas de vapor le proporcionasen la energía necesaria: en vez de enchufar el ordenador a la red, podríamos enchufarlo a los mecanismos que suele usar una máquina de vapor. No sólo eso, para rizar el rizo, podríamos hacer que nuestro ordenador fuera por completo analógico en vez de digital. Hiciéramos lo que hiciéramos, la estructura básica del ordenador sería la misma.
Es algo parecido a lo que sucede con la topología las propiedades invariantes de figuras geométricas o sólidos siempre que no sean rasgados o agujereados.

Una taza y una rosquilla, que parecen tan diferentes, son sin embargo la misma superficie topológica, llamada toro o, de manera más familiar, donut.
Del mismo modo, la ciencia de los ordenadores o sistemas procesadores de información estudia aquellos sistemas que tienen una estructura semejante, sin atender a la diferente manera, medios o materiales con los que se presenta esa estructura.
Los equívocos del mundo digital
Para terminar de explicar por qué creo que quizá no sea lo más adecuado llamar mundo digital a eso que llamamos mundo digital, antes hay que deshacer algunos equívocos acerca de la actual tecnología.
En primer lugar hay que admitir que:
Los ordenadores que utilizamos son digitales: es decir, operan con una serie limitada de valores. Valores que son discretos y no ambiguos: "esto o aquello" , "lo uno o lo otro", "o R o S o T o X o P"....
Los ordenadores que utilizamos son, además de digitales, binarios: usan el alfabeto digital más sencillo que existe: ceros y unos.
Los ordenadores que utilizamos son, además de digitales y binarios, electrónicos y funcionan gracias a la electricidad.
Los ordenadores que utilizamos se basan en el silicio.
Ahora bien, una vez dicho esto, hay que aclarar que:
Los ordenadores son binarios porque es más sencillo fabricar ordenadores que manejen sólo dos valores que ordenadores que manejen diez o dieciséis.
Los ordenadores son electrónicos porque es más sencillo fabricar ordenadores electrónicos que ordenadores mecánicos (como era la máquina de Babbage) o electromecánicos.
Pero se podrían fabricar ordenadores mecánicos y electromecánicos capaces de hacer lo que hacen nuestros ordenadores.
Lo cierto es que se construyen ordenadores no electrónicos para realizar ciertas tareas, por ejemplo bajo el mar, o en el espacio, donde los que funcionan bien son los ordenadores neumáticos, que son insensibles a las influencias cósmicas, eléctricas y magnéticas que afectan a un submarino o un cohete. Estos ordenadores funcionan con agua, aire o fluidos y utilizan grifos y manómetros.
Los ordenadores actuales están hechos fundamentalmente de silicio porque resulta más sencillo por el momento usar chips de silicio, pero es muy posible que en el futuro se fabriquen ordenadores biológicos o bioquímicos.
Se está trabajando en ordenadores con garrapatas en vez de con chips. También se está intentando fabricar ordenadores cuánticos, en los que quizá no estará del todo claro cuántos valores manejarán y tal vez operen por métodos estadísticos.
Por último, los ordenadores son digitales porque es más sencillo fabricar un ordenador que maneje una serie limitada y no ambigua de valores. Pero ello no quiere decir que no se puedan fabricar en el futuro ordenadores analógicos: los ya mencionados biológicos o cuánticos tal vez también serán analógicos.
En definitiva, los ordenadores, los cedés, Internet, etcétera, son digitales porque es más fácil fabricar máquinas que traten la información mediante bloques discretos de información, es decir, mensajes no ambiguos como abierto/cerrado, encendido y apagado, ceros y unos o, por poner un ejemplo no binario: “centro/norte/sur/este/oeste”.
En el momento actual, cualquier cosa que se pueda codificar en ceros y unos es en teoría manejable por un ordenador. Pero eso no quiere decir que no se pueda construir en el futuro un ordenador no digital, por ejemplo un ordenador biológico o cuántico. De hecho, ya se pueden construir ordenadores analógicos y, además, se construyen, lo que pasa que son demasiado grandes e imprecisos.
Eso sin contarnos a nosotros mismos, que somos más fáciles de fabricar (por medios biológicos) que cualquier ordenador, y que somos sistemas capaces de procesar información de manera analógica (o al menos eso parece).
¿Alguna conclusión?
Alguien podría preguntarme: ¿Puesto que no podemos llamarlo “mundo digital”, como lo llamamos? ¿Interactivo, informático, virtual?
No tengo una respuesta a esa pregunta, sobre todo porque me temo que no hay respuesta completamente satisfactoria. Sospecho que sucede lo mismo que con los juegos: Huizinga intentó hallar una definición de juego que englobase todos los juegos y no lo consiguió. Siempre había un juego que escapaba a su definición. Así que, la única manera de definir juego era dar una serie de características que solían tener los juegos, pero que no necesariamente tenían. Algunos juegos reunían dos o tres de estas características, otros sólo una, o más de diez.
Del mismo modo, ese mundo que pretendíamos definir tiene ciertas características: interactividad, multimedia, trasmisión veloz de la información, fácil posibilidad de almacenarla en cantidades asombrosas, uso de programas, software y algoritmos.
Pero muchas de estas características nos llaman la atención por un mero accidente histórico o tecnológico: a menudo la única relación necesaria entre ellas es que se han desarrollado en un mismo momento histórico.
Si Babbage (o antes que él Leibniz o Pascal) hubiesen adoptado el sistema binario para sus primeros calculadores, ahora tal vez no veríamos tan estrechamente ligados los ceros y los unos con los ordenadores e Internet, pues ya habríamos conocido máquinas digitales que operasen en sistemas binarios como el de nuestros modernos ordenadores. Esto nos haría ver quizá de manera más clara que lo importante no es la digitalización o el sistema binario, sino el aumento de la capacidad de procesar información.
Epílogo
Tengo la intención de escribir dos ensayos relacionados con éste: Defensa de lo analógico frente a lo digital y Analogía entre digitalizar y pensar.
En el primero espero mostrar que no hay que sublimar lo digital y menospreciar lo analógico; en el segundo, que pensar es en cierto modo digitalizar.
En ese segundo ensayo se llegará en cierto modo a una refutación de este que acabas de leer y quizá se concluya que en última instancia lo digital es más importante, pero se hará desde un punto de vista más sutil, más avanzado. Se podría aplicar aquí aquello que decía Hegel de la tésis, antítesis y síntesis: tal vez caeremos de nuevo a lo digital pero desde un punto de vista más complejo.


