El Espejo

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Proust: Del Deber

Proust: Del cambio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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MARCEL PROUST

Del deber

 

"De Proust un texto acerca de la idea de sacrificio, esfuerzo, deber y todo eso, que es tan bueno como mi favorito en ese asunto, el de Smullyan acerca del esfuerzo, que pronto pondré en la página."

(Las alas de Ícaro, 15 de julio de 2003)

 

 "Como aquellos vividores que llegan a la conclusión de que existen dos mundos escindidos, en uno de los cuales se hallan los placeres, las locuras de juventud, la aventura y la seducción, mientras que en el otro habitan el trabajo, el esfuerzo, la responsabilidad y el deber. Y se ofrecen a sí mismos la única posibilidad de vivir en un mundo o en el otro, renunciando acaso hoy a los placeres que se les ofrecen, con lo que sienten que pierden algo que era suyo y que estaba a su disposición, pero, al mismo tiempo, se confirma de este modo para ellos lo acertado de su renuncia, que se demuestra a sí misma en esta sensación de pérdida.
  Pero también pueden recaer de nuevo o precipitarse, tras un intento fallido y por una vez más _que siempre es la última_, movidos muchas veces por el deseo de no decepcionar a sus amigos, o con el propósito de negarse a sí mismos que ya no son jóvenes, a ese mundo de los placeres desordenados, cuyas horas trascurren casi siempre de noche. Allí, en esa elección, en el mundo del vicio, se entregan con la misma convicción y empeño que emplearon en el otro, el mundo del placer, con el mismo tesón que gastaron en el mundo del deber, pero sin evitar, e incluso buscando, los remordimientos, la ocasión constante para lamentar el paso que han dado, para sufrir con anticipación por cada nuevo movimiento que, llevándoles en una nueva dirección, les aleja del otro camino. "Debería estar allí", se dicen, y se repiten promesas de reforma que postergan día a día, pero que les atormentan en cada una de sus horas, que amargan el dulzor obtenido en cada placer, que parecen reprocharles cada nuevo gesto, cada nueva pequeña alegría, cada nueva jornada en ese mundo del que saben, a pesar de la embriaguez momentánea, que hay que huir.
   Lo harán finalmente, aunque la espera se prolongue, y serán redimidos, casi siempre por unos hijos, por un amigo que fue demasiado lejos y se detuvo antes que ellos, o por una mujer que parece estar allí en el preciso instante en el que ya todo parecía perdido, en el que ya el camino de regreso se les ocultaba, de tal modo que no resulta fácil saber si su redención se ha producido por la intervención de un ángel salvador o si encontraron al ángel salvador porque ya empezaban a redimirse. Pero, por esa gratitud del ahogado al que la mano de un desconocido ha salvado en el último instante, y poco le importa que la mano sea la de un criminal o la de un santo, ellos asocian su nueva fe y su nuevo estado a la persona que creen les ha salvado pero a la que seguramente ellos han colocado allí, porque había llegado el momento de ser salvados y regresar a la otra orilla.
  Pero ahora, cuando cruzan a uno o al otro lado, al mundo del deber o al del placer, nunca consideran que exista la posibilidad de transportar consigo los pertrechos del mundo al que renuncian, al que sólo conservarán en su memoria como la tierra de promisión o como el cautiverio de Egipto del que han sido liberados pero que, en cierto modo, siguen añorando, como el liberto romano que al comprar su libertad compraba también un mundo de decisiones y responsabilidades que le hace añorar aquel otro en el que no era libre pero todo era más fácil."

(Proust, A la sombra de las muchachas en flor, 157ss)

 

16 de junio de 2004

Daniel Tubau, 2004 danieltubau.com