Cada texto que comento del Zhuang Zi se incluye aquí
íntegro con un vínculo al que antecede la sigla TXT. Conviene
leer primero el texto del Zhuang Zi y sólo después mi comentario.
WORK IN PROGRESS!!
Esta lectura del Zhuang Zi es por el momento un documento de
trabajo, por lo que habrá muchos errores que iré corrigiendo
poco a poco.
Las comparaciones científicas que a veces establezco
no tienen como objetivo dotar al Zhuang zi de rigor científico o demostrar
que coincide con las últimas teorías de la física o la
biología. Se utilizan tan sólo para hacer los argumentos más
fácilmente comprensibles por vía de comparación
LECTURA dE ZHUANG
ZI

Lee antes el texto del Zhuang zi:
003
TXT Lo mismo distinto
En esta última
sección del libro primero interviene Hui Zi, quien le cuenta a su amigo
Zhuang Zi que el rey de Wei le regaló una semilla de calabaza gigante.
Este rey de Wei se llamaba
también Hui, como el amigo de Zhuang Zi, pero no hay que confundirlos.
En China había y creo que todavía hay, pocos nombres propios
de persona.
Eso también sucedía
en la antigua Roma, donde había unos cuantos nombres de varón:
Gayo, Aulo, Appio, Marco, etcétera, y los que se ponían
a los hijos según el orden de su nacimiento: Quinto, Decio, Sexto...
Para las mujeres también había unos pocos nombres propios y
además solían utilizar no su nombre propio o praenomen
sino la forma femenina de su nomen (el nombre de su gens
o clan). Por ejemlo: Claudia o Cornelia.
La costumbre de usar pocos nombres
se fue relajando con el tiempo y quizás debido a la influencia que
sobre la culturta romana ejercieron los pueblos conquistados.
Es muy interesante observar
cómo cambian los nombres en distintos períodos históricos.
Si lees una obra del siglo XVII francés, encontrarás muchos
nombres que hoy en día casi nadie pone a sus hijos. A menudo se puede
saber la época en que ha sido escrita una obra mirando simplemente
los nombres personales. Esto sucede incluso en la Grecia antigua: los nombres
de la época de Sócrates suelen ser muy distintos a los de la
época alejandrina. No sé si existe algún estudio detallado
acerca de este asunto, que resulta muy interesante. En cuanto a si eso
sucede en China o no, mi ignorancio me impide contestar en uno u otro sentido.
A menudo, desde Hegel, e incluso desde Lichtenberg se ha dicho que en China
nunca cambiaban las cosas y se decía que era un Imperio inmóvil
a través de los siglos, pero ahora sabemos que eso es un error
tremendo. A primera vista da la impresión de que en China hay pocos
nombres propios y me parece recordar que también existió en
algún momento una norma acerca de la limitación de nombres.
Es frecuente, por ejemplo, encontrar en el reparto de una película
muchas personas con nombres como Li o Yang o Shang.
Pero tal vez sea una impresión
errónea, como la de alguien que pensara tras ver una película
española que casi todos nos llamamos García o Fernández,
o Juan, Jose o Pedro.
Más adelante, cuando
haya otra ocasión, hablaré de los nombres y apellidos chinos.
El caso es que el rey de Wei
que habló con Hui Zi se llamaba también Hui.
Para aumentar la confusión
el Estado sobre el que reinaba se llamaba de dos maneras: Wei y Liang. La
causa era que aunque al principio el estado de Wei se hallaba en la provincia
del Hedong, por causa de las guerras tuvo que abandonar Hedong y establecerse
en Da Liang.
Vuelvo a la historia de la calabaza.
Resulta que el rey de Wei le dio a Hui Zi unas semillas de calabaza gigante
y que nació, como era previsible, una calabaza gigantesca. Era tan
grande, dice Hui Zi, que no servía para nada: no podía trasportar
líquidos porque resultaría pesadísima y ni siquiera dividida
en dos podría colocarla en ningún sitio. Así que Hui
la hizo pedazos.
Al oírlo su amigo Zhuang
le cuenta la historia de una familia que tenía un ungüento para
que las manos no se agrietaran y que usaba ese ungüento para lavar la
seda en invierno. Sin embargo, un día un forastero ofrece a la familia
una gran suma por la receta del ungüento y se la venden. El forastero
se va al reino de Wu y se ofrece a dirigir los ejércitos contra el
reino de Yue. Aunque en el libro no se explica en detalle, gracias al ungüento,
los soldados de Wu pudieron sostener con firmeza las armas en pleno invierno
y derrotaron a sus enemigos. En recompensa, el rey de Wu le dio un feudo al
forastero.
Así que, dice Zhuang
zi, una misma cosa puede servir para propósitos muy diferentes. Después
le dice a Hui Zi cómo podría haber usado esa calabaza gigante:
con unas cuerdas podía haber sido uan especie de flotador para navegar
por lagos y ríos.
En el
Zhuang Zi, como ya se verá, a menudo se insiste en que no hay que apegarse
a la tradición (el uso habitual que se le da a una calabaza o a un
ungüento en este caso) y se defiende la innovación. En esto, las
ideas de Zhuang Zi son muy diferentes a las de la mayoría de los fiñlósofos
chinos, especialmente los confucianos, pero también los taoístas,
que suelen defender un cierto inmovilismo, mirando hacia el pasado, hacia
los reyes legendarios en vez de hacia el futuro. Confucio y otros taoístas
coinciden en eso con Platón, quien también, y aunque resulte
asombroso al ver la variedad de sus ideas, era partidario de la tradición.
Esta es una de las razones, supongo, que han hecho dudar a algunos estudiosos
de que Zhuang Zi fuera realmente taoísta.
Otra
lección que se puede sacar de las historias de la calabaza y el ungüento
es que no nos debemos dejar dominar por nuestros prejuicios o ideas preconcebidas.
No debemos ser, como se decía en los apartados anteriores Zhuang Zi,
como la cigarra que cree que su reducido mundo es el mundo y
no debemos pensar que una cosa sólo sirve para aquello que siempre
ha servido.
El libro primero del Zhuang Zi termina
con una historia en la que Hui zi, sin duda molesto porque su amigo le ha
acusado de tener cortas entendederas le dice que sus ideas son como un árbol
de ailanto de ramas retorcidas y nudoso: grande pero sin provecho.
Zuang Zi vuelve a replicar a Hui Zi
y le da un ejemplo de lo que se podría hacer con ese árbol que
parece que no sirve para nada: plantarlo en la desolada vastedad para así
disfrutar de su sombra y frescor.
Y además, dada la deformidad
de este árbol, a nadie se le ocurrirá cortarlo.
Esta es, precisamente, una de las
ideas más interesantes del Zhuang zi, que será desarrollada
más adelante: la virtud de ser inútil.
Antes de acabar con este tercer capítulo
dedicado al Zhuang Zi, queda algo muy importante: ¿Quién es
el amigo de Zhuang Zi? ¿Quién es Hui Zi?
HUI ZI
Hui Zi era un filósofo que
vivió entre los años -370 y -310. Uno de los más interesantes.
Se llamaba Hui Shi (Hui Zi quiere decir maestro Hui) y pertenecía
a la Escuela de los Nombres (ming Jia), llamados también logicistas,
que han sido comparados con los sofistas griegos.
Otro célebre filósofo
de la Escuela de los Nombres es Gongsun Long, el autor de la paradoja que
dice que un caballo blanco no es un caballo, que puedes leer gracias a a este
vínculo:
Un
caballo blanco no es un caballo (pdf)
(en
documento de Word)
Resulta que el Zhuang Zi
es precisamente una de las fuentes principales para reconstruir las ideas
de Hui Zi, ya que su libro, el Hui Zi, se perdió, dice Preciado
Ydotea "en época temprana", lo que es una verdadera lástima.
En el capítulo XXXIII del Zhuang
Zi, se exponen en detalle las ideas de Hui Zi. Si algún día
llego a comentar ese capítulo, será el momento para hablar de
Hui Zi y de su amistad con Zhuang Zi.
(Daniel Tubau, 17-18 de junio de 2004)