"En todas las cosas, la uniformidad es un defecto. Es interesante dejar algo incompleto y por terminar; así se tendrá la sensación de que mediante esa imperfección se prolonga la vida de los seres"

                       (Kenko Yoshida, Tsurezuregusa)

 

Tsurezuregusa, de Kenko Yoshida

 

Kenko Yoshida vivió en Japón. Era un monje budista que se retiró a una cabaña hacia el año 1340 y llevó desde entonces una vida semejante a la de Montaigne cuando se retiró del mundo a los cuarenta años. En la cabaña pasó Kenko los días leyendo El libro de la almohada de Sei Shoganon, las Analectas de Confucio y muchos libros de poesía. Dejó crecer las hierbas de su jardín sin cuidarlas y escribió de vez en cuando pequeñas notas que sujetó como papelitos en las paredes de la choza. Cuando murió, un discípulo recogió los papeles (encontró 243), y con ellos compuso el libro Tsurezuregusa (Ocurrencias de un ocioso), que se considera una de las seis obras clásicas más importantes de Japón.

Leí Tsurezuregusa hace muchos años. Durante un semiencierro o retiro forzoso a causa de mi mala salud, el libro de Yoshida Kenko me dio la idea de escribir también unas ocurrencias: Ocurrencias de un enfermo, en donde iba contando las cosas que se me ocurrían en las largas tardes en la terraza de mi casa de Sambara. Ahora vuelvo a Yoshida Kenko, o Kenko Yoshida, para darle el título a este cuaderno digital: Ocurrencias de un ocioso. ¿Qué mejor definición de lo que aquí hago?

[6 de octubre de 2004]

NOTA mayo de 2006:
Ahora me doy cuenta de una coincidencia encantadora: los papelitos de Kenko Yoshida en su cabaña tienen cierta semejanza con los recuadros que sirven para enlazar estas entradas. Del mismo modo que Kenko iba poniendo papeles en la pared de su choza, yo los pongo en esta pared digital.

La primera entrada de Ocurrencias de un enfermo puede leerse en el weblog Al este del este.

 

 

Logomanía y El libro de la almohada

 

A medida que va corriendo mi pluma, me voy dando cuenta de que todo esto ya está magistralmente descrito con palabras de rancio sabor en la Historia de Genyi y en El libro de la almohada.
>Pero que no digan que no tendría que andar repitiendo lo mismo con palabras nuevas, porque si no expresara lo que aflora en mi mente, creo que se me inflamaría el vientre de irritación y de cólera. Así que prefiero dar rienda suelta a mi pluma; faena inútil y digna de lástima. >Estos papeles están destinados a la papelera y en ellos no se detendrá el ojo de nadie.

>Kenko Yoshida, Tsurezuregusa

Logomanía o logofagia, escribir por escribir, sin ningún objeto, ambición ni otro motivo que las propias ganas de escribir. Eso le pasaba a Kenko Yoshida, que escribía sus papelitos en su choza. Eso me pasa a mí.

Recuerdo que me impresionó hace más de veinte años leer algo de Ortega acerca de un filósofo alemán al que le pasaba lo mismo. Ya lo buscaré.

Los libros que menciona Yoshida son dos clásicos japoneses escritos por cortesanas: La historia de Genyi, de Murasaki Shibiku y El libro de la almohada, de Sei Shoganon.

Las dos vivieron hacia el año mil e incluso se conocieron, aunque, si recuerdo bien, no se apreciaban. La historia de Genyi se considera la primera novela de la historia, aunque yo creo que hay novelas anteriores, como El asno de oro, de Apuleyo. Incluso se podría decir que, aunque esté escrita en verso, la primera novela de la historia es precisamente la primera obra literaria de la historia: El poema de Gilgamesh, mi libro favorito. Y las obras de Homero también.

En el Libro de la almohada, Sei Shonagon describe la vida en la corte, y dice qué cosas le gustan y qué cosas no le gustan. Por ejemplo, en el capítulo Cosas deprimentes:

"Estoy escuchando absorta un relato, y de pronto alguien se entromete intentando probar que es la única persona ingeniosa de la reunión. Aborrecible persona."

"Es bastante tarde y una dama está esperando a un visitante esa noche. Como oye finalmente un golpeteo furtivo, envía a su criada a abrir el portón y espera excitada. Pero el nombre anunciado por la criada es el de alguien por quien no tiene el menor interés. De todas las cosas deprimentes, ésta es de lejos la peor"

Un libro delicioso que, como Kenko, yo también empecé a imitar en La almohadilla digital.

[Entrada publicada en Tsurezuregusa]

 

Está escrito: "Una mala acción hecha en un día de buen auspicio infaliblemente traerá consigo malos presagios. Y una obra buena realizada en un día de malos agüeros acarreará resultados favorables".
>Los buenos o malos augurios vienen determinados por los actos del hombre, no por los días.

>Kenko Yoshida, Tsurezuregusa

 

Detectives en el Japón del 1300

 

Siempre que se buscan precedentes de Sherlock Holmes, se cita a Dupin, el detective creado por Edgar Allan Poe o al célebre detective Vidoq. Algunos mencionan también el Zadig de Voltaire y algún pasaje de Las mil y una noches. Hay quien conoce incluso las historias del juez Ti de la China de la dinastía Tang (entre el 600 y el 900 de nuestra era), en las que se basó el gran sinólogo holandés Robert Van Gulik para escribir sus historias del juez Di. El Fondo de Cultura Económico publicó también unas historias chinas detectivescas de distintas épocas, algunas asombrosas.

Ahora yo he encontrado otro precedente en los Amores de un vividor, de Ijara Saikaku, libro deslumbrante más allá de toda medida, del que ya he hablado.

En Amores de un vividor, Saikaku cuenta la vida erótica de un tal Yonosuke. Cada capítulo es un año de su vida y una historia erótica. Este género de memorias, a menudo tempranas y año a año, y con fuerte contenido erótico, es casi una tradición en Japón. No sé si fue Saikaku quien lo inició (su libro se publicó en 1685). Otros ejemplos son las Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima (1949) y el delicioso Vita Sexualis (1910) de Ogai Mori.

En el libro de Saikaku, hay una prostituta que recuerda a Sherlock Holmes por su agudeza.

"Yonosuke se dirigió a una de las mujeres, la que parecía darse más aires, para preguntarle:
—Bueno; y nosotros ¿qué es lo que te parecemos?
—Me parecéis seres humanos —respondió ella.
—¡Pues no es viejo eso! —replicó Yonosuke—. Te pregunto por nuestra profesión.
—Pues viéndoos con buenos ojos, diré que sin duda sois personas que hacéis la vida sobre «tatami». Tal vez vos seáis un fabricante de pinceles. Y aquí este señor debe ser un fabricante de cajas; y este otro señor, un tejedor de fajas de vestir —respondió tras un poco de reflexión.
Pusieron los tres caras de asombro, y Yonosuke se lanzó a hablar:
—¡Pues bueno, pues bueno...! ¡Esto es extraordinario! Sólo te has equivocado en uno, que no es tejedor de fajas como tú piensas. En cuanto a los otros dos, has acertado de lleno.
Con esto la mujer se creció todavía más en su suficiencia.
—Es que la condición social de una persona, vaya como vaya vestida —disertó Yonosuke—, se trasluce por detalles, como la manufactura del espadín que lleva al cinto, y la de la arqueta de medicamentos. También un vistazo a las manos y a los pies puede ser muy revelador. En mi caso, especialmente, está a la vista que me hago acompañar de un portador de sandalias, llamado Katsunojoo de Horikawa, que no tiene par ni en toda la inmensa Kyoto. Es un criado que llama la atención de cualquiera. Pensar ligeramente de la persona que goza de tal acompañante, equivale a tener pocas luces.

Tras explicar cómo ha podido la cortesana averiguar algo que parecía tan difícil, Saikaku ofrece a los presentes una diversión que contiene otra historia detectivesca:

Y Yonosuke se alargó con la historia de la cortesana de Yoshi-wara:
—Un día cierto daimyo se llegó a escondidas, en compañía de dos amigos suyos, a ver a aquella prostituta. Los tres llevaban el mismo atuendo y, acomodados en la sala, le dijeron a la mujer:
—Ofrece la copa de "sake" al que consideres privilegiado de entre nosotros tres.
Ella no se inmutó lo más mínimo, y respondió:
—Ya que no soy una diosa para saber distinguir, tened a bien perdonarme.
>Se dirigió a la cocina y murmuró unas palabras al oído de la «kaburo». Esta entonces se apresuró a soltar algunos de los ruiseñores que allí tenían enjaulados. Los pájaros se dispersaron al punto por las diminutas colinas del jardín, alborotando y lanzando gritos que parecían llamadas de atención:
—¡Che...! ¡Che...! Los tres huéspedes se preguntaron a la vez, sobresaltados:
— ¿Qué pasa?
>Y fueron a abrir la puerta corredera para precipitarse en seguida al jardín. La mujer estaba observando cuidadosamente la situación, sin perder detalle. Y al momento ofreció la copa de «sake» al que era el verdadero daimyo. Todos sin excepción alabaron el procedimiento seguido, y después le preguntaron confidencialmente a la mujer cómo había logrado averiguarlo."'
>Ella respondió, según se cuenta:
—Aunque los tres llevabais calcetines amarillentos, de un tinte de morera, sólo uno de los tres no presentaba huellas causadas por el roce de las correíllas de las sandalias. Por ahí deduje que este señor debía ser el que no pone los pies en tierra. Por esto lo reconocí."

Por cierto, que esta historia de una mujer que tiene que distinguir entre tres hombres quién es el que manda (que está disfrazado) me suena haberla leído en otra parte, pero no consigo recordar dónde. ¿Lo recuerdas tú?

Pues dímelo.

El haiku de Cuervo

El haiku es un poema japonés que tiene tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. 17 sílabas en total. Esa brevedad obliga al poeta a una síntesis inevitable. El haiku suele captar un instante, una imagen concreta, un momento también breve que es casi una iluminación. Matsuo Basho es el poeta más conocido y reverenciado en Japón y sus haikus los más elogiados. El más famoso y citado de todos es este:

Un viejo estanque;
al zambullirse una rana,
ruido de agua.

Los haikus tienen mucha relación con el budismo zen, que influyó en la cultura japonesa y que todavía explica algunas de sus características.

El zen es la adaptación japonesa de la escuela budista china llamada Ch'an. La escuela Ch'an también influyó en las artes chinas y procede a su vez del budismo indio. Uno de los pintores más célebres chinos, que vivió hacia el siglo XIII y que anticipa tendencias que apenas se vieron en Occidente hasta el siglo XX, es Liang Kai.

 

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Retrato de un monje, por Liang Kai

 

Las obras de Liang Kai y de otros pintores chinos seguidores del budismo también influyeron en los pintores japoneses que seguían el zen. Uno de estos pintores es Miyamoto Musashi.

Musashi es más conocido como espadachín que como pintor. Fue el mejor de los espadachines de Japón y sobrevivió a cerca de 70 combates a muerte. Su libro Escritos sobre las cinco ruedas, es uno de los clásicos para cualquier arte marcial y estratégico. Un libro que incluso utilizan hoy en día los hombres de negocios. Es, por cierto, un libro extraordinario, que tal vez está en el origen de que yo mismo no haya perdido nunca un combate de pulso gitano.

Pero Musashi también manejaba el pincel con la misma habilidad que la espada, y pintaba en un estilo semejante al de Liang Kai.

En la última historieta de Craven he unido el primer haiku que compuso Matsuo Basho con dos pinturas diferentes de Musashi:

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El pájaro en la rama de Musashi

 

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El monje y los gallos de Musashi

 

La unión de las dos pinturas de Musashi y del primer haiku que escribió Basho, han dado origen, junto al cuervo de Craven, a El haiku de Cuervo:

Haiku

Haiku

 

Tony Tanitaki

Toni Takitani

 

Contar más cosas del argumento daría una idea muy equivocada acerca de esta película, que ha sido calificada como minimalista. Como tampoco creo mucho en este tipo de definiciones, no me atrevería a decir si es o no es minimalista, porque casi siempre el minimalismo lo es por contraste con eso otro que se puede llamar el barroquismo, o la abundancia, la redundancia o el adorno.

A mí, como me suele suceder, me gustan las dos cosas y también las intermedias, y creo que a menudo sus fronteras son difusas.

 

Director: Jun Ichiwara
Intérpretes:
Issey Ogata, Rie Miyazawa,
Takahuni Shinohara,Hidetoshi Nishijima

SINOPSIS
Tony Takitani es un dibujante. Él mismo cuenta su vida, dominada por la soledad hasta que conoce a Eiko.

Últimamente algunas de mis ideas acerca del cine están cambiando. Espero que para bien. Casi siempre he pensado que una película ha de ser ante todo entretenida. Pero entretenido no implica necesariamente superficial, comercial, vulgar ni ninguna de esas cosas que a veces se asocian a lo entretenido. Por otra parte, comercial no implica tampoco necesariamente que algo sea malo: Shakespeare era muy comercial.

Chesterton decía que divertido no es lo contrario de serio, sino de aburrido. Yo estoy de acuerdo. No veo ninguna razón por la que uno tenga el deber de aburrirse al ver una película o al leer un libro.

Ahora bien, eso del aburrimiento es muy subjetivo. Truffaut alababa a un crítico epatante que decía que una película ya era interesante por el mero hecho de ser mejicana. Yo pienso lo mismo del cine asiático, y probablemente también del africano (si es que he visto más de cinco películas africanas, que no sean las del norte de África).

Así que es casi imposible que una película asiática me aburra, a pesar de que son famosas por tener un ritmo más lento, cosa que quizá también habría que examinar, puesto que, en primer lugar, todas ellas están subtituladas, y una película subtitulada siempre será más lenta que una doblada, debido al esfuerzo de atención que requiere al espectador, que tiene que atender a imagen y a sonido, y al mismo tiempo leer, y al mismo tiempo no distraerse o abandonarse a la experiencia narrativa, para que no se le escapen los subtítulos o las imágenes.

Ahora bien, es posible que las películas asiáticas tengan un ritmo más lento, y también es posible que algunas duren más de lo que debieran: esta es una sensación que tengo en todas las películas, sean de donde sean: a casi todas les sobran al menos 20 minutos. Es casi imposible encontrar una película que resulte breve.

Un defecto típico de las obras de autores que están fuera de los circuitos más comerciales, por ejemplo las piezas cortas de teatro, es también ese: que las cosas se alargan. Ser breve es realmente difícil, como demuestro yo ahora mismo con toda esta digresión antes de volver a Tony Takitani.

Creo que en parte se debe a que lo breve se considera (como lo divertido o lo entretenido), poco serio. Si vamos al cine y la película dura una hora o cincuenta minutos parece como si no pudiese ser gran cosa.

Eso es un error, pues muchas de las mejores cosas son breves, como muchos de los ensayos de Montaigne, bastantes de los diálogos de Platón, casi todos los cuentos de Poe o de Bierce, algunos haikus japoneses brevísimos, o tantas canciones de tres minutos.

¿Y qué tiene que ver esto con Tony Takitani? A ver si consigo explicarlo y unir los hilos de esta disquisición.

Toni Takitani está basada en un relato de uno de los autores japoneses más famosos de la actualidad: Haruki Morakami. Yo tengo uno de sus libros La caza del carnero salvaje, pero todavía no lo he leído.

No sé si Tony Takitani es un libro o una novela, pero en la película un narrador va contando el relato como quien lee un libro y apenas de vez en cuando hay diálogos. Tal vez esos diálogos coinciden con los del relato de Haruki Morakami. No lo sé. En la película las secuencias o escenas se suceden con un fundido a tonos grises desde el lado izquierdo de la pantalla, pero la sensación es como la de una tira que corre en horizontal.

Creo que la intención del director es imitar el paso de las páginas por un lector, y es posible, pero no lo sé, que cada vez que el lado izquierdo de la pantalla funde a gris y se desplaza hacia la siguiente escena coincida con un cambio de página en el libro. No lo sé.

En principio la abundancia de voz en off no conviene a una película ('Resulta blando', brama el teórico McKee en Adaptation), pero Tony Takitani resulta hermosísima y muy intensa a pesar de que tiene muchísima voz en off.

Tal vez, es cierto, al final se hace un poco larga. Pero ya digo que eso es muy subjetivo, pues quienes vemos la película subtitulada no podemos hacer lo que nos propone el director: leer la película como si fuera una cinta o tira horizontal que contiene las escenas y que se desplaza ante nuestros ojos: nosotros, quienes no sabemos japonés, estamos obligados constantemente a romper ese hermoso deslizamiento y bajar a leer los subtítulos.

Pero, sea larga o no Tony Takitani (y es una película breve en tiempo real, por cierto), ha sido un placer verla. Y sea larga o no cualquier otra película, sucede que el cine tiene un problema que no tiene la literatura. Y a eso quería llegar.

Las películas se ven de principio a fin, ya duren una hora o tres. Las novelas y los ensayos, no. Si un escritor tuviese la obligación de conseguir que su lector leyera la obra entera de principio a fin, entonces Proust nunca habría escrito En busca del tiempo perdido, ni Cervantes Don Quijote de la Mancha, ni tantas grandes obras de la literatura o el ensayo.

Eso limita mucho al cine, porque nadie en su sano juicio puede querer ver nueve horas seguidas de cine, como se podía hacer en la última jornada del Baff con una película filipina (aunque yo he estado en maratones de 24 horas no sé cuantas horas, tal vez 24).

Naturalmente, existe la televisión, que permite fraccionar una historia y hacer series tan buenas como Retorno a Brideshead o Arriba y abajo, compuestas de horas y horas. Pero una película se tiene que ver de principio a fin. Eso parece razonable.

Pero quizá no lo sea tanto. En eso es en lo que estoy cambiando de opinión. Ahora pienso que del mismo modo que uno deja una novela al final de un capítulo, e incluso a veces en medio de un párrafo, para luego retomarlo, quizá lo mismo se podría hacer con el cine. Se me dirá: "Si eso ya se hace ahora: basta con ver las películas en la tele y parar cuando uno quiere".

Es cierto, pero también sucede que casi todas las películas vistas en la tele pierden muchísimo. Yo incluso he llegado a decir que ver una película por primera vez en televisión es como no haberla visto (quizá también acabaré cambiando de opinión en esto).

Así que, si se pudiese hacer en el cine eso que se hace en la tele, la cosa resultaría interesante y quizá se abrirían nuevas posibilidades. Pero, claro, ¿cómo vamos a parar la proyección en un cine y reanudarla cuando nos apetezca? Porque la gracia del asunto está en hacerlo cuando nos da la gana: cuando los anuncios cortan una película, casi siempre sucede cuando menos nos apetece que suceda esa interrupción.

Ahora bien, cada vez es más posible ver el cine en casa en pantallas más y más grandes, así que con el tiempo, podremos ver las películas como en un cine, pero interrumpirlas cuando queramos. Espero que eso no haga que se pierda esa otra experiencia hermosa que es estar metido en una sala de cine con un montón de desconocidos.

Cuando eso sea posible (ya lo es, aunque caro), uno podrá ver las películas como quien lee un libro: algunas nos mantendrán en vilo y en vela de principio a fin; otras, las interrumpiremos para reanudarlas más tarde.

Pero todo esto tiene también relación con otra cosa que me interesa del previsible futuro del cine, pero lo contaré otro día y así no haré esto tan largo que tenga que ser interrumpido a la mitad.

Para volver a Tony Takitani, diré que me gustó mucho no sólo por esta idea de ver una película como quien lee un cuento, sino por los extraordinarios actores, por la hermosa contención de sus gestos y por la manera sobria en que transcurre todo, a pesar de la tristeza que lo inunda todo también.

[sábado, mayo 07, 2005]

 

COMENTARIO DE ALICIA (11 de mayo de 2005)

Hola Daniel

También he visto Tony Takitani y me parece hermoso eso que cuentas sobre el movimiento de cámara como si fuera el paso de las hojas de un libro, precisamente del libro de Murakami. Me parece una interpretación preciosa. Quizá también se podría pensar que es un punto y a parte o el final de cada capítulo de la novela o de cada párrafo. Quizá y volviendo a lo que tiene que ser cine o no, puede que estemos ante un nuevo género con Tony Takitani. El audio-comic-cinético o algo así. Tiene elementos del cine, las secuencias que suceden, los actores, el paso. Pero también es un poco comic, puede ser que las páginas que pasan, precisamente por ser imágenes y no palabras, sean las páginas de un cómic.

 

Respuesta de Daniel

VIRTUALIDADES (audio-comic-cinético)

Comentario 19 de mayo de 2006

Ted Nelson, el hombre que dio nombre al hiperenlace o hipervínculo (que es la base de la interacción y la multilinealidad en Internet), tenía muy clara la relación entre los nuevos lenguajes y el cine:
"El diseño para la pequeña pantalla tiene la mayoría de las cosas en común con el diseño para la gran pantalla... Los programas interactivos necesitan los talentos de un Disney, un Griffith, un Welles, un Hitchcock, un Capra...".
En opinión de Nelson, en el futuro se hablará de "virtualidades", como designación común para programas interactivos, las películas, los programas de televisión y los programas informáticos.

 

 

Las heridas del corazón son mucho más dolorosas que las del cuerpo. Y muchas de las enfermedades corporales se originan en el espíritu. Las que nos vienen del exterior son bien pocas. Hay veces en que tomamos una medicina para sudar, pero no lo conseguimos; no obstante, basta con que sintamos miedo o vergüenza una sola vez para que nos empiece a correr el sudor. Señal de que es fruto del espíritu.

Kenko Yoshida, Tsurezuregusa

 

 

Apuntes del mundo flotante

 

La expresión “mundo flotante” se emplea en el budismo para describir el mundo en que vivimos. El mundo de las apariencias.

Se supone que el mundo real está más allá de las apariencias, tras el velo de la ilusión o mayá, pero hasta alcanzar ese verdadero mundo seguimos pasando los días en este mundo fluctuante, transitorio e impermanente.

En el budismo indio se consideraba que el mundo de la ilusión es un mundo triste, caduco y efímero, algo parecido a lo que nosotros llamamos “valle de lágrimas”. La escuela budista hinayana compara el mundo “con un montón de espuma, una burbuja, un espejismo, un sueño, un espectáculo mágico”. Algo parecido a lo que se expresa en Occidente en estos versos:

“Es el mundo efímero espectáculo
Hecho para las ilusiones de los hombres,
Con sonrisas de dicha y lágrimas de pena
Que con su brillo y su ausencia engañan
No hay nada, excepto el Cielo, verdadero".

Pero poco a poco el mundo fluctuante fue adquiriendo otras connotaciones, sobre todo en China y en Japón.

En Japón se llamó al mundo fluctuante Ukiyo ("mundo triste", de uki, pena y ansiedad), pero con el tiempo se adoptó para representar el sonido ukiyo un ideograma homónimo que significa flotante, “que aparte de la imagen geográfica del mundo, también trasmite muy adecuadamente la idea de la transitoriedad de la vida”. Hay que tener en cuenta que los japoneses viven en un mundo flotante, o que al menos parece flotar sobre las aguas.

Este curioso cambio de significado se debió a la novela de Ijara Saikaku Amores de un vividor (Kooshoku ichidai otoko) de la que ya he hablado en otras entradas.

El protagonista es un vividor y aventurero llamado Yonosuke, “que toma su nombre de una expresión abreviada por aféresis de la frase “Ukiyo no suke”, es decir “hombre del flotante mundo”.


Amores de un vividor, de Ijara Saikaku
Sobre Amores de un vividor:
weblog TSUREZUREGUSA: 23 de junio 2004

Esta entrada era la presentación de mi cuaderno digital Mundo flotante, el día 6 de septiembre de 2005.

 

Ukiyo e, imágenes del mundo flotante

En la entrada anterior he hablado de ukiyo, el mundo flotante, que fue también el nombre de uno de mis weblogs: Mundo flotante.

El mundo flotante japonés es célebre sobre todo porque es el origen del ukiyo e, las pinturas o imágenes del mundo flotante. Es decir pinturas que retratan ese mundo flotante de los placeres, el mundo mundano.

Entre esas pinturas hay cientos de maravillas, de las que intentaré hablar aquí poco a poco. Por ahora, sólo este ejemplo de Utamaro, que es una de mis pinturas favoritas de ukiyo e.

Utamaro- Mujer con espejo

 

a
Vínculo a El arte de Utamaro, ensayo de Carlos Jesús Pérez Domínguez, de donde he tomado estas imágenes.

 

 

EL ALMANAQUE DE TANIGUCHI

Almanaque de mi padre

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Viene esta entrada a cuento no de un cuento, sino de un comic, porque esta mañana, hablando con el último premio Ausias Marc de poesía, es decir, con mi padre, él me intentó llevar al cajón alternante de los que prefieren el simbolismo, la fantasía o lo la ficción al realismo y lo cotidiano. Pero yo no me dejé, porque me gustan las dos cosas. La prueba es que tuve que interrumpir la lectura de un comic japonés llamado El almanaque de mi padre, porque me puse a llorar a la cuarta página, como le sucedió a mi hijo Bruno. Es un comic sin estridencias, suave y realista.

Curiosamente, la obra no gusta a mucha gente, pero a mí me parece fantástica (por ahora al menos). Es curioso porque estas ganas de llorar me suelen venir cuando leo poesía, por ejemplo algunos poemas de Iván. Pero eso no quiere decir que sólo me haga llorar lo que tiene relación con padres e hijos, creo.

[Publicado en Turista en Madrid]

 

NADIE SABE

BAFF 2005


nadie sabe

Dir: Kore Eda
Japón, 2004
Intérpretes: Yuya Yagira, Ayu Kitaura,
Hiei Kimura, Momoko Shimizu, Hanae Jan, You.

SINOPSIS:
Cuatro niños son abandonados por su madre y tienen que sobrevivir por sí mismos.

De Kore Eda vi hace un año After Life, que me gustó muchísimo. Sé que también es discípulo suyo el actor y director de Kakuto, que también me gustó mucho, a pesar de que no obtuvo buenas críticas. Pero no conozco casi nada más de él.

Nadie sabe, de género realista, es una película muy distinta a After Life, pero igual de buena. Kore Eda rodó la película durante un año para que los niños crecieran, acabaran habituándose al rodaje y actuaran con naturalidad.

Una de las mejores cosas de la película es la comprensión hacia todos los personajes: aunque la madre abandona a los niños, no es presentada como alguien cruel o malvado, sino todo lo contrario. Y tampoco se trata de una denuncia contra la sociedad.

Es un tratamiento que habría gustado a Truffaut, quien siempre se arrepintió de no haber dado una oportunidad a los padres de Los 400 golpes.

 

El talante y Morita

En los últimos años se ha hablado mucho en España de algo llamado "talante". Hace tiempo escuché en la radio algunas burlas del dirigente de la oposición de derecha, Mariano Rajoy, acerca del asunto. Lo hizo porque el presidente socialista, Zapatero, dijo algo relacionado con el talante, con la importancia de tener un buen talante para solucionar los problemas. La réplica de Rajoy fue algo así como que ahora la moda es tener talante en vez de resolver los problemas.

Un argumento capcioso, que convierte en cosas opuestas lo que era complementario (tener talante y resolver problemas). En la Retórica de Aristóteles he encontrado esto referido al talante: "El talante personal constituye el más firme medio de persuasión". Por el contexto en el que está la frase, por talante entiende aquí Aristóteles la honradez, y considera tres causas que (al margen de los argumentos mismos) hacen persuasivos a los oradores: la sensatez, la virtud y la benevolencia.

También los japoneses consideran que la actitud o talante es el elemento que más se debe cuidar cuando se quiere resolver un problema: si se tiene buena disposición a encontrar una solución es mucho más fácil encontrarla. Si los interlocutores no desean de antemano resolver el problema, es casi imposible resolverlo.

En la interesantísima biografía del psicólogo japonés Morita se cuenta que los empresarios norteamericanos se quedaban pasmados cuando viajaban a Japón y, al iniciarse una tensa negociación, sus interlocutores japoneses se mostraban amabilísimos e incluso les daban la razón en todo. El propio autor de la biografía de Morita cuenta así su primer encuentro con un terapeuta de la escuela de Morita:

"No preocupaba a aquel terapeuta el que yo lo creyera indeciso. Después de todo, para él la madurez significaba ver los problemas desde distintas perspectivas. Su preocupación era que, de verse forzado a adoptar una posición inequívoca, ésta pudiera ser diametralmente opuesta a la mía, situación que podría suscitar un conflicto entre nosotros.
En Japón uno emplea gran número de tácticas con el fin de evitar conflictos interpersonales directos. No sostengo que tales tácticas sean siempre empleadas conscientemente. Sucede más bien que han resultado tan útiles que se las emplea habitualmente, hasta el grado de que, aun al nivel de las guías populares para viajeros, han llegado a formar parte de la descripción característica aplicada al pueblo japonés.
La táctica incluye: no comprender claramente, comunicar vagamente y de manera indirecta, evitando temas que pudieran conducir a información perturbadora, dejar de lado la información conflictiva y olvidarla. El no estar enterado de algo (o simular no estarlo) hace más fácil mantener relaciones sociales suaves y llevaderas, por lo menos a cierto nivel. Si otra persona piensa bien de mí, interpretará favorablemente los estímulos ambiguos que yo le envíe; por el contrario, si no piensa bien de mí, interpretará torcidamente aun mis más favorables comunicaciones. En consecuencia, será beneficioso para mí el cultivar relaciones armoniosas entre aquellos con quienes interactúo con alguna frecuencia."

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Shamo Morita, creador de la terapia Todo

La persona que yo conozco que mejor practica este método es Miliki, quien siempre que había que plantear un problema comenzaba contando algo muy divertido. Todos nos reíamos, nos relajábamos y entonces nos hallábamos en una disposición y con un talante adecuados para resolver el problema. Lo asombroso es que el truco funciona incluso si sabes que es un truco, incluso si te das cuenta de que esa anécdota tan divertida tiene como objetivo preparar el ambiente para plantear después un problema.

Funciona de todos modos. Incluso se podría decir que el propio Rajoy, a pesar de su fanfarronería y sofismas dialécticos, poco a poco se va contagiando de ese nuevo talante que, afortunadamente, ha sustituido, al menos por el momento, al del anterior presidente, Aznar (quien no se contagia nunca, por cierto).

 

Ono no Komachi, una poeta japonesa

 

En la literatura japonesa, especialmente en sus orígenes, hay muchas escritoras célebres. La lengua japonesa común, escrita en caracteres hiragana, se considera incluso una invención femenina. Las mujeres no tenían permitido usar los caracteres Kanji importados de China y por ello utilizaban un japonés simplificado. Los hombres sólo utilizaban el hiragana en su correspondencia amorosa con las mujeres. Pero con el tiempo, esa lengua casi secreta se convirtió en el japonés actual, en el más importante de sus cuatro silabarios: kanji, hiragana, katakana (creado por los bonzos o monjes) y roomaji (caracteres occidentales).

Las obras maestras de la época clásica están escritas por mujeres, como El libro de la almohada, de Sei Shonagon (del que ya he hablado en esta página) y El romance de Genji, de Murasaki Shikibu, que al parecer se está traduciendo íntegro por primera vez al español y que espero con impaciencia.

Ahora, en un bellísimo libro que me han regalado, Cien poetas, cien poemas (Hyakunin Isshu), he descubierto a otra escritora japonesa que parece muy interesante.

Se llama Ono no Komachi:

"Una mujer bellísima que vivió a mediados del siglo IX y que encarna todo el refinamiento y toda la melancolía de la época Heian. El poeta Ki no Tsurayuki la incluyó entre los seis mejores poetas de waka, es decir, como uno de los "seis genios" (rokkasen) de la antología Kokinshü, que contiene 18 poemas suyos.
> Según la leyenda, Ono no Komachi, hija de un oficial, había nacido en la región de Akita y fue enviada a Kioto a la edad de 13 años. Allí destacó por su belleza y por su inteligencia, llegando a ser gran dama de la Corte, quizá sirviendo al emperador Nimmei, y fue requerida por numerosos pretendientes a los que rechazó. Se cree que al final de su vida regresó a su tierra natal, donde murió, sola, pobre e ignorada, aferrada al orgullo de su belleza juvenil, "viendo caer las largas lluvias", como dice en el maravilloso poema (n.° 9) que la representa en esta antología... "

El poema de Ono no Komachi recogido en la antología:

el color de las flores
se va desvaneciendo:
así pasa mi vida, vanamente,
envuelta en tristes pensamientos
viendo caer las largas lluvias

En otra entrada hablé de los haikus (o haikai) con motivo de El haiku de Cuervo. El poema de Ono no Komachi no es un haiku, sino un tanka, que comparte con los haikus los tres primeros versos de cinco, siete y cinco sílabas, pero añade otros dos.

Existen varios retratos de Ono no Komachi:

"Varios siglos después, Eishi, el artista más aristocrático de ukiyo-e (tipo de grabado o ilustración japonesa), ilustró ese poema que aún nos sigue conmoviendo. Otro genio del grabado, Harunobu (1725-1770) recreó, en una bellísima "estampa de brocado" (nishikie) la figura legendaria de Ono no Komachi"

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Ono no Komachi en una
ilustración de Korin Ogata

 

"Ono no Komachi inspiró también algunas obras del teatro nô, cinco de las cuales son atribuidas a Kan'ami o a Zeami. La más conocida, Sotoba Komachi, de Kan'ami, narra una historia estremecedora que tiene como fondo la supuesta crueldad de Ono con sus enamorados y amantes: a uno de ellos, el capitán Shii no Shoso, conocido también como Fukakusa, le impuso como condición, para acceder a sus deseos, que pasara cien noches ante su puerta; pero el capitán, que había acudido fielmente a cada cita, murió la última noche... El triste final de Ono no Komachi, como una anciana pordiosera y vagabunda, parece marcado por ese amor frustrado, por esa historia absolutamente "romántica". Su poesía, intensa y emotiva, rica en metáforas e impregnada de un fuerte erotismo, es, tal vez, el mejor retrato de esa misteriosa mujer que, según la tradición, adoptó al final de su vida, en el templo de Onosan Myoshoji, en Hazako, el nombre budista de "Myosho"."

[José María Bermejo y Teresa Herrero, Cien poetas, cien poemas, Editorial Hiperión]

En esta maravilla que es Internet he encontrado unos cuantos poemas más de Ono no Komachi, aunque sólo están traducidos al inglés. Me gusta mucho este:

Those gifts you left
have become my enemies:
Without them there might have been
a moment's forgetting.

(Tr. Hirshfield & Aratani)

Aquí tienes dos direcciones para leer más poemas de Ono no Komachi:
Other Women Voices
Gotterdamerung

 

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Finalmente, se han publicado dos traducciones íntegras al español del Romance de Genji, las dos casi al mismo tiempo. Lo asombroso es que ninguna ha sido traducida directamente del japonés, sino a partir de otras versiones occidentales. Yo me debato entre comprar una de ellas (la de la editorial Atalanta) o seguir esperando.
(22 de mayo de 2006)

 

 

Izumi Kyoka y el mundo intermedio

 

Izumi Kyoka es un escritor japonés que vivió entre 1873 y 1939.

esteoeste

Kyoka influyó directamente en Kawabata y fue admirado por Yukio Mishima.

Kyoka tenía una interesante teoría acerca del momento que hay entre el día y la noche (y entre la noche y el día), que cuenta en su Tasogare no aji (El gusto o sabor de la media luz).

Me parece que en español no hay una palabra que sirva al mismo tiempo para el amanecer y el atardecer. En inglés se emplea twilight para el atardecer o crepúsculo y dawn para amanecer o aurora, pero creo que twiligth tiene también un sentido un poco más amplio, al poder ser traducido por "media luz" o algo parecido. Si me refiero a cómo se dice en inglés es tan sólo porque estoy leyendo el texto de Izumi en una traducción inglesa. Yo usaré "media luz" o "mundo intermedio" para referirme a lo que menciona Kyoka.

Decía Kyoka que mucha gente consideraba que era lo mismo el atardecer y el anochecer (twilight y dusk en la traducción inglesa), pero que eso era un error:

"Cuando hablamos de anochecer, la sensación del color de la noche, del color de la oscuridad es dominante. Sin embargo, atardecer no es ni el color de la noche ni el de la oscuridad. Y tampoco es una sensación de día ni de luz."

Para Kyoka, el atardecer no es día ni noche, pero tampoco una mezcla de ambos. Y lo mismo sucede con el amanecer. Ambos momentos, el que está entre la noche y el día, y el que está entre el día y la noche, tienen en común una sutileza en las sombras:

"Considero un gran error que la gente piense que no hay otros mundos que el de la noche y el día. Yo creo que hay sin duda un mundo singular, sutil e intermedio. He estado pensando que este gusto o percepción de la media luz, esta percepción del amanecer y el atardecer es algo que me gustaría mostrar al mundo."

Es decir, hay día, noche y el mundo intermedio o de la media luz.

Kyoka pensaba que esta percepción de un tercer mundo intermedio no se limitaba a añadir una tercera posibilidad a la dicotomía día/noche, sino que se aplicaba a más cosas:

"Creo que sucede algo parecido en relación con todas las cosas del universo, entre las que se hallan mundos más sutiles. Por ejemplo, la gente considera el bien y el mal de una manera semejante al día y la noche, pero entre ese bien y mal, existe un espacio más sutil que no deberíamos dejar destruir, que no debemos dejar que desaparezca. En el momentáneo espacio de moverse entre el bien y el mal, los seres humanos desarrollan singulares sentimientos y formas... He estado pensando que me gustaría mostrar con mis trabajos un mundo de singularidad intermedio, un gusto por la singularidad intermedia, que no está ni en los extremos del bien o el mal, lo correcto o lo incorrecto o el placer o el dolor".

Creo que es interesante lo que dice Kyoka, y lo es más todavía para los aficionados al mundo y a la historia japonesa, pues Kyoka vivió en la era Meiji (1868-1912), que es precisamente una época intermedia, de media luz, entre el japón feudal del Shogun y el Imperial que entonces se inició.

El Japón de la Restauración Meiji es un mundo lleno de sombras complejas y sutiles, de matices, de dudas, de cambios y de miedos, y quizá por ello fascinante. Mientras que China en esa misma época no pudo transformarse y entró en una grave crisis acosada por sus conflictos interiores y las amenazas exteriores de los países occidentales, Japón consiguió, en muy poco tiempo, convertirse en una potencia mundial, participando incluso en el saqueo y rapiña del inmenso territorio chino.

Para ello tuvo que abolir el feudalismo y la clase de los samuráis, proclamar una constitución en 1889, crear un sistema parlamentario bicameral, y al mismo tiempo divinizar al emperador, que hasta entonces era un títere en manos de los shogunes. Y crear una religión de estado basada en el antiguo shintô. Todo esto, y mucho más, fue hecho en apenas treinta años.

Cuando las sombras sutiles de ese mundo intermedio desaparecieron, tal vez hacia 1902, lo que se pudo ver fue a Japón situado en pie de igualdad con las temidas y voraces potencias occidentales:

"Se había acostumbrado a pensar en Japón como un país bárbaro, aunque sólo florecieran en él artes pacíficas. Y Occidente le concede la categoría de civilizado cuando extermina sin piedad a la población de Manchuria".

(Kakuzo Okakura, El libro del té)

Los textos de Kyoka los he tomado del libro de Gerald Figal Civilization and Monsters: Spirits of Modernity in Meiji Japan. Aunque Kyoka es considerado uno de los escritores más importantes de la literatura japonesa, creo que en español no se ha traducido ningún libro suyo, pero seguro que están a punto de aparecer varios.

 

 

EL CHICO DE ORO

  

Gracias a mi buena costumbre de guardarlo todo o casi todo, y de imprimirlo también, me he dado cuenta de que había borrado por accidente un día de este weblog: el 16 de mayo.

  En ese día se habla del chico de oro, de Kintaro Oe, un anime que me encanta (no sólo a mí: también a Ana y a Bruno, aunque Bruno prefiere Chobbits, que es también delicioso). Así que he recuperado ese día perdido y lo he vuelto a pegar. Aprovecharé para hablar un poco del chico de oro, de Kintaro.

aKintaro Oe, el chico de oro

 

mangas: como los comics occidentales, pero hecho en Japón o al estilo japonés

anime: los dibujos animados japoneses

hentai: erótico o porno

otakus: fans de los manga, anime, hentai...          

 

Enlaces a páginas acerca del chico de oro:

The official Golden Boy Fanlist

The Golden Boy Chasing America

{Espero que a mi cibernauta de Japón le guste el chico de oro}         

   Kintaro es un muchacho de 25 años que recorre Japón en su bicicleta, con el propósito de aprender. De aprender de todo: un día está en una empresa de ordenadores, otro en un monasterio zen, otro en un restaurante.

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Kintaro apuntando en su libreta lo que ha aprendido en la campaña electoral   

 

Como suele suceder en los mangas y anime, hay también muchas chicas impresionantes (en todos los sentidos). En cada capítulo, Kintaro encuentra nuevas chicas y aprende nuevas cosas.

Kintaro Oe      

Dos chicas manejando a Kintaro en la portada de una revista    

 

Resulta que el lema de Kintaro es "Aprendo, aprendo" o "Vivir es aprender", que es uno de mis lemas favoritos, y en cierto modo lo que yo creo que da sentido a la vida (si es que la vida ha de tener algún sentido, claro). Aprender y disfrutar.

 

[El etólogo Konrad Lorenz opina lo mismo que Kintaro en un libro-entrevista que me gustó mucho y que también recomiendo: Vivir es aprender]

    Otro de mis lemas o frases predilectos es también Sapere aude (atrévete a saber), que significa eso y algo más, pero no es este el lugar o el momento para explicarlo.

[12 de junio de 2003]

 

Desde Cádiz, un poema


El poema es una vieja canci ón japonesa que cita Tanizaki en su Elogio de la sombra:

Ramajes
reunídlos y anudádlos
una choza
desatádlos
la llanura de nuevo

[Cádiz, 26 de diciembre de 2004]

Comentarios

frío y nieve
en las calles de León
bello caos

Proserpina

frío y nieve
en las calles de León
bello caos

Proserpina

frío y nieve
en las calles de León
bello caos

Proserpina

Hermoso haiku proserpina, aunque me lo has enviado por triplicado como si hubieses usado papel carbón cibernético

PLACERES SOLITARIOS

 

No sé si has visto que en El espejo he puesto un fragmento de un poema de Tachibana Akemi. Es el último verso de un hermoso poema que se puede leer en Silencioso Tao, de Raymond Smullyan y que copio entero aquí:

Es un placer
Cuando desplegando una hoja de papel
Cojo el pincel
Y escribo con más habilidad
De la que esperaba

Es un placer
Cuando tras cien días
Retorciendo mis palabras
Sin éxito, de repente
Surge un bello poema

Es un placer
Cuando, sin ayudas,
Puedo comprender
El significado de un volumen
Que se considera muy denso

Es un placer
Cuando, algo muy infrecuente,
Tenemos pescado para la cena
Y mis hijos gritan gozosos
"¡Yum-yum!" mientras lo engullen

Es un placer
Cuando, en un libro que examino al azar,
Encuentro un personaje que es como yo.

 

Toma en tus manos un pincel y te sentirás dispuesto a escribir; si tomas un instrumento de música desearás interpretar una melodía; si tienes en tus manos una copa, te sentirás atraído por el vino, y si tienes un dado te sentirás dispuesto para el juego. Los sentimientos del corazón surgen al tener contacto con las cosas.

(Tsuresureguza, Kenko Yoshida)

 

AMORES DE UN VIVIDOR

Uno de los escritores japoneses que más me gustan es Saikaku Ihara. O Ijara Saikaku, porque las grafías e incluso el orden de los nombres orientales a menudo varían. También sucede con los nombres húngaros, por cierto, pues al parecer no hay que decir Bela Bartok, sino Bartok Bela.

De Saikaku leí hace años CInco amantes apasionadas. Y poco después compré Hombre lascivo y sin linaje, en la misma editorial, Hiperion, pero con distinto traductor.

Resulta que Saikaku vivió hacia 1600 y el lenguaje japonés ha evolucionado mucho desde entonces. Incluso a los japoneses actuales les resulta muy difícil leer autores de esa época y particularmente a Saikaku, quien ha sido comparado con Quevedo y con escritores barrocos. El traductor de Hiperión intentó la dificilísima tarea de traducir Hombre lascivo y sin linaje respetando la manera original de Saikaku. Pero, claro, eso es imposible y lo más semejante es traducirlo como si todavía hablásemos a la manera de un barroco del siglo XVII. Creo que el esfuerzo tiene mérito y que la traducción es desde el punto de vista estilístico asombrosa, pero resulta muy difícil leerlo. La construcción de la frase y el uso de palabras en desuso acaba fatigando. O al menos a mí.

Ahora ha salido una nueva traducción, esta vez de Fernando Rodríguez Izquierdo en Alfaguara y es un placer leerla. No sé cuál será más fiel a Saikaku, pero yo prefiero esta.

aLa edición de Alfaguara

Curiosamente, Antonio Cabezas dedicaba su traducción a Fernando Rodríguez Izquierdo y éste se hace eco ahora de aquella dedicatoria, que juzga inmerecida y elogia el trabajo de su colega.

Para mostrar la dificultad de la tarea, se pueden comparar estos dos párrafos de uno y otro traductor, no para observar el estilo, que también, sino para mostrar que llegan a contar cosas diferentes:

"Sea de ello lo que fuere y estando lamentándose de que el paje que le acompañaba se le huniera desteñido el bigote postizo, sucedió que cierto hombre que vivía recluido en aquel caserío salió y se puso detrás con su paraguas, abierto de forma que resguardara con él a Ionosuke"

(Antonio Cabezas García)

 

"Y cuando se lamentaba a gritos, como el criado de la leyenda, por la caída de sus barbas pintadas, apareció un hombre, habitante de algún poblado cercano, por aquellos parajes tan retirados del mundo. Había seguido los pasos de Yonosuke y ahora, poniéndose a su lado, lo cubrió con su paraguas".

(Fernando Rodríguez Izquierdo)

 

Como se ve, en una traducción Ionosuke va con un criado, mientras que en la otra el criado no existe, sino como comparación: según el traductor se refiere a un criado que se pintó barbas para darse importancia y se le borraron con la lluvia.

Yo, por supuesto, no puedo saber quién tiene razón.

[23 de junio de 2004

]

 



KAKUTO, de Iseya Yusuke


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Suele ser inevitable que si una película la dirige un joven que, además de actor, es modelo y muy guapo las críticas adopten desde el principio un tono paternalista y se trate al recién llegado como a un intruso. Si la película trata de jóvenes que se divierten por el día y por la noche, que consumen drogas, que practican sexo, etcétera, parece imposible que los críticos no digan que el argumento es trivial o estúpido.

Para que se entienda a qué me refiero, reproduzco aquí la crítica de Jordi Picatoste:

"En un mundo en el que gran parte de la población se posiciona en contra de la globalización, hay un concepto que, se quiera o no, parece incontrolable en su expansión a escala mundial (y apostaría que interplanetaria también): la estupidez. Ya no hay motivo para irritarse porque innumerables producciones estadounidenses nos invadan con adolescentes descerebrados. Ya es tarde: la fiebre se ha expandido a otros países. El cine español ya ha producido, incluso, alguna nimiedad del estilo (Gente pez y alguna más cuyo título no recuerdo). Claro que Kakuto, al venir de una cultura como la japonesa es diferente. Pero una vez vista, el regusto que queda es el mismo: mixtura de géneros (comedia y thriller) en el que los protagonistas, jóvenes de vida desordenada y relacionados con actividades ilegales de la mafia nipona, se entregan a un frenesí nocturno en busca de la droga perdida. Todo con exasperantes toques modernillos (cámara nerviosa principalmente) para enganchar, me imagino, a cierta audiencia, aunque no sé a cuál ya que relacionar ese estilo con el público adolescente suena a tópico. Y cómo no, planos gamberros como ese precioso plano detalle de unas manos en cuenco, que no recogen agua bendita sino el vómito de uno de los protagonistas. Entre tanta tontería, y aquí radica la diferencia antes comentada, Yusuke Iseya quiere dotar a la película de una importancia que, evidentemente, no tiene y en algún pasaje se recrea en lo que tendría que ser un doloroso retrato generacional. Y no es doloroso, sino insoportable, con diálogos de perogrullo mal insertados dentro de una película que no merece ni cinco minutos de atención.

(Jordi Picatoste)

Es curioso porque a nadie se le ocurre decir cuando  hace la crítica de un western de Howard Haws, de John Ford o de quien sea, que trata de una pandilla de asesinos y que son a cada cual peor y más descerebrado, que sólo saben recurrir a la violencia para solucionar sus problemas, y que la película está llena de efectistas tiroteos y duelos, diálogos machistas y simplones acerca del honor y ambiciones que se resumen en tener 200 o 300 cabezas de ganado y matar al sherif. Pero con un joven director, modelo y guapo la carnaza está servida.

No es la única crítica que he leído en este tono de pretenciosidad elocuente, de dar lecciones al mundo, de mostrar lo tontos que son todos los demás: "estupidez a escala interplanetaria" dice ya sin freno el crítico en su afán por cargarse lo que sea como sea. Pero bueno, es lo que suele suceder. La reacción previsible.

Las críticas españolas son unánimes, otras en inglés elogian la película, pero se pasan cuatro o cinco párrafos justificándose porque les haya gustado. Que es precisamente lo que parece que estoy haciendo yo ahora.

Me gustó muchísimo Kakuto. Junto a Last life in the Universe es la que me ha resultado más intensa de todo el Baff. Me interesaba la historia, me interesaban los personajes, me gustaba el humor, me parecían fantásticas las escenas de acción, me parecían justificados los movimientos de cámara en función de lo que se estaba contando. Y me parece que atrapa eso que quiere atrapar: la energía, la inseguridad, la atracción, el deseo, la prisa, el miedo, la velocidad, las ganas de probar cosas nuevas, la belleza, el riesgo y todas esas emociones básicas que se asocian a la juventud y que forman parte de las grandes obras de la literatura, del arte y del cine. Así que me he permitido por esta vez ser un poco rimbombante a la manera de Ángel Fernández Santos en sus críticas de El País, pero es la mejor manera de describir esta película.

Kakuto quieree decir "El iluminado" o "El despierto" y sin duda tiene algo que ver con Buda, que quiere decir lo mismo. Pero el carácter kanji de kakuto parece tener un doble sentido, refiriéndose también a ciudad iluminada o ciudad que se despierta.

Kakuto es la primera película del director, Iseya Yusuke, quien tuvo la ayuda de un mito del cine japonés, el director Kore-Eda Horokazu (Maboroshi, After Life). Yo no sé si el prestigio que tiene está justificado porque no he visto ninguna de sus películas, creo.

El protagonista de Kakuto es Ryo (Iseya Yasuke) está celebrando su 21 cumpleaños con su amigo de la Universidad Makoto y su amigo de la infancia Naoishi.

koto, Ryo, Naoishi

Ryo decide visitar a un conocido que trabaja para un yakuza (mafia japonesa) para conseguir droga y entonces se inicia todo un enredo terrible, en el que también están implicados otros personajes que se van cruzando y descruzando durante la larga noche. El ritmo y la velocidad de los acontecimientos va aumentado hasta llegar casi al paroxismo, pero, en mi opinión, no de manera torpe y caótica, sino perfectamente medida.

Es difícil contar más cosas de la película, porque lo impresionante es como te atrapa esa vida que estalla, siempre y cuando estés dispuesto a dejarte atrapar. No hace falta haber vivido situaciones semejantes para experimentarlo: como dije antes no sé por que es perfectamente posible identificarse con unos brutos del salvaje oeste y no puede uno sentir una mínima afinidad con unos jóvenes japoneses del siglo XXI.

[ 26 de mayo de 2004]

 

NOTA 2005
He visto After Life y me ha parecido extraordinaria.

 

 

BIG IN JAPAN

 

Una página fantástica con breves biografías de personajes y cosas japonesas:

Big in Japan

Por cierto, cualquier duda relacionada con mangas (comic japonés) o anime (animación japonesa) podéis preguntársela a Bruno Tubau, el autor de Centésimo , que últimamente está volcado en Japón. Por cierto, ¿para cuando un centésimo japonés?

Asano

En BIG IN JAPAN, puedes encontrar una biografía de Tadanobu Asano, uno de los más famosos actores japoneses.

[Publicado en Circolo dei Forestiere]

 

SUEHIRO MARUO Y LUNATIC LOVER'S

 

Suehiro Maruo es un guionista y dibujante de comic japonés. Acabo de leer varias historias cortas suyas editadas en el volumen Lunatic Lovers. Sé muy poco de Maruo, excepto que su obra más conocida es La sonrisa del vampiro. Sus historias, pero especialmente la primera, me han recordado el Poema a fumetti de Dino Buzzati. Avanzo aquí la suposición de que Buzatti ha sido una de las influencias de Maruo, pero tal vez se trate de una semejanza casual. No digo lo de Buzatti para rebajar el mérito increíble de Maruo, sino todo lo contrario.

  Creo que una de las cosas que hacen grande al manga (comic) y al anime (animación) japonés es precisamente lo abiertos que están sus autores a influencias de cualquier tipo. Incluso me ha parecido detectar el estilo de Muñoz y Sampayo (los autores de Alack Sinner) en uno de los cortos de Animatrix.  Lo que hace especial al comic japonés es que ellos copian de aquí y de allá sin ningún prejuicio y a mansalva, lo que hace sus obras muy originales.

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La primera historia de Lunatic Lovers es Hôrichi el desorejado. Está basada en un cuento de Lafcadio Hearn, un interesantísimo autor del que hablaré pronto. Esta adaptación de Horichi el desorejado es lo que más me ha recordado a Buzzati. Hay algo en la manera de contar de Maruo, de la sugerencia y densidad de sus dibujos a pesar de su trazo claro y bien definido, de la brusquedad con la que a veces se desarrolla la historia, que te hace sentir que estás casi recordando un sueño o presenciando escenas como iluminadas por un flash, con imprecisiones, fragmentos que parecen incoherentes pero que no lo son después, una sensación de alucinación muy vívida. Me gusta.

[lunes 2 de febrero de 2004 angkor bit ]

 

AFTER LIFE    [Wandafuru Raifu]

Hirokazu Kode-Eda

Oí hablar de esta película en el Baff, cuando vi Kakuto, pues el director y protagonista de Kakuto, Iseya Yusuke, trabajó como actor con Kore Eda. Aquí tiene un papel breve pero interesante. Kore-Eda es precisamente el productor de Kakuto.

Ayer tuve la suerte de ver una de sus películas, After Life en La Casa Encendida, en un ciclo de cine asiático.

Emmanuel Swedenborg, un místico y filósofo sueco decía que cuando morimos al principio no nos damos cuenta de que ya no estamos vivos y que pasamos unos días en una especie de limbo parecido al mundo real. Después nos muestran el Infierno y el Cielo y nos dan a elegir a qué lugar queremos ir. Parecería que todos elegirán el cielo, pero al parecer son muchos los que prefieren el Infierno, tal vez porque, como dice el tango, allá está la gente divertida.

Kore-Eda propone algo parecido. Los muertos llegan a un edificio no muy diferente de una gran escuela casi abandonada y allí son recibidos por unos funcionarios que les dicen que tienen que elegir entre sus recuerdos aquel que prefieran conservar para siempre.

La cosa resulta difícil, y no cuento más de la película, pero a mí me sucedió al verla que me puse a pensar sin poder evitarlo en qué recuerdo elegiría de mi vida.

Una vez mi amiga Natalia dijo que al ver una buena película pones en marcha tu mente. Yo discutí que fuese un proceso consciente o en primer plano, pero lo cierto es que ella tenía razón. A menudo ese pensamiento te ocupa de una manera absolutamente consciente y no puedes librarte de él. Eso me pasó en La caja china, por ejemplo.

En After Life, el run run de mi pensamiento en paralelo buscando recuerdos fue constante y aumentaba a medida que la película avanzaba.

Fueron pasando por mi cabeza muchos recuerdos, algunos muy sencillos. Estuve tentado de quedarme con el recuerdo de un paseo en bici por Irlanda. Y con muchos momentos de amor, pero, curiosamente, no con momentos de sexo puro.

El momento de una conversación caminando de noche en la ciudad, momentos en una discoteca casi vacía, antes de que empiece a llegar la gente y pensando que la vida es maravillosa, un paseo con mi madre de niño, en el que yo le acariciaba fascinado el codo.

Muchos de esos momentos se sitúan en mi adolescencia, pero otros son muy recientes. Llegué a la conclusión de que estaba muy satisfecho de mi vida, de la manera en que he vivido, y que me resultaría muy difícil elegir. Pero es posible que olvide algún momento definitivo.

Uno casi imbatible es una noche en la que iba a salir, me peiné, me pinté los ojos, me vestí muy elegante, de negro, como casi siempre, y con la chaqueta al hombro bajé corriendo las escaleras, deseando meterme en la noche, feliz y voraz. Ese momento bajando las escaleras y saliendo a la noche de verano.

No hace falta decir que After Life me gustó muchísimo: cuando una película te provoca pensamientos tan deliciosos, ¿cómo no te va a gustar?

[2004]

 

ANIME CLASSICS 1 en el Baff 2004

 

En el festival de cine asiático Baff tuvieron lugar seis sesiones dedicadas a los clásicos del anime japonés. Era una oportunidad única, puesto que se proyectaban películas que no suelen verse ni siquiera en Japón. Todas ellas eran anteriores a 1945.

ANIME CLASSIC 1 1924-1928

Anime es la palabra japonesa para denominar los dibujos animados. Es una de esas cosas paradójicas del lenguaje, puesto que anime no es una palabra japonesa, ni siquiera anglosajona (animation/anime) sino, según parece, francesa: dessin animé (dibujo animado). Y sin embargo, ahora, decir anime suena inevitablemente a japonés, a dibujos animados japoneses.

En el ciclo Anime Classics, dividido en seis sesiones, se proyectaron algunos de los primeros dibujos animados que se conservan. Era una ocasión única, porque muchos de estos animes ni siquiera se han podido ver en japón en las últimas décadas.

Aunque los primeros animes que se conservan son de 1924, se sabe que ya había en 1917. Se considera que el primer anime fue creado por Oten Shimokawa, quien dibujó la aventura Mukuzo Imokawa el portero, pintando directamente con tinta negra sobre el celuloide.

En los siguientes meses, de 1917, Imokawa hizo más cortometrajes, todos de cinco minutos de duración. Al mismo tiempo, Seitaro Kitayama hizo las primeras adaptaciones animadas de cuentos tradicionales japoneses, como el protagonizado por Momotaro, del que hablaré en detalle más adelante.

En 1924 varios animadores crearon estudios de animación caseros y Sanae Yamamoto creó un célebre anime Obasuteyama (La montaña en la que las ancianas son abandonadas) que se considera el más viejo anime conservado.

No se proyectó esa obra en el Baff. pero sí varias de ese mismo año, como Usagi to kame (La liebre y la tortuga) que es el célebre cuento de la carrera entre la liebre y la tortuga.

En estas piezas cortas (la más larga dura 16 minutos) se puede ver cómo evoluciona la técnica y como las primeras obras, de movimientos un poco torpes se van refinando y se logra poco a poco una animación más continua. Incluso se ve claramente que muchas de estas obras consistían en un fondo opaisaje fijo sobre el que se desplazan muñecos hechos de piezas sueltas (cabeza, pies, brazos y piernas). Lo que se hace es mover las piezas y grabar las distintas posiciones. Naturalmente hay varias caras y cuerpos diferentes para cada personaje: mirando a un lado, al otro, escorzos diversos, de frente y de espaldas.

Creo que de todas las piezas, la que más me gustó fue Bunbukuchagama (La tetera Bunbuku), que trata de un campesino que salva a una especie de ardilla de una trampa y luego la ardilla se mete dentro de una tetera y hace todo tipo de diabluras.

En La aventura de Shou (Souchan no boken) se ven camellos y está claro que este animal es tan exótico en Europa o Estados Unidos como en Japón.

En estos primeros animes aparecen dos personajes que se repetirán una y otra vez en la historia del anime y del manga: Songoku y  Momotaro.

Songoku, conocido hoy por ser el protagonista de Bola de dragón, es un personaje de una de las más famosas aventuras chinas: El viaje al Oeste del Rey Mono, escrita por el sacerdote budista Wu Cheng en el siglo XVI y que ahora está publicando la editorial Siruela en versión íntegra (cientos o miles de páginas).

Momotaro, el protagonista de Nihonichi no momotaro (momotaro es el mejor) y de otras historias, y que volverá a aparecer en las sesiones de anime classics es un héroe japonés equivalente a Juan Sinmiedo o Juan Matagigantes. En el cuento tradicional se cuenta que una pareja de ancianos no podía tener hijos y que un día encontraron un melocotón muy grande. Dentro del melocotón había un niño, al que llamaron Momotaro, porque momo significa melocotón y taro "niño". Pero Momotaro es, al parecer, casi una denominación para el tipo de héroe ideal y por eso muchos animes lo tienen como protagonista, aunque ya no tengan nada que ver con el cuento original.

 

ANIME CLASSICS 2

Otros 11 cortometrajes de animación. Con un dibujo mucho más cuidado que en la sesión anterior y una animación muy mejorada.

Varios parecen basarse en cuentos tradicionales japoneses o extranjeros, como el segundo (El abuelo que hacía florecer las flores), en el que una pareja de ancianos encuentra un tesoro gracias a su perro y después el vecino envidioso quiere encontrar otro tesoro usando al perro, pero el perro no encuentra nada bueno para el vecino y al final el vecino mata al perro.

Después, el anciano compite con el vecino ante el emperador haciendo magias diversas. El viejecillo consigue que florezcan almendros lanzando algo así como copos de nieve, mientras que el vecino sólo consigue llenarlo todo de ceniza. Era, por cierto, muy bonita esta parte, con la ceniza del vecino cubriéndolo todo, y que parecía hecha con algún método de rascado de tinta seca: por ejemplo, rascando un cepillo de dientes lleno de tinta y lanzándola sobre el lienzo.

Otro cuento también me suena mucho: Kobu Tori, en el que un personaje tiene una especie de malformación congénita, un carrillo hinchado y colgante. Y una noche encuentra a los genios o demonios del bosque y baila para ellos y les complace y divierte con todas sus guasas y los demonios estiran y estiran de su carrillo y le quitan la malformación.

Como en el caso del viejecillo y su vecino, la estructura es la misma: ahora será un amigo el que querrá buscar a los genios para que le quiten el carrillo hinchado (quizá sean parientes o vivan en un pueblo muy endogámico). Encuentra a los genios, pero baila fatal, causa todo tipo de desastres e incluso intenta robar la poción mágica, así que los genios le castigan y no sólo le dejan su carrillo hinchado, sino que le añaden el que le quitaron a su amigo (lanzándoselo como una pelota que se le queda pegada en la cara).

Me pareció muy divertido el de las Olimpiadas animales (Doubutsu olympic taikai), en el que los animales compiten en diversas pruebas. Por ejemplo, un cerdo contra un mono.

En esta y en otras historias protagonizadas por animales de estos animes se ven bastantes coincidencias en los estereotipos animales: los monos son simpáticos, atrevidos, casi siempre amigos del héroe, traviesos y a veces sinvergüenzas; los perros son fieles, los cerdos tontos o malos, como en el anime del viaje en tren, donde un millonario maleducado es un cerdo.

La aventura aérea de Momotaro (Sora no momotaro), debe esconder cierto simbolismo bélico.

Baff

Momotaro, el héroe tradicional
nacido de un melocotón, ahora
en aventuras aéreas

Seguramente cada animal representa a un lugar. Los héroes se tienen que enfrentar a un águila maligna que tiene toda la pinta de representar al águila estadounidense. Las focas isleñas atacadas parecer representar las islas del Pacífico, océano por cuyo control competían Estados Unidos y Japón. La ballena que parece medio aliada con los héroes ha de ser sin duda China.

Hay que tener en cuenta que en esa época Japón había logrado ocupar un puesto entre las grandes potencias mundiales, sorprendiendo al mundo entero con su victoria aplastante en la guerra ruso-japonesa de 1905. Se empezó entonces a hablar del peligro japonés (un peligro amarillo, como después lo sería el chino). En este anime se ve claramente que también los japoneses hablaban del peligro (no sé si lo llamarían blanco, rosa o gaijin (extranjero), representado por los estadounidenses: águilas rapaces que se querían apoderar de las islas del Pacífico y de los países del sudeste asiático.

Curiosamente, hace unos días leí un famoso artículo escrito por William James hacia 1910: El equivalente moral de la guerra, en el que se menciona un libro de un general norteamericano en el que plantea un enfrentamiento Japón/EEUU:

"El general Lea hace una detallada comparación de la fuerza militar que tenemos actualmente opuesta a la fuerza de Japón, y concluye que las Islas, Alaska, Oregón y el sur de California caerían sin apenas resistencia, que San Francisco habría de rendirse en quince días ante un cerco japonés, y que en tres o cuatro meses la guerra terminaría, y nuestra República, incapaz de recuperar lo que con descuido no protegió, se desintegraría entonces, hasta que algún César se planteara volver a unirnos como nación."

Este planteamiento o es algo que ahora nos parece un argumento de ciencia ficción poco creible (de ciencia ficción retrospectiva o ucronía), pero está claro que entonces era una posibilidad real: Japón se hizo en 1937 con el control de toda China y hundió la mitad de la flota estadounidense en Pearl Harbor (ya hablaré de un anime en el que se cuenta este suceso).

En algunas de estos cortometrajes, al mismo tiempo que se proyectaba la película se ponía un disco, haciéndolo coincidir con la acción. Aquí están tambien los primeros karaokes de los que yo tengo noticia: la letra de la canción aparece impresa junto a las imágenes.

Hay que tener en cuenta que también sonaba el disco, por lo que todo el cine debía cantar al unísono. Incluso, en una de las piezas, una bolita va señalando los caracteres en el momento adecuado, para ayudar a los cantantes, como en los karaokes modernos.

Así que, al parecer, el karaoke no es un invento tan moderno (se dice que se inventó en los años 70 en Köbe por un tal Daisuke Inoe) y que los japoneses ya eran aficionados a él en los años 20 o 30. Supongo que también en Estados Unidos y Europa existirían por la época cosas similares. No lo sé. Intentaré averiguarlo, aunque el karaoke siempre se ha considerado, al menos en España, un invento típicamente japonés.

Baff

Uno de los animes sonoros

 

Por cierto ahora hay una cosa nueva que es como el karaoke pero interpretando toda una película. El aficionado a este entretenimiento interpreta toda la película, con movimientos, diálogos y efectos sonoros incluidos. A veces son dos o más personas a la vez. Supongo que pronto llegará a España.

También se ven en estos animes temas cómicos universales, como la cáscara de plátano en la que se resbala un personaje.

Aunque en muchas de las historias los personajes, hombres o animales, visten al estilo occidental, no recuerdo ninguna que trascurra en algo parecido a Europa o Estados Unidos. Sin embargo, como ya dije en lo referido a Anime Classics 1, también para los japoneses, como para nosotros y los americanos, África es el lugar de la fantasía y la aventura. También aquí los negros que habitan áfrica son presentados como salvajes e ingénuos. Sorprende que no haya, sin embargo, referencias  a la India, que es la tierra del misterio y la magia también para los japoneses (e incluso para los chinos).

Comentarios

Kyoka y el casamiento

Hace unos días comparaba a Steven Pinker y William James en relación al tema del adulterio y la fidelidad. Kyoka, en un texto escrito probablemente a finales del siglo XIX o principios del XX, también resultaba (como James) más progresista que el rancio pensamiento actual:

"Suicidio de amantes, fuga de amantes, expulsión del hogar paterno, son todas expresiones del amor; habría que considerarlas venturosas y dignas de felicitación y regocijo para sus protagonistas. Pero, para la sociedad, son tan sólo hechos lamentables. El casamiento tiene lugar sólo por la ceremonia, por la expresión escrita, no porque haya amor. Se encuentran el varón y la mujer, y elevan sus copitas, sólo eso. Si la persona todavía no se ha casado, tiene libertad en el amor.
Reza el refrán "En el amor no hay jerarquías". No obstante, si alguien ama a alguien, otro sentenciará que eso está mal. Una vez que se casa, la mujer no es ya una dama sino un tipo dentro del género femenino, llamado esposa. Otros ya no podrán amarla, no porque no puedan sino porque la sociedad no lo permite. Se le imposibilita a ella amar. Vale decir que el casamiento reconocido por la sociedad es una penalidad cruel, perversa, que somete al amor y la mujer. Lo aplasta y quita libertad.

"Siempre se ha dicho que una mujer hermosa tiene vida desdichada: lo que sucede es que la sociedad la condiciona de ese modo. Si no existiera eso que designan como casamiento, ¿qué mujer bella tendría una vida desdichada? ¿Acaso luchas, pérdidas, desilusiones, suicidios, padecimientos, todas estas palabras terribles no son consecuencias del casamiento?

"Repito: lo que nosotros, los seres humanos, llamamos Amor que sustenta la vida no es algo que pueda lograrse con el matrimonio. Los seres humanos hacen de la muerte un dolor absoluto. Y así como no se debe morir contento por la patria, lo mismo sucede con el casamiento. Tantos inocentes no deberían, cumpliendo esta ceremonia de celebración, sacrificar su vida por la sociedad"

Enlace a la comparación entre Pinker y William James:
1

El texto de Izumi Kyoka lo he encontrado en Hotel Celine

[martes 18 de abril de 2006]

 

Está escrito: "Una mala acción hecha en un día de buen auspicio infaliblemente traerá consigo malos presagios. Y una obra buena realizada en un día de malos agüeros acarreará resultados favorables".
Los buenos o malos augurios vienen determinados por los actos del hombre, no por los días.

Kenko Yoshida, Tsurezuregusa

 

 

 

Hana y la verdad verosímil

Estos días he estado en el Festival de Cine de las Palmas de Gran Canaria y he podido ver la filmografía completa de el director japonés Hirozaku Kore Eda, además de su última película, Hana. He escrito algo sobre la película que tiene relación con lo que se dice en el capítulo La verdad verosímil de Las paradojas del guionista:

"Realidad y verosimilitud no siempre coinciden, a veces la realidad no es verosímil y a veces lo verosímil no es real"

Lo que The Host, del coreano Joon Bong-Ho es al cine de monstruos, Hana lo es al cine de samuráis. La semejanza entre estas dos películas tiene que ver con la verosimilitud, pero también con la verdad.

Pocas cosas son más difíciles de entender que lo verosímil. Como se puede ver en el capítulo Realidad y ficción, la realidad y lo verosímil no siempre coinciden, y cosas muy verosímiles en la ficción pueden no suceder nunca en la realidad, y a la inversa. 

The Host y Hana tienen que ver con  la verosimilitud porque todo lo que vemos nos parece posible, no hay nada ante lo que digamos, "esto no podría suceder". Es una verosimilitud no sólo relacionada con las leyes del relato, sino con las de la realidad.

En The Host, por supuesto, hay algo inverosímil: el monstruo mutante. Pero, una vez aceptado el monstruo, todo lo demás es razonable. En Hana ni siquiera tenemos que aceptar un monstruo. Tan sólo hay samuráis.

hana kore eda

Todos sabemos que los samuráis existieron, por supuesto, pero estamos acostumbrados a pensar en ellos como en personajes semejantes a los caballeros de la tabla redonda, como los héroes de las leyendas artúricas. Sin embargo, los samuráis de Hana se comportan como los protagonistas de The host, es decir, como personas normales. Por ejemplo, como personas que actúan como estereotipados samuráis; es decir, haciendo el ridículo, porque la casta de los samuráis era una casta ridícula. Lo era no sólo en las épocas de decadencia, como esta época Edo de Hana, en la que ya no hay conflictos en los que los guerreros puedan hacer valer su dominio de las artes de matar, sino en cualquier época. Lo que pasa es que lo ridículo, sobre todo en el mundo militar, se confunde a menudo con lo sublime.

Se puede sentir afición por las historias de samuráis o por muchas ideas del zen, como quien siente interés por los piratas o por el satanismo, pero otra cosa muy distinta es creer que se puede ser pirata o satanista sin crueldad, o pensar que los samuráis no eran otra cosa que extorsionadores de campesinos y sostenedores del despotismo. O ignorar que el zen es una variante del budismo dhyana indio y del chan chino, adaptado y en parte construido a la medida de los intereses militaristas de Japón.

hana kore eda

El cine de vaqueros en el que los soldados del Séptimo de Caballería eran héroes que se enfrentaban a los malvados pieles rojas, acabó desapareciendo y películas como Soldado azul empezaron a mostrar historias menos verosímiles para quienes se habían acostumbrado a los tópicos, pero más cercanas a la verdad histórica. Poco a poco los niños empezaron a preferir "hacer de indio" que de "vaquero". Esto todavía no ha sucedido con los samuráis. En la imagen se puede ver la batalla de Little Big Horn, en la que murió el general Custer, que pasó de ser un soldado épico a convertirse en un asesino cruel y bastante ridículo, algo, según parece, más cercano a la realidad.

 

Hana hace lo que no suelen hacer las películas de samuráis, porque muestra lo que eran: una casta guerrera, mitad mafiosa mitad fascista, amantes fanatizados de la muerte y de la fidelidad al señor o daimyo

Por eso, la verosimilitud de Hana, que nos muestra lo rancio, lo grotesco y lo inhumano de la vida de los samuráis tiene también que ver con la verdad, o al menos con la huída de la mistificación. Eso puede hacer que muchos aficionados al mundo de los samuráis consideren Hana poco verosímil, precisamente porque las cosas no suceden como en esa falsa verosimilitud a la que nos hemos acostumbrado. También la verosimilitud de los caballeros andantes del ciclo artúrico quedó tocada cuando Cervantes escribió Don Quijote de La Mancha.

 

Verosimilitud y sentido común

En Hana la verosimilitud también nace al ver reflejado el sentido común en la pantalla. Cuando los sociólogos o los historiadores nos dicen que en la Edad Media todos creían en Dios y en la divinidad de los reyes, y que pensar en que alguien fuera ateo es un vulgar anacronismo, sospechamos que eso no puede ser del todo cierto. Que al menos alguna persona entre mil debió percibir lo que se escondía  tras el decorado, la tramoya de ese teatro de fanatismo religioso. Al menos algún campesino pensaría que todo aquello era un invento para que los curas y los nobles vivieran bien a costa de su sumisión. Quizá no se atrevieran a decirlo en público, y sin duda nunca se atreverían a escribirlo, pero creer que todo el mundo pensaba lo que los historiadores al servicio de los poderosos nos han contado que pensaban, es algo tan contrario al sentido común que no resulta creíble.

Es cierto que podemos aceptar, como nos aseguran los relativistas culturales, que muchos aztecas y mayas corrían alegremente a que les arrancasen el corazón, o que hubo miles de japoneses que se suicidaron sin dudarlo a la mayor gloria del emperador, porque los suicidios de terroristas  nos recuerdan cada día que alguien puede aceptar voluntariamente perder la vida por una ideología, una religión, por fanatismo o por simple desesperación. Pero también sospechamos que muchos de ellos lo hacen obligados, y que más de uno intenta escapar a tan absurdo destino.

Aunque nos resulte creíble que muchos acepten voluntariamente inmolarse o ser inmolados,  también nos resulta creíble que algunos de los cautivos de los mayas intenten escapar, como sucede en Apocalypto, de Mel Gibson, o que varios soldados japoneses intenten evitar un suicidio impuesto por sus superiores, como se ve en Cartas desde Iwojima, de Clint Eastwood.

En Hana, los samuráis no están idealizados, lo que no se explica sólo por un propósito de verosimilitud, sino que es también una verdad moral y una decisión ética por parte de Kore Eda.

Se dirá que estos son valores extracinematográficos que no tiene sentido considerar al hablar de una película, pero una película es mucho más que sus valores cinematográficos. La exageración panfletaria y manipuladora de algunas películas ha hecho que muchos rechacen cualquier intención o contenido político y social en el cine, pero esa es una reacción exagerada, como espero demostrar en otras entradas.

Kore Eda se caracteriza precisamente por hacer girar su cine, ya se trate de documentales o de películas de ficción, alrededor de su pensamiento ético, social y político, sin caer en el panfleto o la manipulación:

hana kore eda August without him: la vida del primer enfermo de SIDA que lo declaró públicamente en Japón

Without memory, la vida de una persona que ha perdido la memoria episódica a causa de una medida sanitaria injusta

hana kore edaNadie sabe, en la que los protagonistas son cuatro niños abandonados por su madre; algo todavía frecuente en Japón cuando una mujer encuentra un nuevo marido que le exige abandonar a sus hijos.

I just want to be Japanese, en la que Park es un coreano que fue alistado a la fuerza en el ejército japonés y que, terminada la guerra, pierde la nacionalidad adquirida y se convierte en un ciudadano invisible.

Sin embargo... en la que un funcionario tiene que elegir entre sus convicciones y los intereses del gobierno para el que trabaja.

distance kore eda Distancia, en la que varios familiares de adeptos de la secta El arca de la verdad, que asesinaron a más de cien personas, se reúnen en el lugar donde aquellos vivieron.

Casi todas las películas de Kore Eda tienen algo de documental y alguna relación con acontecimientos concretos, incluso, como admite Kore Eda, Maborosi, en la que la protagonista es una mujer que no consigue entender por qué su marido se suicidó, algo también hasta cierto punto frecuente en Japón.

hana kore eda

Kore Eda con uno de los actores de Hana

En contra del tópico que dice que nunca hay que trabajar con niños ni con animales, a Kore Eda le encanta trabajar con niños

 

 

Contra la venganza

Hana es la primera película de Kore Eda enteramente de ficción. La única alusión a un hecho concreto es una historia que circula en paralelo a la trama principal que tiene que ver con la famosa leyenda de los 47 ronin, un clásico de la literatura y la cultura japonesa basado en un hecho real.

47ronin

El famoso Mifune en una versión de Los 47 ronin

 

Los 47 ronin eran servidores de Lord Asano, al que Lord Kira engañó en una ceremonia, incitándole a desenvainar en presencia del shogun (lo que significaba la condena a muerte). Asano tuvo que hacerse el seppuku (切腹) o harakiri (腹切) y perdió todas sus posesiones. Sus servidores quedaron sin señor y los samuráis se convirtieron en ronin (esclavos sin señor). Decididos a vengarse de Kira, esperaron pacientemente hasta que un día lograron entrar en su palacio y decapitarle. Fueron capturados y obligados a hacerse el seppuku, pero su acto de venganza les restituyó el honor, tanto a ellos como a sus familiares .

47ronin

La mirada de Kore Eda acerca de este asunto es también desmitificadora y burlona, precisamente porque la de los 47 ronin es una historia de lealtad, fidelidad y venganza, bastante parecida a las historias del honor del teatro clásico español, que hoy nos parecen, con toda razón, vestigio de una época bárbara. Sin embargo, en Japón, muchos admiran todavía la supuesta hazaña de los 47 ronin y acuden a su tumba a depositar ofrendas.

ronin

Las tumbas de los 47 ronin

 

 

Contra la venganza

Una de las motivaciones principales de Kore Eda para hacer Hana fue oponerse a la idea de matar o morir por venganza:

"Es algo que me preocupa mucho. Llegué a esa reflexión tras el 11-S y el comienzo de la guerra de Irak. Lo que sucede es que aposté porque la película tuviese un tono de comedia, porque me fascina conseguir una sonrisa del público. Pero el tono de comedia no impide que mi preocupación sobre la venganza llegue al espectador."

Canarias 7 (18/03/2007)

 

hana kore eda

De frente, uno de los más famosos actores japoneses, Tadanobu asano, que en Hana hace un papel pequeño pero importante, el del hombre del que ha de vengarse el protagonista. De perfil, oculto tras la máscara, el protagonista, Sozaemon, interpretado por Junichi Okada

Pero, junto a esta crítica de la idea de venganza, Kore Eda aprovecha para desmitificar no sólo a los 47 ronin y en general a los samuráis, sino también a los pobres. En Hana, los pobres también se comportan como personas, no como pobres de película. Como personas que, además, por supuesto, son pobres. Ni son bestias sometidas a sus instintos ni almas bondadosas e ingénuas. Porque una cosa es tan mentira como la otra.

Los pobres pueden ser, desde el punto de vista de un sociólogo, o según lo que reflejen las encuestas y las estadísticas, de esta o aquella manera, y los ricos de aquella otra, pero unos y otros son también personas; y las personas, o al menos algunas de ellas, se comportan de manera compleja. Muchos pobres y muchos ricos, quizá la mayoría, dicen lo que se espera de ellos, pero otros son capaces de darse cuenta de la farsa e intentar escapar de ella, como le sucede al protagonista de Hana y a algunos de sus compañeros.

Por otra parte, es casi una novedad ver una película de samuráis en la que no se derrama sangre y esa es una de las cosas que confirma que Kore Eda es diferente a la mayoría de los directores japoneses, quienes a pesar de sus virtudes, que no son pocas, no acaban de salir del estereotipo de lo cinematográficamente japonés: gusto por la violencia, obsesiones sexuales que bordean lo patológico, sadismo y masoquismo, comportamientos a menudo difíciles de entender, etcétera. Kore Eda, quizá sin pretenderlo de manera explícita, muestra que todo eso es un estereotipo y que lo seres humanos no somos tan distintos, a pesar de que las diferencias culturales a veces nos hagan creer que los detalles y las diferencias anecdóticas son nuestra esencia, y que un japonés es un tipo fundamentalmente raro (que es lo mismo que los japoneses deben opinar de los españoles).

Curiosamente, existen muchas semejanzas en la historia de Japón y España: una glorificación de lo militar (que no se da en China, por ejemplo) con figuras como los monjes guerreros, los samuráis y los hidalgos españoles y de códigos como el del honor, la fidelidad y la venganza, propios de épocas despóticas en las que no existen individuos sino siervos; ni ciudadanos, sino súbditos. Es cierto que

"la verosimilitud no es una relación entre el discurso y la realidad, sino entre el discurso y aquello que los lectores o espectadores creen que es verdad. Ese otro mundo de ficción es el de las ideas acerca de lo que es real que tienen los espectadores. Si en una película de Hollywood aparece un español rubio, alto y con ojos azules, poco importa que esa persona exista en la realidad: los espectadores no creerán que sea español. Del mismo modo, tampoco los españoles aceptarán a un sueco bajito y moreno. A menudo, salirse del tópico significa correr el riesgo de que el espectador se ponga a pensar sobre un detalle en el que nosotros no queríamos que se detuviera, y empiece a plantearse si nuestra inverosímil historia es verosímil."

( Las paradojas del guionista, 98)

Pero aunque eso sea cierto, tal vez estamos demasiado acostumbrados a pensar que todos los japoneses son mitad samurái mitad monje zen, que es una idea tan simplista y ridícula como considerar que en todo español hay un monje soldado, un hidalgo venido a menos o un torero. Así que no es mala idea que empecemos a olvidarnos de personajes acartonados también al pensar en Japón.

 

HANA

Dirección y guión: Hirokazu Kore-eda.
País: Japón.
Año: 2006.
Duración: 127 min.
Género: Drama.
Interpretación:
Junichi Okada (Aoki Sozaemon)
Rie Miyazawa (Osae)
Tadanobu Asano (Jubei Kanazawa)
Arata Furuta (Sadashiro)
Teruyuki Kagawa (Hirano)
Susumu Terajima (Terasaka)
Seiji Chihara (Tomekichi)
Ryuhei Ueshima (Otokichi)
Yuichi Kimura (Magosaburu)
Tomoko Tabata (Onobu).
Producción: Shiho Sato y Nozomu Enoki.
Fotografía: Yutaka Yamazaki.
Montaje: Hirokazu Kore-eda.
Diseño de producción: Toshihiro Isomi y Masao Baba.
Vestuario: Kazuko Kurosawa.
Estreno en Japón: 3 Junio 2006.

Pegado de <http://www.labutaca.net/films/44/hana.htm>

 

VÍNCULOS
las paradojas del guionista La página de Las paradojas del guionista
La página de Kore Eda (en japonés)
La página de Hana (en japonés)

Sobre la verosimilitud, se puede ver también The host y la verosimilitud, que tiene que ver con el capítulo de Las paradojas del guionista "Las leyes del relato."

Acerca del Lejano Oeste y su verdadera historia se puede leer Enterrad mi corazón en Wounded Kne, un extraordinario libro de Dee Brown. Para la relación entre el zen y el budismo con el bushido o arte de la guerra y el militarismo japonés es muy recomendable El arte japonés de la guerra, de Thomas Cleary.

Puede verse una muestra de que la historia de los 47 ronin y sus valores morales, en mi opinión bastante destestables, son admirados todavía en 4+1 en japón

 

 

De nuevo los 47 (o 46) ronin

 

En la Hana y la verdad verosimil mencioné la historia de los 47 ronin. Es una de las leyendas de Japón, que ejemplifica la fidelidad al señor o daimyo.

La historia sucede en el período Tokugawa, una época bastante pacífica, en la que el emperador fingía que gobernaba desde Kyoto, aunque todos sabían que el verdadero gobierno estaba en Edo, que hoy llamamos Tokyo, en manos del shogun Tsuyanoshi. En año nuevo, el shogun enviaba regalos al emperador y en marzo el emperador respondía con sus propios regalos.

Tsuyonoshi

El shogun Tsuyanoshi

 

En 1701, el shogun envió a dos daimyos o señores feudales a recoger los regalos del emperador. Uno de ellos era Naganori Asano, conocido también como Takumi no Kami. Pero como estos dos daimyos tenían poca experiencia en el complicadísimo protocolo de la corte japonesa, el shogun hizo que les acompañara un oficial llamado Kotsuké no Suké, o Señor Kira, para enseñarles cómo debían comportarse.

Pero Kira, el consejero, se sintió tan ofendido porque Asano no le llevó ningún regalo el día que se conocieron, que se dedicó a humillarle en público y en privado. Es una curiosa reacción, puesto que se supone que la tarea de Kira consistía precisamente en enseñar a Asano las normas de protocolo, y entre ellas debía estar la que dice que hay que entregar regalos al maestro de protocolo. Por eso Borges cuenta la historia titulándola El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké.

Según la versión de Borges en su Historia Universal de la infamia quien dice seguir a Mitford, el consejero se burló durante dos meses de Asano, pero él no respondió a las provocaciones. Finalmente, un día en el consejero Kira y el caballero Asano se hallaban en el palacio del emperador:

"La cinta del zapato del maestro se desató y éste le pidió que la atara. El caballero lo hizo con humildad, pero con indignación interior. El incivil maestro de ceremonias dijo que, en verdad, era incorregible, y que sólo un patán era capaz de frangollar un nudo tan torpe. El señor de la Torre sacó la espada y le tiró un hachazo. El otro huyó, apenas rubricada la frente por un hilo tenue de sangre..."

Jorge Luis Borges, El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké

Desenvainar un arma en el palacio imperial era un crimen castigado con la pena de muerte. Asano tuvo que hacerse el seppuku, suicidio seguido de decapitación, y sus samuráis o "criados con armas", se convirtieron en ronin, es decir, samuráis sin señor. Obligados a deambular de aquí para allá sin honor, se juramentaron para vengar a su señor.

Durante más de un año esperaron la ocasión propicia, pero Kira desconfiaba y no les daba ocasión. Oishi, el más importante de los ronin, se degradó públicamente, frecuentando los lupanares más infectos y revolcándose literalmente en el barro tras infames borracheras, hasta que Kira acabó por pensar que sus enemigos ya no eran peligrosos.

Fue entonces cuando una noche los 47 ronin entran en el palacio del señor de Kira, lo buscan, lo encuentran escondido, le ruegan que se suicide haciéndose el seppuku, él se niega, ellos le decapitan. Los que sobreviven escapan con la cabeza de Kira, que colocan sobre la tumba de su señor Asano, restituyéndole así el honor. Después se entregan voluntariamente.

Ronin Kira

Los ronin en el palacio de Kira (Kotsuké no Suké)

Cuando el shogun escuchó la historia de esta paciente venganza, se conmovió, pero no puede perdonarles, porque han desobedecido las leyes. Decide que mueran con honor, no como criminales, sino como samuráis. Todos se suicidan felices, abriéndose salvajemente el vientre, sabiendo que después les decapitarán.

Esta es la historia, pero hay otros muchos detalles. Uno de los más interesantes es que uno de los 47 ronin sobrevivió. Se llamaba Terasaka y murió pasados los ochenta años. Se ha discutido mucho sobre él. En opinión de algunos, fue un cobarde que huyó, y por eso, aseguran, hay que hablar de 46 ronin en vez de 47. Según otros, fueron los compañeros de Tersaka los que le pidieron que sobreviviera para contar su hazaña, como sucedía también en la historia de los trescientos espartanos, al menos tal como lo cuenta el comic 300, de Frank Miller, y la película basada en él.

Kore Eda propone en su última película, Hana, una explicación más sutil, y quizá también más creíble, de la actitud de Terasaka. Pero nunca se sabe, porque los fanáticos serviles (como los espartanos y los samuráis son capaces de cualquier cosa). Pero recientes investigaciones, nos dice Henry D.Smith II en The trouble with Terasaka, parecen poner en cuestión los nobles motivos de los 46 samuráis que mataron a Kira.

Ronin Terasaka

El gran actor, y habitual de Kore Eda, Susumu Terajima, interpreta en Hana al ronin Terasaka

 

 

 

Tadamori, más listo que Asano

En el Heiki monogatari, una de los grandes clasicos de Japón junto al Genji monogatari, se cuenta una historia que recuerda a las de los 47 ronin, pero en la que su protagonista muestra más ingenio que Asano, el daimyo que tuvo que suicidarse por desenvainar en el palacio imperial.

La historia trascurre varios siglos antes de la de los 47 ronin, cuando los emperadores todavía gobernaban, aunque con extrañas fórmulas: a menudo el emperador retirado mandaba más que su heredero.

En premio por haber erigido una sala en honor al emperador, en la que colocó mil estatuas de Buda, el emperador Toba (1107-1123) permitió al plebeyo Tadamori el acceso al Palacio Interior, un privilegio reservado a muy pocos. Los cortesanos, escandalizados por tener entre ellos a un descendiente de guerreros, planearon asaltar a Tadamori en el palacio imperial.

Tadamori

Tadamori luchando con ¿un demonio?
(por Utagawa Kunisada)

 

Al enterarse de los planes de sus rivales, Tadamori dijo:

"Yo no soy un funcionario civil, sino que nací en el seno de una familia de samuráis. Sería una afrenta para mí y para los míos ser víctima de una deshonra. Me defenderé. Además hay una sentencia antigua que reza: "Sirve a tu señor cuidándote a ti mismo".

Y esto fue lo que hizo Tadamori:

"Entró en el Palacio Interior habiendo ocultando bajo su armadura de gala una gran daga. Después se dirigió a una parte de la sala en donde las lámparas daban escasa luz. Sacó lentamente la daga y la elevo por encima de su cabeza. El filo del arma brillaba a contraluz como un destello de hielo. Los cortesanos, al verla, sintieron temor y no osaron dar un paso."

Además, junto a Tadamori se presentó su criado Iesada, quien "bajo una casaca de caza de color azul palido llevaba una armadura ligera atada con cordones verde brillante y una gran espada". Iesada "guardaba su puesto con dignidad en el pequeño jardín frente al Palacio Interior", atento por si su amo necesitaba su ayuda.

Al ver al criado armado en el jardín, el jefe de la División de Archiveros ordenó a un oficial del sexto rango que le echara:

— ¡Tú, el de la casaca de caza sin escudo de armas, el que esta al lado de los canalones junto a la cuerda de los cascabeles! ¡Se habrá visto tal insolencia! Te ordenamos que te retires.

Pero Iesada respondió:

—Aguardo aquí porque he oído que mi señor, el gobernador de Bizen, a cuyo servicio ha estado todo mi linaje, va a ser atacado esta noche. Quiero ser testigo de tal incidente; y a fe mía que por nada del mundo he de moverme de aquí.

Ante esta firme postura, los nobles pensaron que sería imposible llevar adelante su plan y renunciaron a asaltar a Tadamori. Pero cuando se inició la ceremonia y Tadamori tuvo que salir a bailar, los cortesanos aprovecharon para burlarse de él cantando cancioncillas con crueles juegos de palabras. Tadamori logró contener su ira y salió al jardín. Se detuvo entonces en la puerta y le entregó su espada a una criada, asegurándose de que todos lo vieran. Cuando Iesada le preguntó si había sucedido algo malo, Tadamori, que conocía el carácter irascible de su criado, le respondió que todo había ido bien.

Cuando acabó la ceremonia, los cortesanos acudieron junto al emperador y se quejaron:

—Siempre ha sido de ley en la Corte tener licencia imperial para asistir a un banquete oficial con armas, o para salir y entrar libremente con escolta. Todo eso en aras de la cortesía y el respeto a la tradición. Sin embargo, Tadamori ha apostado en el jardín a un guerrero armado con la excusa de que se trata de un criado de su casa; y se ha presentado al banquete con una daga en la cintura. Estos dos hechos resultan ofensivos y son sendas muestras de desacato, por lo que no deben quedar impunes. Rogamos, por tanto, a Su Majestad que inmediatamente se despoje a Tadamori de su rango de noble y se le desti-tuya de su cargo oficial.

El Emperador mandó llamar a Tadamori y le pidió que explicara su conducta.

—En primer lugar -respondió Tadamori-, ignoraba que mi fiel criado estuviera de guardia en el jardín. Pero, Majestad, habia corrido el rumor de que yo iba a ser atacado y ese antiguo vasallo de mi familia sin duda lo oyó y secretamente ha debido de seguirme hasta aquí para salvarme de una afrenta. Su conducta yo no pude evitarla puesto que no la conocía. Sin embargo, si Su Majestad declara que tal prueba de lealtad es un delito, ¿debo entonces castigar a mi criado?
En segundo lugar, con respecto a la daga, yo se la he entregado a la sirvienta de la Sala Principal. Ruego a Su Majestad que la mande llamar y, después de comprobar si se trata de una daga verdadera o no, podrá pronunciarse Su Majestad sobre mi culpabilidad o inocencia.
Tal habló Tadamori. El Emperador mandó llamar a la sirvienta y traer la daga. Cuando se dignó examinarla, comprobó que su funda estaba lacada de negro, pero que la hoja de la daga era de madera, aunque la recubría una lámina plateada."

El Emperador dijo entonces:

—Tienes razón y has obrado bien. Para no ser atacado, has llevado una daga pero, sabiendo que después podrias ser denunciado por portar armas, la daga era de madera y has fingido llevar una verdadera. En verdad que tu actitud es admirable y tu proceder ejemplar. En cuanto a que tu criado te aguardara en el jardín, ¿acaso no es tal la actitud que se debe esperar de un samurái como el? No me parece, por consiguiente, que Tadamori deba ser castigado."

"De esa manera -concluye el narrador-, en lugar de ser reprendido, Tadamori fue alabado por su astucia."

 

 

¿Harakiri o seppuku?

 

A menudo surge cierta confusión acerca del harakiri y el seppuku. Era común hasta hace poco llamar harakiri a esa especie de suicidio ritual que consiste en clavarse una espada en el vientre y después ser decapitado por un compañero o un verdugo.

Mishima

Un gran escritor actuando como un imbécil: Yukio Mishima durante su fracasada rebelión y poco antes de hacerse el seppuku o harakiri

 

También es frecuente pensar (yo lo pensaba) que la diferencia entre el seppuku y el harakiri es que el primero consiste precisamente en que, además del suicida, hay un ayudante que le corta la cabeza después. Sin embargo, al parecer el harakiri y el seppuku son la misma cosa: suicidio seguido de decapitación. Lo curioso es que las dos palabras se escriben con los mismos caracteres, aunque en distinto orden.

腹切 hara-kiri

                     切腹 seppuku

 

Sin embargo, los japoneses prefieren emplear la palabra seppuku, porque harakiri les suena vulgar y grotesca, que es, me atrevo a decir precisamente lo mismo que el acto al que se refiere: sacarse las tripas y decapitarse posteriormente (por mano ajena, claro está).

Harakiri

Es curioso porque en Francia hay una revista de humor "bestia y malvado o deplorable" que se llama precisamente Harakiri, como si supieran que es una palabra más para reírse que para conmoverse.

En el Heike monogatari se cuenta el origen del harakiri o seppuku, que inventó un célebre guerrero y prodigioso arquero al ser herido y ver que sus enemigos le habían vencido:

"Minamoto Yorimasa, una vez que estuvo en el interior del templo, llamó a Watanabe Chiojitsu Tonau y le ordenó:
_Córtame la cabeza.
Pero Tonau, afligido por esta orden, se mostraba incapaz de cortar la cabeza a su señor, aún vivo. Así que, con lágrimas amargas, le dijo:
_Señor, yo no soy capaz de hacer tal cosa. Pero os prometo hacerlo después de que os quitéis la vida.
_¡Claro! Te entiendo -replicó Yorimasa; y, volviéndose al poniente, entonó diez veces el "Busco abrigo en Amida"[Namu Amida Butsu] en voz alta. Después, recitó con infinita tristeza un poema de despedida: esto decían los versos:

Planta enterrada
que jamás floreció.
así de triste
mi vida fue; y sin dar
fruto, ahora se muere.

Tras decir estas palabras, se clavó la punta de su espada en el vientre y echó el cuerpo hacia delante para ser bien penetrado y exhalar así el último aliento.

 

Y el narrador comenta:

"Ante un momento así es muy difícil tener ánimo para componer y recitar un poema, pero este hombre, que tenía afición a la poesía desde su juventud, fue fiel a ella hasta los últimos instantes finales de su vida. Tonau, con lagrimas en los ojos, recogió la cabeza de su señor y la envolvió junto con unas piedras. Atravesó disimuladamente las filas enemigas y, una vez que hubo llegado al río Uji, la hundió en las profundidades de sus aguas."

yorimasa

El actor Arashi Kitsusaburô II en el papel de Minamoto Sanmi Yorimasa

 


Yosho Yamamoto, el monstruo de la fidelidad

 

En Elogio de la infidelidad presenté al samurái Yosho Yamamoto como ejemplo de fidelidad.

Como últimamente he escrito bastante acerca del código de honor japonés o bushido, he seleccionado algunos fragmentos del capítulo en el que hablaba de Yamamoto ("El monstruo de la fidelidad") y he añadido algunos detalles nuevos.

yamamoto


Yosho Yamamoto era un samurái que escribió hacia 1710 un libro llamado Hagakure (Oculto entre las hojas). El libro es una contínua celebración de la muerte y la violencia, a pesar de los paños calientes que intenta poner el prologuista de la edición en español, quien dice:

“Toda la grandeza de los samuráis se halla en el hecho de que alcanzaron tal vacuidad de sí mismos que eran capaces de matar sin odio y de morir sin miedo”.

Veamos algunos ejemplos de la grandeza de Yamamoto:

“Los hombres se vuelven cobardes y débiles, la prueba de ello está en que, hoy en día, raros son los que tienen la experiencia de haber cortado la cabeza de un criminal con las manos atadas a la espalda. Cuando se les pide ser el asistente del que va a suicidarse ritualmente, la mayoría considera que es más hábil evadirse e invoca excusas más o menos válidas.”

Más adelante, insiste, lamentándose de lo lechuginos y blandos que se han vuelto los jóvenes:

“A la edad de cinco años, a petición de Jin’emon, su padre, Yamanoto Kichizaemon, mató a un perro con un sable; a la edad de quince años tuvo que ejecutar del mismo modo a un criminal. Era la costumbre de la época. Es así cómo el Señor Katsushige, todavía muy joven, mandado por el Señor Naoshige, ejecutó a más de diez condenados sucesivamente. Esta práctica era muy corriente en las clases altas desde hacía mucho tiempo pero ahora ni siquiera los hijos de las clases inferiores proceden a este tipo de ejecución y ello es una negligencia grave. Decir que se puede vivir sin haber tenido el mérito de matar a un condenado, pues se trata de un crimen, de una vileza y de una mancilla, no es más que una excusa.”

Y si alguien piensa que Yamamoto es uno de esos teóricos que no aplican sus propios preceptos, que siga leyendo:

“El año pasado, fui a un lugar de ejecuciones llamado Kase para comprobar la firmeza de mi mano y he encontrado que era una buena cosa. Me encontré muy bien. Pensar que es impresionante es señal de cobardía.”

Yamamoto era un gran partidario de la fidelidad en todos los sentidos:

“Se debe entender que una mujer es fiel a un solo hombre. Sus sentimientos van a una sola persona de por vida. Si ello no es así, es lo mismo que sodomía o prostitución.”

Algo no muy distinto de lo que se pensaba en España hace unas décadas (y que algunos todavía piensan). Yamamoto, por cierto, también coincide con Ulises u Otelo, quienes exigían fidelidad a sus esposas, pero no se sentían obligados a actuar de la misma manera.

Yago
El celoso Yago poniendo celoso a Otelo
Shakespeare da a entender en varios pasajes que la animadversión de Yago hacia Otelo se debe precisamente a que el moro se ha acostado con su esposa.

 

Sin embargo, para Yamamoto, la fidelidad sexual o amorosa no es la fidelidad más importante; por encima de ella está la fidelidad al señor, al daimyo:

“Un samurái sólo lo es verdaderamente en la medida que no tiene otro deseo que morir rápidamente —y volverse puro espíritu— ofreciendo su vida a su amo, en la medida en que su preocupación constante es el bienestar de su daimyo, al que rinde cuentas continuamente, sin cesar.”

En otro pasaje sintetiza la idea:

“Si se debiera resumir en pocas palabras la condición del samurái, yo diría que en primer lugar es la devoción en cuerpo y alma a su amo.”

Aunque resulte sorprendente, todavía existe otra fidelidad o lealtad más importante que la que se tiene con el daimyo:

“La absoluta lealtad respecto de la muerte debe ser puesta en práctica todos los días. Debemos comenzar cada amanecer meditando tranquilamente, pensando en el último momento e imaginando las diferentes maneras de morir: muerto por una flecha, por un cañonazo, atravesado por un sable, sumergido por las olas, saltando en un incendio, golpeado por el rayo, aplastado por un terremoto, cayéndonos desde un risco, víctima de una enfermedad o súbitamente.”

Pero Yamamoto lo dice todavía más claro:

“La vía del samurái es la pasión de la muerte. Incluso diez hombres son incapaces de desviar a un hombre animado de tal convicción. No se pueden llevar a cabo grandes hazañas cuando se está en una disposición anímica normal. Hay que volverse fanático y desarrollar la pasión de la muerte (....) La lealtad y la piedad filial son algo suplementario en la Vía del samurái; lo que uno necesita es la pasión por la muerte. Todo el resto vendrá por añadidura de esta pasión.”

Puedo asegurar al lector que no he elegido los pasajes más truculentos de Hagakure. El libro de Yamamoto es tan insensatamente cruel que, como dice Yoel Hoffman, "hasta los señores feudales del Japón consideraron el Hagakure demasiado radical y lo prohibieron varias veces". Es algo que sucede a menudo, los poderosos fomentan el servilismo, el fanatismo, la crueldad, el culto a la fuerza y la obediencia ciega y a veces algunos discípulos se les van de las manos, como cuando deciden ser más fieles a la muerte que a sus señores.

Sin embargo, también he de confesar algo: junto a toda esa sangre, esa crueldad y ese fanatismo, en Hagakure hay unas cuantas cosas sensatas. Yamamoto era un hombre inteligente y, aunque resulte difícil de creer, sensible. Yamamoto, en definitiva, aplicó su talento de una manera enfermiza a una idea perversa, pero que era considerada razonable por la sociedad en que se educó. Una sociedad fanatizada produce fanáticos.

Yamamoto es un ejemplo claro y contundente de una de las peores cosas que se esconden tras el concepto de fidelidad o lealtad: la obediencia ciega.

 

danieltubau@gmail.com

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