
Cine asiático en Barcelona
Comienza hoy mismo el Baff, el Barcelona Asian Film Festival, una cita anual con el cine asiático que no se puede perder ningún aficionado. Aunque no podré estar en la inauguración oficial, llegaré el domingo y me quedaré esta vez hasta el final (el año pasado sólo pudo ser un fin de semana largo), junto a Ana y Bruno, también fieles seguidores.
Spot del Baff
Este año hay muchas novedades interesantes. En primer lugar una sección dedicada enteramente al anime, casi como un mini festival paralelo.
En segundo lugar, una nueva sección llamada Focus dedicada a Corea del Sur, en la que se podrán ver películas poco conocidas en España de directores de una de las cinematografías más interesantes de la actualidad.
Otra sección estará dedicada a dos países del sudeste asiático, Malasia y Filipinas, de los que en los últimos años he visto películas que me han gustado mucho. Y además todo el resto de secciones y películas, tantas que resulta cada vez más difícil elegir cuál ver.
Una película que no me quiero perder es Madre, la última película de uno de mis directores favoritos, Bong Joon-ho, del que también podremos degustar de nuevo esa obra maestra que es Memories of murder en la retrospectiva coreana.
Otra es Visage, la última de Tsai Ming-Liang, el director de Goodbye Dragon Inn y The hole, que al parecer es un homenaje a la nouvelle vague francesa y en la que incluso actúa Jean Pierre Leaud.

Tsai Ming Liang
Y por decir una más, también se estrena la última de Johnie To, Vengeance, que curiosamente también está protagonizada por un actor (y cantante) francés, Johnny Hallyday.
Puedes enterarte mucho mejor gracias a Carlos R.Ríos, codirector del Baff junto a Amaia Torrecilla.
ENCANTADOS - BAFF from WAAAU.TV on Vimeo

¿Beber para olvidar?
El otro día estaba comiendo en La mordida, un delicioso restaurante mexicano de Madrid, y me fijé en aquello que está escrito en el muro naranja del fondo:
Para reír... los amigos
Para olvidar... la bebida
Para ser feliz... contigo
Para todo... "La Mordida"
(Joaquín Sabina)
Supongo que lo de reír y ser feliz será más o menos cierto, pero me entraron muchas dudas acerca de lo de beber, porque más bien parece que cuando uno empieza a beber para olvidar al final lo que hace es sobre todo ponerse a recordar sin parar, y especialmente eso que se intentaba olvidar.

Luces difusas
Bruno Tubau acaba de iniciar un blog que se llama Luces difusas. No es el primero, porque Bruno es un pionero (ya además precoz): ya lo intentó hace años, pero sufrió eso que se llama la "crisis de los cuatro meses", que afecta a muchas personas cuando ponen en marcha un blog (aunque a veces es la "crisis de las cuatro entradas").
No parece que esta vez vaya a suceder eso, porque el blog avanza a buen ritmo, llenándose de contenidos muy interesantes, como la lista de sus diez películas favoritas (que en realidad son once), en las que ya se puede encontrar dos maravillas: Los cuatrocientos golpes y Last life in the universe.

También hay comentarios a otras películas, a veces en forma de ciclo de cinestudio, como en el caso de René Clair, una atención especial al cine asiático, secciones de anime, de manga y también entradas dedicadas a los videojuegos.
La página es muy interesante y estimulante. Bruno opina de manera directa, pero sin caer en dogmatismos y siempre con un tono muy personal pero nunca simplista. Y además escribe muy bien. Puedes visitar la página de Bruno Tubau con este enlace:

El ruido es el mensaje
Tomemos el clásico modelo matemático de la información de Shannon, en el que se muestran todos los elementos implicados en un acto comunicativo. Es un poco más complejo que se enseña casi siempre en el que sólo se habla de emisor, receptor, canal (o medio) y mensaje. No sé si interpreto bien todos sus aspectos, pero lo intentaré.
Imaginemos que quiero trasmitir los resultados de las elecciones legislativas italianas a un amigo que tengo en Brasil.
En primer lugar, para que yo (el emisor) envíe un mensaje al destinatario, primero debo construir ese mensaje a partir de algo previo, lo que Shannon llama "fuente de información".
La fuente de información puede ser, por ejemplo, la radio o la televisión. De esa fuente de información selecciono lo que a mí me interesa, lo que quiere decir que no se puede identificar alegremente fuente de información con mensaje, algo más frecuente de lo que parece. En una fuente de información puede haber muchos mensajes y, además, seguramente no está el mensaje mismo tal cual el emisor lo va a trasmitir.
Para trasmitir el mensaje necesito, además, un trasmisor o codificador, por ejemplo un ordenador con teclado, en el que escribo un mensaje en español.
Además, necesito un canal por el que trasmitir ese mensaje codificado, que sería en este caso al red de Internet.
Aquí nos podríamos perder en complejas disquisiciones acerca de cuál es exactamente el código que estoy utilizando para trasmitir mi mensaje: ¿es el español en el que lo he escrito o son los bits, los ceros y unos del lenguaje binario, lo que se trasmite al otro lado?
Probablemente se podría hablar de una doble descodificación: la que hace el ordenador con mi mensaje (que yo tecleo en español, pero que él reconoce en ese mismo instante como la habitual ristra de ceros y unos) y la posterior descodificación que hace el ordenador de mi amigo brasileño al recibir el mensaje, a lo que quizá deberíamos añadir uan tercera descodificación, la que hace mi amigo al traducir el mensaje del español al brasileño.
Si somos estrictos, deberíamos hablar de una cuádruple descodificación, pues cuando leemos algo, incluso en nuestro propio idioma, estamos aplicando nuestro conocimiento de un código al desciframiento de unas manchas de tinta sobre un papel, o de unas luces coloreadas en la pantalla de un ordenador.
Pensándolo bien, se trata de una quíntuple descodificación, pero este asunto no me interesa ahora, afortunadamente.
Lo importante es que, como se ve claramente en el esquema de Shannon, el mensaje enviado y el recibido no es el mismo mensaje: ha sufrido, en su paso del emisor al destinatario, diversas trasformaciones y descodificaciones.
Ni siquiera podemos identificar la señal trasmitida con la señal recibida.
Supongo, a primera vista, que por dos razones: porque la naturaleza misma del canal que empleemos influirá sobre ella (a la manera del célebre "el medio es el mensaje" macluhiano), pero también porque en la trasmisión de todo mensaje hay ruido, como se indica claramente en el esquema. El ruido son todos los elementos que son trasmitidos sin que el emisor tenga intención de hacerlo, puede ser desde ruido literal, que impida escuchar bien el mensaje, a cualquier otro tipo de interferencia.
Shannon elaboró su modelo matemático de la información precisamente a causa del ruido, porque lo que quería era encontrar la manera más eficaz de trasmitir un mensaje, sin gastar energía inútil.
Quizá se puede comparar el ruido en la teoría de la información con el calor que se produce en cualquier mecanismo que trasmite o produce energía, desde un cable de la luz que se calienta, a las ruedas de un automóvil o el desgaste del motor. Si eliminásemos todo el calor y el rozamiento, podríamos inventar la soñada máquina de movimiento perpetuo. Del mismo modo, si lográramos trasmitir un mensaje sin ruido, podríamos trasmitir el mensaje perfecto. Pero yo no llevaría la comparación mucho más allá.
Desde hace bastante tiempo me interesa un aspecto del ruido, que no sé si ha sido tratado por los teóricos de la comunicación, porque todavía no he podido leer todos sus libros (deben ser unos cien mil). Ese aspecto es el siguiente: hay ocasiones en las que el ruido se convierte en el mensaje, e incluso supongo, llega a suceder que el mensaje no es otra cosa que ruido.
En mi ensayo acerca del mundo digital (Por qué el mundo digital no es digital) hablé de este asunto, recordando que un barco cercano no ayudó al Titanic porque pensó que las bengalas no eran un mensaje, sino ruido: el ruido de una fiesta en la cubierta del lujoso trasatlántico.
Pero puede suceder lo contrario, como enla paradoja de los indios que ya he emplesado varias veces, y que aquí reproduzco de nuevo, ahora en formato de comic o chiste:

Mensajes de humo
Para estos emisores, el mensaje para los siux es algo así como: "Venid para luchar contra los caras pálidas". El ruido es las imperfecciones en las volutas de humo y tal vez el canal en sí mismo, el humo, que a cualquier soldado americano atento le revelará la cercana presencia de los indios y la intención que tienen de comunicarse a distancia: ése será para el general Custer el verdarero mensaje. Así que los indios están trasmitiendo dos mensajes a la vez, uno a propósito y otro sin quererlo.
Otro ejemplo era el que contaba Malcom Gladwell del puño de morse, que, esta vez sí, es literalmente ruido: los alemanes trasmitían mensajes en morse durante la guerra, pero a los ingleses, al menos hasta que descifraron el impenetrable código enigma, no les interesaban los mensajes en sí mismos, sino el ruido: la diferente manera de trasmitir un mensaje según quien fuese el operador que golpeaba la tablilla del morse. Se habían dado cuenta de que cada operador humano tenía su propio estilo, y que eso podía revelar, junto a la localización del lugar de trasmisión (que sí resultaba sencilla), si las tropas a las que pertenecía ese operador, por ejemplo el Quinto Ejército, se habían desplazado o no.
Es decir, que el ruido no siempre es sólo ruido (probablemente no lo es nunca), sino que en ocasiones es el verdadero mensaje.
Todo esto plantea una cuestión muy interesante, porque, sea lo que sea lo que se trasmita, no sólo es la intención el emisor la que define el mensaje, sino también la del receptor, que puede prescindir del supuesto mensaje y convertir el ruido en el verdadero mensaje.
También Matteo Rampin cuenta curiosos ejemplos de cómo se puede engañar a alguien, como hacen los ilusionistas o los espías, dejándole ver todo, pero distrayéndole con un mensaje aparente que, en realidad no es más que ruido que sirve para esconder el verdadero mensaje.
Todo ello, sin duda, se podría relacionar con ideas budistas y estoicas, o con la terapia de Erikson y la filosofía constructivista de Watzlawick: no existen las cosas en sí mismas, sino el significado que les atribuimos: lo que para unos es ruido, para otros es mensaje, y a la inversa.

El corte de pelo del diablo y Stagger Lee
The devil's haircut es una de las mejores canciones de Beck. La grabó en 1996 con la ayuda de los Dust Brothers en la mesa de mezclas. Está fabricada con un montón de influencias, que se superponen en las pistas. Una de las más perceptibles es la canción de Them (el gupo de Van Morrison) I can only give you anything, pero también hay fragmentos de temas de James Brown o la batería de Bernard Purdie.
Las influencias continúan en el vídeo promocional, en el que es fácil reconocer dos grandes películas: Cowboy de medianoche y Los 400 golpes, de Truffaut.
Es curioso porque el efrecto de zoom del final de Los 400 golpes, que se imita en el vídeo de Beck fue fruto de un error, pues Truffaut no grabó tomas alternativas para mostrar un primer palno de su protagonista, así que tuvo que trucarlo en montaje. Yo recuerdo haber trabajado con aquello que entonces en España se llamaba precisamente "la truca", que era un método casi tan simple y primitivo como hacer collages con papeles recortados.
La especie de zoom al rostro de Antoine Doinel que hace Truffaut resultó con mucho grano, precisamente porque al aumentar el tamaño se perdía inevitablemente definición. Y sin embargo, es un efecto poderosísimo, que fue para el gran montador Walter Murch una de las grandes influencias de su vida.
La letra es muy extraña, llena de frases entrecortadas de difícil interpretación, al estilo de muchos temas de Bob Dylan. Además, hay varias versiones de la letra en cada una de sus versiones. No sé si la que pongo a continuación es la misma del vídeo:
Something's wrong 'cause my mind is fading
And everywhere I look there's a dead end waiting
Temperatures dropping at the rotten oasis
Stealing kisses from the leperous faces
Heads are hanging from the garbage man trees
Mouthwash, jukebox, gasoline
Pistols are pointing at a poor man's pockets
Smilin' eyes whippin' out of their sockets
Got a devil's haircut in my mind
Got a devil's haircut in my mind
Got a devil's haircut in my mind
Got a devil's haircut in my mind
Love machines on the sympathy crutches
Discount orgies on the dropout buses
Hitching a ride with the bleeding noses
Coming to town with the briefcase blues
Got a devil's haircut in my mind
Got a devil's haircut in my mind
Got a devil's haircut in my mind
Got a devil's haircut in my mind
Something's wrong 'cause my mind is fading
Ghettoblasting, disentegrating
Rock and roll, know what I'm saying?
And everywhere I look there's a devil waiting
Got a devil's haircut in my mind
Got a devil's haircut in my mind
Got a devil's haircut in my mind
Got a devil's haircut in my mind
Got a devil's haircut in my mind!
Got a devil's haircut in my mind!
Devil's haircut in my mind!
El propio Beck dijo que la canción era una especie de actualización del clásico Stagger Lee, que han interpretado decenas de cantantes, incluido el propio Beck, que la grabó en un estilo muy antiguo, lento, semejante al de sus compositores originales.
La canción se remonta ni más ni menos que al siglo XIX (1895) y trata del asesino convicto Stagger Lee, que murió en la cárcel hacia 1912. Stagger Lee mató a un amigo tras una discusión, tal vez causada porque el amigo le había ganado a los dados el sombrero, como se cuenta en la canción.
La versión de Misssissipi John Hurt en 1928 marcó el estándar que desde entonces se imitó.

Mississipi John Hurt: Stagger Lee
Sin embargo, las variaciones a veces son tremendas, como en la velocísima de como Lloyd Price, el intérprete de la más inolvidable versión de Personality.
La versión de Lloyd Price tuvo que volver a grabarse censurada, pero siguió vendiéndose en sus dos versiones y la no censurada alcanzó el número 1 en las listas de ventas.
The night was clear, and the moon was yellow
And the leaves came tumblin' down. . .
I was standin' on the corner
When I heard my bull dog bark.
He was barkin' at the two men
Who were gamblin' in the dark.
It was Stagger Lee and Billy,
Two men who gambled late.
Stagger lee threw a seven,
Billy swore that he threw eight.
"Stagger Lee," said Billy,
"I can't let you go with that.
"You have won all my money,
"And my brand-new Stetson hat."
Stagger Lee went home
And he got his .44.
He said, "I'm goin' to the ballroom
"Just to pay that debt I owe."
Go, Stagger Lee
Stagger Lee went to the ballroom
And he strolled across the ballroom floor.
He said "You did me wrong, Billy."
And he pulled his .44.
"Stagger Lee," said Billy,
"Oh, please don't take my life!
"I've got three hungry children,
"And a very sickly wife."
Stagger Lee shot Billy
Oh, he shot that poor boy so hard
That a bullet went through Billy
And broke the bartender's bar.
Go, Stagger Lee, go, Stagger Lee!
Go, Stagger Lee, go, Stagger Lee!
Stagger Lee es sin duda una de las canciones más estudiadas e interpretadas. Alguien ha contado al menos 420 versiones y hay ensayos en los que se analizan decenas de asuntos interesantes relacionados con la canción y el personaje de Stagger Lee, por ejemplo, hay un ensayo muy interesante acerca del mensaje oculto que esconde la versión de Lloyd Price. Puedes ller estos artículos en The Stagger Lee Files: Exploring and Decoding the Legend of the Black Badman Known as Stagger Lee.

Máscaras y blogs
Un montaje de fotos para un blog que no llegué a estrenar.
Copié la idea de la página web de Roser Amills, pero como ahora la ha cambiado tanto no sé cómo encontrar su montaje fotográfico. Aprovecho para recomendarte que visites ese inagotable y fascinante blog de Roser y otro nuevo que tiene un título muy ingenioso:
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Entrevista en El planeta de los libros
El primer fragmento de la larga pero espero que interesante entrevista que me hizo Nieves Martín en El planeta de los libros, en Radio Círculo.
El apagón analógico (o encendido digital)
En España se inició ya hace unos meses, y se completará este mes de abril, lo que los pesimistas llaman el apagón analógico y los optimistas el encendido digital. Es decir, el fin de la emisión analógica por parte de las operadoras de televisión. Ahora la señal se trasmitirá digitalmente. En el resto del mundo el apagón también se ha iniciado, o se iniciará en los próximos meses o años.

Este apagón es el primer paso para que se cumpla la predicción que hizo Nicholas Negroponte en El Mundo digital (1995), que la televisión, el ordenador y el teléfono acabarían siendo el mismo aparato. Ahora mismo se están produciendo las últimas resistencias ante lo inexorable: que el ordenador y televisión sean lo mismo, y algunos han inventado la TDT de pago no sólo para hacer negocio, sino para impedir que los usuarios manejen la tele como manejan el ordenador. Pero es sólo cuestión de tiempo la fusión total, que quizá obligue a dar un nuevo nombre al artilugio resultante ¿telecomputer?, ¿visionador?, ¿telenet?, ¿intervisor?
En Recuerdos de la era analógica el encendido eigital parece jugar un cierto papel en la trama, pero no el primero, sino el Segundo Encendido Digital, que no sé cuándo se producirá ni en qué consistirá exactamente, aunque algo se puede intuir, especialmente si se consulta el índice analítico que se incluye al final del libro.
Libros
En el repaso a mis libros, entre Nieves y yo mencionamos algunos como Las paradojas del guionista o La verdadera historia de las sociedades secretas, pero también los que escribí hace muchos años, cuando era lo que suele llamarse un genio precoz (luego me convertí en lo que se llama "un genio precoz fracasado", muy frecuente también): cuentos de terror en la Biblioteca Universal de Misterio y Terror; biografías de cantantes y grupos musicales como Deep Purple, AC-DC o Edith Piaf; libros juveniles como La espada mágica; monográficos sobre productos de América, como La patata y El chocolate, un cuento erótico publicado en Interviu, etcétera.
En paralelo, yo mismo me autoeditaba mis propios libros en tiradas de un sólo ejemplar, o de cinco a seis si se trataba de la revista Esklepsis.


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| "Los últimos de Yiddi" | "La botella del Tíbet" | "El panteón de los Ugarte" | "El vampiro del abuelo" |
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| "Muerte bajo el arco" | "Viaje al más allá" | "La narración de James Boscombe" |
Libros y cuentos publicados
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Algunas autoediciones de un total de unas 30
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Mi ¿perdido? ardor polémico
Hace unos días me dejé llevar por el ardor polémico, algo que me sucede raramente, y de lo que siempre acabo arrepintiéndome, no sólo porque una de sus consecuencias sea el ardor de estómago posterior.
Ahora, al buscar un artículo al azar en uno de mis blogs, he encontrado una entrada que parece responder a mis inquietudes. Si creyera en las casualidades significativas aquí tendría una buena ocasión para reforzar mi creencia, aunque tal vez sea preferible considerar otras hipótesis, como que los ordenadores piensan y quieren ayudarnos: al fin y al cabo, Marvin Minsky, uno de los grandes teóricos de la inteligencia artificial, decía que los termostatos pensaban.
En fin, aquí está el texto, que escribí en 2003
Hace unas semanas, en una noche deliciosa, mi amigo Marcos me decía que prefería al Daniel de antes, combativo y polémico y no a este tan educado y contemporizador.
La verdad es que yo prefiero a este, aunque me veo tan polémico como siempre, pero quizá sí, es cierto, más contemporizador y suave. Mi ardor polémico no ha disminuido, sino que se ha modificado.
En su momento, pero esto ya sucedió mucho antes de la época recordada por Marcos , ya hubo un primer cambio, cuando me di cuenta de que me gustaba polemizar pero ahora casi siempre diciendo cosas qué pensaba de verdad y en las que creía.
Anteriormente, en el colegio Mireia de Barcelona, cuando tenía unos doce años, recuerdo que con mis amigos Oli Petteri y Ricard Mas nos gustaba polemizar con los creyentes. Luego, en Madrid, me junté mucho tiempo con mi amigo Pablo Arnau, e íbamos discutiendo con todo el mundo fuera de lo que fuera.
Mi madre y mi hermana decían que estaba dominado por el demonio de la contradicción y yo me identificaba con todos los polemistas y especialmente con el Adolphe de Benjamín Constant.
"Si alguien dice negro, decían mi madre y mi hermana, tú dices blanco, y si alguien dice blanco, tú dices negro".
Seguramente era verdad, pero yo me defendía diciendo que lo que yo discutía no era “negro" o "blanco", sino la manera de decir negro o la manera de decir blanco. En realidad, sigo haciendo lo mismo y la mayoría de las veces no discuto una cuestión concreta y exacta, sino la manera de encarar esa cuestión.
Esa identificación con Benjamin Constant tenía que ver con un pasaje de su Adolphe, que incluí en el primer número de mi revista Esklepsis (1994):
Otras veces, harto yo mismo de mi silencio, me entregaba a ciertas bromas, y mi ingenio, al ponerse en movimiento, me arrastraba más allá de toda mesura. Revelaba en un día las ridiculeces que había observado durante un mes. Los confidentes de mis súbitas efusiones no me las agradecían en absoluto, y tenían razón, ya que era la necesidad de hablar lo que se apoderaba de mí, y no la confianza. En las conversaciones con la mujer que, la primera, había contribuido a desarrollar mis ideas, contraje una inflexible aversión hacia todas las máximas comunes y todas las fórmulas dogmáticas. Así pues, cuando yo oía cómo la mediocridad se complacía en disertar sobre unos principios muy establecidos, muy incontestables, sobre moral o religión, me sentía llevado a contradecirla, no porque yo hubiese adoptado opiniones opuestas, sino porque me impacientaba ante una convicción tan firme y tan pesada. No sé qué clase de instinto me advertía, además, para que no me fiase de esos axiomas generales tan exentos de toda restricción, tan puros de todo matiz. Los necios hacen de su moral una masa compacta, para que se mezcle lo menos posible en sus acciones y los deje libres en todos los detalles.
(Benjamin Constant, Adolphe)
Y allí, en Esklepsis 1, añadí este comentario
Este texto me gustó cuando lo leí hace ya muchos años y escribí un comentario. Bastante tiempo después lo clasifiqué entre mis escritos con el siguiente encabezamiento: Defensa de la forma contra el fondo. Contra los tópicos. Disentir en una conversación por aversión hacia el dogmatismo y los lugares comunes. En defensa de los matices. El comentario era el siguiente:
En alguno de mis cuentos he intentado decir lo mismo que Benjamín Constant expresa con tan aguda sencillez. Creo que en El Hombre de Budapest, donde uno de los personajes dice:
"El que yo discuta tus argumentos no significa que esté en desacuerdo con ellos, no contradigo tus ideas, sino, más bien, el modo en que las defiendes".
A menudo se me ha acusado de contradecir a los demás por el simple placer de la discusión; se me reprocha, asimismo el que si uno dice blanco yo digo negro, y si otro dice negro, yo digo blanco. Repito lo anterior: en esas ocasiones no discuto si algo es blanco o negro, tan sólo intento señalar la fragilidad, a veces la falsedad, del razonamiento que lleva a decir blanco o a decir negro. Cito otro de mis cuentos, El Duelo:
"Todos podemos estar de acuerdo en mejorar el mundo, pero lo que realmente importa es el método que propone cada cual".
Creo que en mi actitud y en la de Constant pueden adivinarse las huellas de la erística.”
Hasta aquí aquel comentario. Sólo añadiré que en Grecia se llamaba eristikoi a los que practicaban el arte de la disputa (eris=discordia), y que mi espíritu de contradicción se ha atenuado con el paso de los años. Ahora suelo dirigirlo a personas ya muertas o distantes, es decir: a los autores de los libros que leo."
(Esklepsis 1)
Para terminar con esta ristra de comentarios anidados en comentarios, añado otro comentario de agosto de 2003, publicado en alguno de mis blogs:
Así que en este comentario a un comentario de un comentario, me gustaría añadir que, como ya he dicho en alguna ocasión en este weblog de verano, mi actual moderación viene de lejos. No soy desde hace tiempo un disputador profesional. De todos modos, es cierto que hay algunas situaciones en las que mi ardor polémico regresa. Por ejemplo, cuando mis interlocutores justifican de algún modo la injusticia o la crueldad, o cuando la afición de criticar a los demás llega a hacerse no ya aburrida, sino insoportable.
Pero desconfío mucho de la elocuencia y de los razonamientos deslumbrantes y arrebatadores, pues con ellos casi siempre se obtienen victorias pírricas. Una vez disipado el humo de nuestro artificio verbal, no hay nada debajo: los que hoy parecen convencidos por nuestros razonamientos, al poco tiempo vuelven a pensar lo que pensaban.
Además, cuando uno quiere tener razón a toda costa, a menudo se ve obligado, en el calor de la discusión, a ir inventando sobre la marcha argumentos y pruebas en los que realmente no cree, y a opinar con firmeza cosas de las que ayer mismo dudaba.
Agustín de Hipona decía: "La discusión es la única batalla en la que el que pierde, gana".
Sé que cito demasiado a menudo esta frase. En mi defensa sólo puedo decir que, además de citarla, creo que es cierta.
Así que, después de recordarme a mí mismo todo esto, espero no recaer en este antiguo vicio.
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Publicado en Esklepsis 4, tinta negra aplicada con sello de caucho sobre papel japones de trama gruesa y pétalos de flor.
Ex libris
En el número 4 de Esklepsis (1998) inicié una sección dedicada a mis ex libris. Los ex libris, que yo preferiría escribir como una única palabra (exlibris), son las marcas que un lector o una biblioteca pone en los libros para dejar claro que le pertenecen. Yo he usado diversos exlibris a lo largo de mi vida de lector, pero tal vez éste sea mi favorito.
Se trata de una muchacha india que escribe en un libro de la época (una tableta de arcilla fresca). Es quizá una buena muestra de que ya hace cientos o miles de años (no sé a qué época pertenece la estatua) existía un formato de libro que era incluso más incómodo que el que todavía domina (libros editados en papel), porque es cierto que un único libro es comodísimo, pero una biblioteca de 3000 libros empieza a complicarle a uno la vida, especialmente en un traslado a una casa en un quinto sin ascensor. Imaginemos que pasaría si todavía usáramos el formato o hardware que usa la muchacha india.

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Marcos Méndez Filesi en su laberinto
Hace una o dos semanas, Marcos Méndez Filesi fue invitado al programa "Las noches blancas", de Sánchez Dragó, para hablar de su libro El laberinto, historia y mito.
La entrevista es especialmente divertida para quienes conocemos a Marcos, porque él tiene un gran desparpajo social pero sufre algo parecido a un bloqueo en las ocasiones solemnes, cosa, que por otra parte nos suele pasar también a quienes carecemos de su desparpajo cotidiano. Lo divertido en él es ese contraste, porque en los que somos más uniformes y monótonos no resulta tan llamativo el cambio de registro.
En el programa hablan de catedrales, laberintos y, especialmente, del monasterio de El Escorial, con una cierta inclinación por parte de la mayoría de los presentes hacia el aspecto esotérico, cosa nada extraña, e incluso razonable, dados los temas a debate. Marcos se convierte en el inevitable representante de un cierto escepticismo, pero siempre la polémica es llevada con humor y amabilidad.
Puedes ver el programa en la pantalla de Youtube incrustada a continuación y desde allí continuar (el vídeo está dividido en siete partes).
El laberinto, historia y mito (Marcos Méndez Filesi)
Creo que es fácil encontrar el libro en cualquier librería, pero puedes acceder al ejemplar (a los ejemplares) de La casa del libro haciendo click en la imagen.
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Libros en el Margarita Blue
El próximo viernes es Sant Jordi, día del libro. En Cataluña las calles se llenan de tenderetes con libros y rosas.
Para celebrar el Sant Jordi de este año, en el local Margarita Blue de Barcelona, que vale la pena visitar en cualquier fecha, organizan una sesión con libros, música, copas y tertulias. Allí habrá, además, libros de muchos autores que, además, se pasarán por allí a firmar.
África Hernández, Albert Tugues, Álvaro Farré,Amelia Romero, Anna Forés, Azarai Hermoso Azuaje, Bárbara Brnčić Monsegur, Bartolomé Ferrando, Carlos Zanón, Daniel Tubau, David Barba, Edith G. de Hermoso, Eduardo Braier, Erika Lust, Fernando Sáenz, Ferran Ramon-Cortés, Goya Gutiérrez, Gustavo Vega, Isabel Núñez, Ivan Tubau, José Manuel Hermoso, Josep Anton Soldevila, Juan Pablo Roa, Marcos Méndez Filesi, Martí Gironell, Mercè Castro, Natalia Tubau, Octavi Serret, Roser Amills, Rubén García Cebollero, Santi López Villa, Silvia Rins, Tònia Passola, Vicenç Altaió, Yuri Mykhaylychenko
No sé si te has fijado en que hay tres autores de la misma familia: Iván Tubau, Natalia Tubau y Daniel Tubau, que soy yo. Además, están mis dos queridos amigos Roser Amills y Marcos Méndez Filesi.
Algunos de los libros:
Lais per amants distinguits (Roser Amills)
Guía de arquitectura insólita (Natalia Tubau)
El laberinto, historia y mito (Marcos Méndez Filesi)
Semen, de Iván Tubau
Uno solo, por favor (Roser Amills)
Matar a Victor Hugo (Iván Tubau)
Periodismo oral (Iván Tubau)
Las paradojas del guionista (Daniel Tubau)
Recuerdos de la era analógica (Daniel Tubau)
La verdadera historia de las sociedades secretas
(Daniel Tubau)
Sant Jordi al Margarita blue
Viernes 23 de abril de 17,30 a 21h
c/ Josep Anselm Clavé, 6. metro Drassanes (L3)

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Lingüistas contra tipógrafos
En el número 6 de la revista Donde dice..., que edita la Fundeu (Fundación Español Urgente) hay varios artículos dedicados a la ortotipografía.
La ortotipografía es la ortografía vista desde el punto de vista de los tipógrafos, punto de vista que no siempre coincide con el de los lingüistas.

Me da la impresión de que estoy más cerca de los tipógrafos, al menos en algunos aspectos curiosos.
Por ejemplo, los tipógrafos escriben:
La palabra de marras (talud) había sido pronunciada...
El piojo (Pediculus humanus) afecta especialmente...
La película a que me refería (La Reina de África) estaba protagonizada por...
Mientras que los lingüistas prefieren:
La palabra de marras (talud) había sido pronunciada...
El piojo (Pediculus humanus) afecta especialmente...
La película a que me refería (La Reina de África) estaba protagonizada
por...:
Es decir, no ponen en cursiva los paréntesis que encierran a una palabra en cursiva:
Aducen que los paréntesis no pertenecen a lo encerrado por ellos, sino al texto general en que se insertan (el discurso).
Pero los tipógrafos responden, tal vez con razón:
Tales paréntesis, más que al discurso, pertenecen, propiamente, a lo encerrado por ellos (sin lo cual, en efecto, carecen de sentido) y, en consecuencia, deben mantener su misma grafía.
La única pega que se puede poner a la norma anterior es que hay casos en los que tenemos en el paréntesis palabras normales (lo que los editores llaman en redonda) y palabras en cursiva. En tales casos, ¿qué hacemos? Porque podríamos encontrarnos con extravagancias como:
(mazacote es la palabra buscada)
(la palabra buscada es mazacote)
Es decir, poner en una misma frase un paréntesis en redonda y otro en cursiva. En estos casos, los tipógrafos aceptan poner los dos paréntesis, el de apertura y el de cierre, en redonda.
Ahora bien, ¿que sucede si todo el texto está en cursiva y sólo hay una o dos palabras en redonda en algún paréntesis?
Supongo que entonces habría que poner los paréntesis en cursiva.
Interesante. Siempre hay una excepción para cada cosa. Pero a partir de ahora seguiré el consejo de los tipógrafos, variando mi costumbre de poner todos los paréntesis en redonda, aunque quizá acabe cambiando de opinión otra vez.
Otro día contaré algún otro ejemplo de esta divertida guerra entre lingüistas y tipógrafos.
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Elogio del egocentrismo, por Raymond Smullyan
Siempre me ha molestado el gran prejuicio que hay contra el egocentrismo. ¿A qué se debe? ¿es fruto de que se nos ha enseñado que no debemos ser egocéntricos?, ¿tenemos celos de quien carece de esta inhibición?
Es evidente que existe egocentrismo y egocentrismo.
Como a la mayoría, me molesta el tipo de egocentrismo poco amoroso y pesimista con el que en ocasiones nos solemos topar.
Creo que se ha de establecer una clara distinción entre el egotismo, en el sentido de 'amor a sí mismo', y lo que podríamos denominar ego-asertividad. Siempre he odiado a la gente ego-asertiva, mientras que amo a la gente que se ama a sí misma.
Las personas ego-asertivas suelen tener mucho poder a la hora de dirigir y manipular a otras personas, por lo que no es extraño que no nos gusten. Pero una persona que es puramente egocéntrica, normalmente se contenta con alabarse a sí mismo y no considera necesario despreciar a los demás.
Alguien me dijo una vez: "Creo que una persona ego-asertiva necesita de los demás, aunque sólo sea para afirmar su ego contra ellos, mientras que una persona egocéntrica sencillamente no necesita de los demás para nada".
Estoy de acuerdo con la primera parte de esta afirmación, pero tengo dudas respecto a la segunda parte. Yo diría que una persona verdaderamente egocéntrica (en el mejor sentido de la palabra) necesita a otros. Tomádme como ejemplo; sin otras personas a mi alrededor ¿a quién impresionaría?
También me molestan mucho los sentimientos de vergüenza y culpa que las personas tienen con respecto a su egocentrismo.
Me gustaría hablar ahora un poco sobre mis supuesto 'egotismo' y luego sobre el 'egotismo' de los demás.
Una vez, en un estado de felicidad, hice el siguiente poemilla titulado "Egotistas":
La mayoría odia a los egotistas.
Les recuerdan a ellos.
Amo a los egotistas
Me recuerdan a mí.
En otra ocasión, escribí otro poema, y mi primera intención fue titularlo "Elogio a mí mismo". Sin embargo, este título (aunque deliciosamente egocéntrico) no llega a atrapar el significado más profundo y trágico del poema y por ello cambié el título a "Carezco de ego".
La mayoría de la gente,
Cuando es criticada por ser egocéntrica
Sólo descubre modos inteligentes
Para ocultarlo a los demás.
luego, más tarde
Se vuelven ellos mismos estúpidos
Entonces adoptan la secreta dicha egocéntrica
De imaginarse sin ego.
¡Mi caso es distinto!
Carezco realmente de ego.
Como un solitario huérfano
abandonado.
En mi gozoso grito "No tengo ego"
Pierdo mi ego.
Mi ego permanece
Pero ya no me pertenece.
Estoy tan sorprendido como tú de que el poema acabe siendo tan triste. Originalmente lo planeé para que fuera gozoso, exuberante, exultante y casi desafiantemente egocéntrico; me dejé ir y esperé a ver qué pasaba. La cima del egocentrismo se alcanza evidentemente en la línea: "¡Mi caso es distinto!", que significa que soy mejor que tú, puesto que tú simplemente piensas que has perdido el ego, mientras que yo lo he hecho. Pero luego resulta que el perder mi ego es triste en lugar de alegre. ¿No es algo divertido? ¿Dime, querido lector, te apena que haya perdido mi ego? ¿No? ¿Cómo? Me apenaría si perdierais el vuestro. ¿Cómo es que no os apena que haya perdido el mío?
Tal vez algunos de vosotros, orientados a la religión o la mística, diréis que lo que he perdido es mi ego individual, o ser individual, pero que uno ha de 'matar' a su ser individual antes de poder nacer a su gran-'universal'-ser. No soy contrario a la noción del "Yo universal", ni niego su importancia, pero creo que debe haber algún modo mejor, más sensato de lograrlo que 'matando' al ego individual. Tal vez no se haya encontrado este camino, pero ello no quiere decir que no se halle en el futuro. Y si se encuentra (soy lo suficientemente optimista para creer que sucederá) finalmente descubriremos la síntesis perfecta de la filosofía oriental y la occidental.

Raymond Smullyan en su 90 cumpleaños (2009)
El texto anterior de Raymond Smullyan encabezaba el Pórtico del número 4 (1997) de mi revista Esklepsis. Tras ese pórtico, expliqué por qué había elegido a Smullyan.

AL LECTOR (Esklepsis 4)
Me gusta mucho esta defensa del egocentrismo que he tomado de un libro delicioso de Smullyan: Misterioso Tao. No sé exactamente a qué se refiere Smullyan con lo de "ego-asertividad". Supongo que a aquellos que creen que el mundo gira en torno a ellos y que imponen a los demás su manera de ver las cosas, que no son capaces de mirar más alla de sí mismos ni darse cuenta de que los demás son los demás, es decir, otros yoes, con los que hay que dialogar, y no monologar. Aquellos que se pueden identificar con lo que decía el famoso cohete de Oscar Wilde:
-Está bien, dejemos de hablar de mí y hablemos de ti: ¿qué opinas de mí?
Al principio, este número de Esklepsis iba a estar lleno de temas chinos. Además de la sección de poesía dedicada a Bai Juyi, del Pórtico ¿taoísta? de Smullyan y de la crítica del libro de James Walley, había incluido una reconstrucción del libro de Huang Ti en la sección Los libros perdidos, que he tenido que quitar pues excedía las 20 páginas.
Así que había pensado que quizá a alguien le parecería que había demasiados chinos, pero, en una defensa agresiva pensaba decir que por qué no se dice que hay muchos occidentales cuando se trata de autores occidentales. Se da por supuesto que lo normal son los temas y los autores blancos, varones y occidentales. Cuando estos abundan a nadie le llama la atención, pero si hay demasiadas mujeres o demasiados chinos, ya parece que estamos ante un monográfico o algo parecido.
También he postergado la publicación de un artículo erudito y extravagante de un especialista en culturas prehispánicas que compara a los mayas con los hindúes. Espero publicarlo en el número 5.
He tardado mucho más de lo que esperaba en publicar este número. Ahora creo que publicaré el número 5 muy pronto, pero eso mismo pensaba respecto a este número. (1997)
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Arte poética
Dicen que Verlaine fue parnasiano y después simbolista, que despreció a los románticos y fue un maldito, pero yo sospecho que fue bastante más que todos esos datos que no significan casi nada y que nos ocultan, en vez de mostrárnoslo, a Verlaine.
Art Poétique
De la musique avant toute chose,
Et pour cela préfère l’Impair
Plus vague et plus soluble dans l’air,
Sans rien en lui qui pèse ou qui pose.
Il faut aussi que tu n’ailles point
Choisir tes mots sans quelque méprise:
Rien de plus cher que la chanson grise
Où l’Indécis au Précis se joint.
C’est des beaux yeux derrière des voiles,
C’est le grand jour tremblant de midi,
C’est, par un ciel d’automne attiédi,
Le bleu fouillis des claires étoiles!
Car nous voulons la Nuance encor,
Pas la couleur, rien que la nuance!
Oh! la nuance seule fiance
Le rêve au rêve et la flûte au cor!
Fuis de plus loin la Pointe assassine,
L’Esprit cruel et le Rire impur,
Qui font pleurer les yeux de l’Azur,
Et tout cet ail de basse cuisine!
Prends l’éloquence et tords-lui son cou!
Tu feras bien, en train d’énergie,
De rendre un peu la Rime assagie.
Si l’on n’y veille, elle ira jusqu’où?
O qui dira les torts de la Rime?
Quel enfant sourd ou quel nègre fou
Nous a forgé ce bijou d’un sou
Qui sonne creux et faux sous la lime?
De la musique encore et toujours!
Que ton vers soit la chose envolée
Qu’on sent qui fuit d’une âme en allée
Vers d’autres cieux à d’autres amours.
Que ton vers soit la bonne aventure
Eparse au vent crispé du matin
Qui va fleurant la menthe et le thym…
Et tout le reste est littérature.
El último verso ("Y todo el resto es literatura") lo empleé hace tiempo para la página en la que reúno todo lo que por aquí escribo relacionado con escritores y literatura: El resto es literatura.
Poco a poco estoy recuperando textos perdidos en los últimos meses; los últimos han sido los de Shakespeare: William Shakespeare.
Pero el título de esa página me vino al recordar a Leo Ferré cantando el Arte poética de Verlaine, donde lleva a la práctica, tal vez, lo que el poema pide: que la poesía sea música.
A continuación, una traducción de Estebán Torre, del poema de Verlaine, intraducible como todo poema, ya se sabe, que es, además, en rima, y que, sin embargo, creo, no está mal. Aunque yo de arte poética apenas sé nada, aunque intento aprender con la ayuda de mi padre (supongo que soy el único poeta que permite y pide que le ayuden a cambiar sus versos malos).
Arte poética
Prefiere la música a toda otra cosa,
persigue la sílaba impar, imprecisa,
más ágil y más soluble en la brisa,
que –libre de lastre– ni pesa ni posa.
Que vuestra palabra tenga un indeciso
y equívoco paso, si lo decidís.
Nada más hermoso que la canción gris,
donde lo indeciso se une a lo preciso.
Detrás de los velos, las miradas bellas.
En el mediodía, una luz que oscila.
Un cielo de otoño templado perfila
un confuso azul de claras estrellas.
Matiz, claroscuro, veladura sola.
Nada de color. Sólo los matices.
El matiz compone parejas felices
entre sueño y sueño, entre flauta y viola.
Aleja de ti la punta asesina,
la gracia cruel y el rictus de hielo,
que harían llorar los ojos del cielo
con todo ese ajo de mala cocina.
Coge la retórica y amordázala.
Sujeta la rima, y dale sentido
a esa carambola de vano sonido,
que, si la dejamos, ¿hasta dónde irá?
¡Ah, la sinrazón de la pobre rima!
¿Qué párvulo sordo, qué negro mochales,
nos forjó esa joya de cuatro reales
que suena a oropel hueco con la lima?
La música siempre, y en tono menor.
Que tu verso sea fugaz y suave,
sutil y ligero, como vuelo de ave
que busca otros cielos y otro nuevo amor.
Que tu verso sea la buena ventura
esparcida al aire de la madrugada,
que huele a tomillo y a menta granada…
Todo lo demás es literatura.

Le dedico esta entrada a mi hijo Bruno, porque sé que está leyendo a Rimbaud, y tal vez a su amigo Verlaine.
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Zhuang zi, libro dos
Continúo aquí el comentario al Zhuang zi, Puedes leer los comentarios anteriores con este enlace:
Zhuang Zi Libros interiores
Libro 2 Qí wù lùn (齊物論)
Capítulo 1 Identidad de las cosas y discursos
(o Identidad de los seres)
El segundo libro del Zhuang zi, es uno de los libros interiores, es decir los que se consideran menos dudosos en cuanto a la autoría del maestro Zhuang.
La primera dificultad que ofrece es su título, que se traduce de maneras muy diferentes. En la versión que he elegido para las citas, que pertenece a la edición de la editorial Trotta de los capítulos interiores, traducidos por Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer, el título tiene un cierto aroma confuciano, pues "Identidad de las cosas y discursos" puede recordarnos la doctrina de la rectificación de los nombres de Confucio.

Confucio
La rectificación de los nombres
Uno de los asuntos que más preocupaba a Confucio era que los nombres designasen correctamente las cosas, pero también que las cosas que recibían un nombre lo merecieran realmente. Un padre que no actúa como padre deja de merecer ese nombre. Un príncipe que no actúa como el concepto de príncipe nos dice que ha de actuar un príncipe no merece ser llamado príncipe.
La doctrina de la rectificación de los nombres llegó a servir para justificar, especialmente en el confuciano Mencio, la desobediencia a un rey, pues al no cumplir con sus deberes, por ejemplo el de alimentar y proteger a su pueblo, dejaba de comportarse como un rey y perdía, por tanto, el mandato del Cielo, que era la fuente de legitimación de los monarcas en China, incluso antes de que China existiera como tal.
Esta idea de que los soberanos tienen que tener el mandato del Cielo para gobernar puede parecernos extraña y primitiva, pero no es muy diferente de la que sostenía a las monarquías europeas, que gobernaban "por la gracia de Dios", una gracia que, por otra parte, era interpretada a su antojo por el Papa.
Esa idea se halla en el origen de las monarquías que todavía sobreviven en Europa (como la española y la británica), aunque ahora se ha traducido "gracia divina" por "mandato constitucional", para intentar escapar del absurdo y el anacronismo que supone que alguien gobierne simplemente porque pertenece a una familia determinada.
Los chinos al menos se libraron de una clase sacerdotal con suficiente poder como para hacer y deshacer imperios, excepto quizá en momentos concretos de su historia, como en la época de la emperatriz Wu Zetian.
También en Europa, por cierto, hubo justificaciones del regicidio y el tiranicidio procedentes de los interpretadores de la voluntad de Dios, que, como Mencio, aplicaban algo semejante a la rectificación de los nombres. Así, Juan de Salisbury decía que si un príncipe no actuaba como tal y descuidaba las necesidades de su pueblo ya no era propiamente un príncipe y podía ser depuesto o asesinado.
(No puedo citarlo aquí porque creo que mi edición del Policraticus de Salisbury la tiene mi amigo Marcos)
Volviendo al título de este segundo libro del Zhuang zi, otros lo traducen de una manera que no recuerda a Confucio, sino que parece más una propuesta metafísica u ontológica (la ontología estudia cuál es la esencia de la realidad).
Iñaki Preciado Ydoeta traduce el título como De la unidad de los seres. Álex Ferrara, en su versión de la traducción inglesa de Burton Watson, Discurso acerca de la igualdad de las cosas. En cuanto a Carmelo Elorduy, traduce: Identidad de los seres.
Por eso he considerado necesario ofrecer dos traducciones del título. Ya he examinado la primera, la de Pilar González España y Jean Claude Pastor-Ferrer, que es la única que parece establecer esa correspondencia confuciana entre cosas y discursos.
En los otros casos, se detecta una idea, la de la identidad de los seres, la igualdad de las cosas, la unidad de los seres, que es muy distinta de la otra.
Como señala Elorduy, la identidad de los seres parece decirnos que todas las cosas son iguales, aunque nosotros las hagamos diferentes al separarlas y distinguirlas.
Sin embargo, al menos por el momento, no sé si debemos aceptar la idea de Elorduy de que las cosas no sólo son iguales, sino que son igualmente buenas. Él lo compara con la opinión de Heráclito:
Todas las cosas en la divinidad (mundo) son bellas, buenas y justas. Son los hombres quienes las estiman unas justas y otras injustas.
Pero cuando avancemos en la lectura de este capítulo obtendremos ciertas pistas que pueden aclarar la cuestión.
Dejo entonces aquí la discusión acerca del título de este segundo libro del Zhuang zi para comenzar a analizar su primer apartado.
Capítulo 1 La música del cielo
Ziqi de Naguo, reclinado en su diván,
Hacia el cielo suspiraba extasiado,
como privado de su cuerpo.
Yancheng Ziyou, de pie a su lado,
le preguntó: «¿Qué te ocurre?
¿Cómo has podido convertir
tu cuerpo en un tronco seco,
y en cenizas muertas tu mente?
¡El hombre aquí ahora mismo tumbado
no es el hombre de ayer!».
Y Ziqi respondió:
«¿Sabes? Hace un momento he perdido mi yo.
Aunque oigas la música de los hombres,
no oyes la música de la tierra.
Aunque oigas la música de la tierra,
no oyes la música del cielo».
Ziyou quiso entender ese misterio.
«Viento es lo que exhala la Tierra respirando
- dijo Ziqi -. Inmóvil hasta que se levanta
y braman con furia todas las oquedades.
Allí, en las montañas,
en los bosques profundos,
las hendiduras de los gigantes troncos
son como narices, bocas, orejas,
muescas, tazas, morteros,
hoyos y hondonadas: todos ellos
susurran, silban, chillan,
sollozan, rugen, vociferan.
Unos llaman y otros son eco.
Unos son dulce brisa, otros
huracán desaforado.
Cuando el viento poderoso se detiene,
las oquedades se vacían de silencio.
¿No has visto tú la danza última
de las hojas, de las ramas
el último temblor?» .
Ziyou replicó entonces:
«Si la música de la Tierra
proviene de estas oquedades;
y si la música de los hombres
proviene de las flautas de bambú;
¿de dónde viene la música del Cielo?».
«La música del Cielo - dijo Ziqi -
¿de dónde viene ese soplo múltiple y plural
que penetra en cada cosa
y que cada cosa inhala por sí misma?».
Ziqi (o Tzu-Ch'i) era, dice Elorduy, hermano del rey Chao del estado de Ch'u y ministro de la guerra del rey Chuang.
No resulta sencillo averiguar a qué reyes se refiere Elorduy, porque él todavía usa la transcrición china clasica de los nombres chinos (la Wade-Gilles) y no el pinyin creado en la República Popular china en los años 70 del siglo XX. Pero he deducido que el rey Chao de Chu podría ser:
Chu Zhaowang 楚昭王 (Mi Zhen 芈軫) Rey de Chu en -515/-489
En cuanto al rey Chuang, supongo que es su sucesor:
Chu Huiwang 楚惠王 (Mi Zhang 芈章) Rey de Chu en -488/-432
En las líneas anteriores, lo que está entre paréntesis es el nombre personal del rey, del mismo modo que los Papas tienen un nombre personal, que cambian al acceder al pontificado.
Es importante saber quiénes son estos reyes porque el que se mencionen en el Zhuang zi nos puede dar una pista acerca de la fecha de composición del libro y ofrecernos lo que en cronología se llama la fecha post quem. Es decir la fecha después de la cual tuvo que ser escrito el libro: si en el Zhuang zi se menciona a un rey determinado, entonces está claro que tuvo que ser escrito durante o después de que existiera ese rey (excepto que haya habido interpolaciones posteriores al texto original, claro).
En este caso, los nombres de esos reyes no es de mucha ayuda porque son reyes que vivieron (si mi deducción es correcta) mucho antes de la fecha en que se cree que vivió Zhuang zi (entre el -369 y el -290).
Lo que resulta interesante es que el personaje protagonista de este pasaje sea de familia noble, hermano de un rey y ministro de otro. A no ser que se trate de otra persona, como señalan algunos comentaristas.
En efecto, podría tratarse no del hermano de un rey, sino de Nanguo Ziqi, "el maestro Qi del barrio del sur". En esta dirección apunta el hecho de que quien habla con él, Yancheng Ziyou, era conocido por ser discípulo de Nanguo Ziqi, lo que hace perfectamente razonable que hable con él, en vez de con un noble y ministro de la guerra. Pero como los dos personajes volverán a aparecer en el Zhuang zi, dejo esta investigación para otro momento.
Si nos detenemos ya, por fin, en el pasaje citado, he de decir que ha dado lugar a muchas interpretaciones; algunas de ellas bordean o penetran en la mística, porque Ziqi parece haber abandonado su cuerpo al menos durante un tiempo: "En este tiempo tenía perdido mi yo", explica cuando el discípulo le dice que estaba inmóvil como un tronco seco e impasible como si su mente se hubiera convertido en "frías cenizas".
En otro momento habrá ocasión de ver si Zhuang zi se refiere a algún tipo de trance que pueda compararse a los alcanzados por ciertas técnicas de meditación, como el samadhi budista. Por ahora sólo me ocuparé de esa música del Cielo.
La música del cielo
Cuando la tierra jadea es lo que llamamos viento. A las veces el viento no se levanta, mas en cuanto lo hace rugen las oquedades todas... penetra el viento por estas cavidades y produce diversidad de sonidos: ora estrépito de torrente, ora el silbar de una flecha, ora semeja un bostezo, o bien profunda respiración.
La Tierra, pues, es como un instrumento musical de viento, o si se prefiere como un organismo vivo que respira, suspira o bosteza.
No sé si la intención de Zhuang zi es adoptar literalmente una u otra interpretación o ambas; lo que sí sé es que quiere llamarnos la atención sobre esa música que produce el viento al recorrer la tierra y sus oquedades.
Ahora bien, Ziqi termina preguntándo: "Con el soplo todas las cosas se discriminan y singularizan, pero ¿qué es lo que a ello les impulsa" (tr. de Elorduy) o, en otra traducción:
¿La música del Cielo es toda la variedad de sones que el viento hace brotar de las innúmeras y diversas oquedades... ¿Más acaso hay alguien en el origen de todo esto? (tr. de Preciado Ydoeta)
También aquí, como se ve, las traducciones divergen: unas se preguntan qué es aquello que está detrás de la música del Cielo, otras quién. Es una distinción importante, pues puede justificar una interpretación teísta, panteísta o agnóstica.
Al continuar la lectura, Zhuang zi tal vez nos ofrecerá algunas respuestas, o quizá, como suele hacer, otras preguntas.
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El cine del futuro
Creo que en el cine, con el tiempo, irán apareciendo más versiones de un mismo guión. Lo que se llama remakes, pero no de la película, sino del guión. Eso podría hacer que se empezase a hablar de ciertos guionistas de la misma manera que ahora se habla de autores de teatro como Shakespeare.
Porque, aunque incluso en el cine se piensa que una película basada en Shakespeare es en cierto modo más de Shakespeare que del director, no se piensa lo mismo del trabajo de un guionista. Pero creo que eso empezará a cambiar y que no se pensará que la referencia absoluta es es la primera película hecha a partir de un guión. Supongo que eso sucederá cuando el remake de un guión supere a la primera película hecha a partir de él.
De un modo semejante, hay una nueva profesión o un nuevo género que podría surgir gracias a las nuevas técnicas de edición: las relecturas de películas.
Es decir, La versión de…
Del mismo modo que se vuelven a traducir o contar cuentos clásicos, se podrán remontar películas clásicas. Y tal vez haya personas capaces de hacer relecturas más interesantes que la propia película original, como aquel alemán que decía que prefería leer a Edgar Allan Poe en la traducción francesa de Baudelaire, en vez del original inglés.
De hecho, esto se hace de vez en cuando ya, con lo que se llama El montaje del director, como en el caso de Blade Runner o Apocalipsis Now. Y también se hace en Youtube, en los llamados recut, donde a veces se cambia el género de la película en un trailer, como en esta versión de Mary Poppins:
De nuevo Barbara: Ma plus belle histoire d'amour
Otra canción de Barbara y una de las más hermosas declaraciones de amor, aunque con un destinatario quizá inesperado, como expliqué en el blog La vorágine: Significado, intención y doble lectura.
En el vídeo la canción está subtitulada en francés. Eso me evita copiar aquí la letra, pero también nos impide disfrutar del bello y enigmático rostro de Barbara.
Si quieres ver una traducción (no muy precisa), en este enlace está subtitulado en español: Ma plus belle histoire d'amour (subtitulada en español)
El Wang Wei de Antonio Salmerón
Hace bastante tiempo, Antonio Salmerón envió un comentario a mi página Un experimento chino. En esa página propuse a los lectores el juego de traducir un poema chino de Wang Wei llamado Lu Chai, que suele traducirse como El parque de los ciervos. La página es la continuación de un experimento que hice en privado a través de correo electrónico, y que edité en un libro casero. Aquel modesto experimento creció en al red de manera asombrosa, lo que hizo que me resultara difícil manejarlo y mantenerlo actualizado.
Antonio ha empleado el poema de Wang Wei como una deliciosa excusa para aprender y enseñar chino, como puedes ver en estos magníficos ejemplos:

Antonio me explicaba que en el bloque superior derecho están traducidos los caracteres al pinyin (su sonido en alfabeto latino) y al español:
Caracter, pinyin y terminos en español van del mismo color. Para aprender los caracteres ya no tienes que acudir al diccionario.
Antonio se planteaba también:
Me planteo si, además, utilizar un color para el verbo principal, otro para el sujeto, otro para los adjetivos y así. Si te traducen un poema italiano que habla de un perro que ladra, es facil descubrir que palabra es perro y cual es ladra, pero en chino yo no era capaz ni de eso.
Pero creo que eso no se puede hacer en chino, al emnos en chino clásico y especialmente en el de la poesía Tang (sí en latín o griego, por ejemplo), por razones que espero explicar, recurriendo a la sinóloga Ánne Helène Suaréz, en una próxima entrega de este Experimento chino.
Pero Antonio también dedica una página a explicar cómo se trazan los caracteres:

Las otras dos páginas son la portada, en la que Salmerón ofrece una acuarela inspirada por el poema, y una última página con interesantes comentarios y una bibliografía básica relacionada con el poema.
Es un trabajo impresionante y hermoso, que creo que Salmerón ha continuado y que todavía desarrolla con otros poemas chinos.
La página de Antonio Salmerón
La dedicada al poema Lu Chai de Wang Wei
El poema de Wang Wei al que está dedicada esta página de Salmerón es probablemente el más traducido de la literatura universal, algo a lo que yo también he contribuido con esa página llamada Un experimento chino, que ahora he actualizado y reformateado para hacerla más cómoda y eficaz.
En futuras entradas iré poniendo al día la página con las novedades y comentarios que me han llegado desde hace un año o dos. Es decir, que el experimento vuelve a ponerse en marcha.
Puedes visitarlo y participar en él con este enlace:

Los siglos indios
En su último libro, de próxima publicación, Otra novela histórica (un verdadero falso producto) Iván Tubau, que es mi padre, como ya sabes o quizás hayas intuido si no me conoces, lector de este blog que eres muchos pero sólo uno, escribe:
Ya no estamos en los primeros años del siglo XX sino a comienzos del 21, o sea del tercer milenio de los cristianos.
Es difícil imaginar una manera mejor de comparar en una sola frase el sistema arcaico de numeración de los romanos con el más arcaico, pero también mucho más razonable, inventado por los indios, aunque erróneamente atribuido a los árabes.
Es decir, la diferencia entre escribir los siglos con letras o hacerlo con números.
¿Cuándo sustituiremos el arcaico sistema romano, en el sentido despectivo, no en el cronológico, por el indio?
Supongo que cuando resulte tan complicado escribirlo que, por cansancio y confusión, se decida modificarlo.
Tal vez en el siglo XXVIII o en en el XXIX, o quizá haya que esperar al MDCCXLVIII.
(En indio: 28, 30 y 1748)
A mí me gusta imaginar que el cambio tendrá lugar antes.
En efecto, quizá el lector atento de mi libro Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), que tal vez seas también tú, lector de este blog, se haya dado cuenta de que en el futuro que propongo, los siglos se escriben con números y no con letras. Los propios antólogos lo explican en el primer prólogo:
En cuanto a los siglos, hemos preferido mantener en los textos seleccionados la numeración antigua, respetando las incómodas cifras romanas en vez de las indias, es decir: «siglo XX» en vez de «siglo 20».
Como se ve, en el futuro se deshará el error de atribuir a los árabes las cifras indias.
Y, tal como dicen los antólogos, cuando en Recuerdos de la era analógica estamos ante lo que en historiografía se llama una fuente, es decir, un texto procedente de la era analógica, los siglos aparecen con cifras romanas, como en:
A menudo se mezclaba mi propio recuerdo en el siglo XX con el recuerdo del conde de Saint Germain recordando a la misma persona.
(La memoria de los siglos)
Hasta los años 20, prácticamente nadie, si exceptuamos al propio Picasso, y tal vez a Salmon, llegó a pensar que Las señoritas de Avignon era no sólo la obra más importante de Picasso, sino de todo el siglo XX. Y muy pocos la asociaban con el cubismo.
(Picasso y los indiscernibles)
Como sabes, en el siglo XX, los artistas emplearon la mayor parte de sus energías en romper todas las convenciones que hasta entonces habían dominado su profesión. Destruir lo anterior, romper los códigos y derribar los iconos era el lema de los nuevos
revolucionarios del arte.
(Gabor)
(El registro universal)
Por el contrario, cuando son los antólogos quienes hablan, los siglos se escriben con cifras indias:
Son pocos los que saben que no mucho después de la muerte de Darwin, a comienzos del siglo 20, la teoría de Darwin fue abandonada por la mayoría de los científicos. Por supuesto, no se negaba la evolución de los seres vivos, pues en eso estaban todos de acuerdo, excepto los «creacionistas», quienes pensaban que un dios había creado el mundo en pocos días y que los fósiles habían sido colocados bajo tierra por Dios para poner a prueba la fé de los creyentes.
(Comentario de los antólogos a La memoria de los siglos)
El nombre del museo aludía a la teoría de los Mundos Paralelos, desarrollada a finales del siglo 20 para intentar explicar algunas paradojas de la física cuántica, que entonces era, junto al relativismo
einsteniano, la teoría dominante de la física; ambas teorías son ahora sólo casos límite de la Teoría de Todo (Theory of Everything o TOE), aplicables en entornos de simulación ontológica.
(Comentario de los antólogos a Picasso y los indiscernibles)
Sencillamente porque el problema está mal planteado, mal formulado, como dirían los filósofos del lenguaje del siglo 20 y los neoetimologistas del 22. Lo mismo ha sucedido con el concepto de no-realidad.
(Comentario de los antólogos a El problema de la identidad)
Se trata de un género que empezó a popularizarse en la segunda mitad del siglo 20, cuando ciudadanos comunes tuvieron acceso a medios de autoedición caseros, aunque a menudo utilizaban los recursos de sus empresas, especialmente las fotocopiadoras, una especie de duplicadores de ideas con papel incluido.
(Comentario de los antólogos a Mundo analógico)
Sin embargo, hay algunas excepciones a esta regla según la cual las fuentes se expresan en siglos romanos y los textos en siglos indios, como ésta:
¿Es El rey Lear en inglés del siglo 20 el mismo que el del siglo 17? ¿Cuándo aprendió el viejo Lear a hablar como un pedante inglés de 1930?
(La caverna)
La anterior y otras excepciones quizá sean simples erratas, de las que el libro está plagado con razón y sin ella, pero tal vez en algún caso signifiquen algo más.
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La imagen que encabeza esta entrada es del Codex vigilanus, primera aparición conocida en Europa de las cifras indo-árabes, en el año 976.

Esklepsis
En diciembre de 1998 terminé de escribir, edité, imprimí y publiqué el número 4 de mi revista Esklepsis. Al igual que en los números anteriores, inicié la revista con una cita escéptica y otra ecléctica.
El escepticismo no conviene por igual a todo el mundo. Supone un examen profundo y desinteresado: el que duda sólo porque no conoce las razones para creer no es sino un ignorante.
El verdadero escéptico ha contado y sopesado las razones. Pero sopesar razonamientos no es asunto de poca monta. ¿Quién entre nosotros conoce exactamente su valor? Si se aportasen cien pruebas de la misma verdad, ninguna carecería de seguidores. Cada espíritu tiene su telescopio. Es vital ante mis ojos esa objeción que ante los vuestros pasa inadvertida: encontráis superficial una razón que a mí me aplasta. Si estamos divididos acerca del valor intrínseco, ¿cómo nos pondremos de acuerdo acerca de la importancia relativa? Decidme: ¿cuántas pruebas morales hacen falta para compensar una prueba metafísica? ¿Son mis lentes deformes o las vuestras?
Puesto que es tan arduo sopesar razones y puesto que apenas hay cuestiones que no tengan pros y contras, y casi siempre en igual medida, ¿por qué actuamos tan precipitadamente? ¿De dónde nos viene ese tono tan decidido? ¿Acaso no hemos comprobado cien veces cómo se equivoca la suficiencia dogmática?
Diderot
Eclecticismo: del griego 'eklektikos', "selectivo"; en filosofía y teología, la práctica de seleccionar doctrinas que pertenecen a diferentes sistemas de pensamiento, sin adoptar por ello la totalidad del sistema. Es distinto del sincretismo -el intento de reconciliar o combinar sistemas- en tanto que deja las contradicciones entre ellos sin resolver.
En la esfera del pensamiento abstracto, el eclecticismo está expuesto a la objeción de que, dado que cada sistema se supone que es un todo del que sus diversas doctrinas son parte integral, la arbitraria yuxtaposición de doctrinas pertenecientes a diferentes sistemas lleva consigo una incoherencia fundamental.
En los asuntos prácticos, sin embargo, el espíritu ecléctico tiene mucho de recomendable. El filósofo, y no menos el hombre de Estado, tiene que ser ecléctico no por principio, sino porque percibe el mérito intrínseco en doctrinas que pertenecen a facciones opuestas. Esta tendencia se manifiesta más fácilmente cuando los sistemas establecidos han perdido su carácter novedoso o cuando sus defectos quedan revelados como consecuencia de los cambios en el conocimiento científico.
(Encyclopædia Britannica, 1994)
La razón de estas dos citas es obvia: el título de la revista es una mezcla de escepticismo y eclecticismo: Esklepsis.
La simbiosis es mayor si tenemos en en cuenta que la palabra griega para escepticismo es skepsis, que significa, por otra parte, "seguir investigando".
Ahora que estamos en una época de credulidad alarmante, es un buen momento para recuperar el pensamiento escéptico, el ecléctico y el eskléptico, y para subir a mi mundo web los dos últimos números de Esklepsis. Lo haré en los próximos días.

¿El origen de Totó?
En European Film Treasures se pueden ver películas europeas mudas. Hay verdaderas maravillas.
Una de ellas me llamó la atención porque está protagonizada por un personaje llamado Totó.
Naturalmente no se tratá del gran cómico italiano Totó, que se llamaba en realidad Antonio di Curtis, o más bien Antonio Focas Flavio Angelo Ducas Comneno De Curtis di Bisanzio Gagliardi.
La película es de 1912, cuando Antonio Di Curtis "Totó" debía tener unos 20 años, pero el personaje tiene claramente los mismos rasgos que tenía el Totó que todos conocemos.

Tartarín y el primer Totó
Eso me hace preguntarme si el personaje de Totó es un carácter clásico italiano, a la manera de los de la Comedia del Arte, como Pantalón, Arlequín y compañía. Es muy probable que de algún Antonio Di Curtis heredase el personaje. Un tema digno de investigarse.
Por otra parte, la película, que se llama Tartarin y la moneda de cinco francos, cuenta las aventuras de estos dos amigotes que, al parecer, protagonizaron al menos 22 películas. El nombre de Tartarín, procede sin duda de las célebres aventuras de Tartarín de Tarascón.
La trama es sencilla pero efectiva: los dos amigos devuelven la cartera a un transeunte, que les da una moneda, a causa de la cual se pelean. Totó quiere irse a beber, o algo mejor, primero con una muchacha joven y luego con una señora que incluso lleva un niño en brazos. Al final deciden echar a cara o cruz quien se lleva la moneda, pero la pierden de una manera ingeniosa, clásica en este tipo de humor pero muy bien contada. El final también es curioso por mostrar en paralelo lo que les sucede a esta pareja de bribones y a otra pareja de granujas que les burla.
Tartarin, Opfer eines Fünffrankenstückes - 1912
Director: Anonymous
Nationality: Italian
Actor: Cesare Quest
Length: 4' 22"
Genre: comedy
Sound: silent with soundtrack
Original elements: tinted
Producer: Centauro Films
Composer: Aidje Tafial (2008)
Original language: German
Puedes ver la película con este enlace, incluso con subtítulos en español:
Tartarín y la moneda de cinco francos

Una reforma electoral
Matteo Rampin se pregunta por qué no está representado en los parlamentos el voto de la abstención, o los votos en blanco:
Puedo elegir entre los muchos partidos que hay en la calle, pero también puedo no votar, ¿por qué entonces no respetan mi voluntad los parlamentearios introduciendo escaños vacíos en proporción al número de personas que ha preferido no depositar su confianza en ninguno de los partidos que se ofrecen en el mercado?.
La idea suena interesante, y tal vez se podría considerar como una futura reforma electoral. De este modo, según el número de votantes reales en relación con los censados, el parlamento tendría más o menos escaños ocupados. Supongo que ello afectaría a las mayorías y minorías, puesto que los partidos tendrían menos parlamentarios allí sentados.
No sé si el asunto acarrearía más dificultades que ventajas, pero sería interesante reflexionar sobre ello y hacer alguna simulación con los resultados de diversas elecciones con más o menos abstención y votos en blanco (supongo que los nulos no se tendrían en cuenta en esta reforma, excepto para calcular los porcentajes sobre el total de votos emitidos válidos.

Tertuliano y el absurdo
Tertuliano fue uno de los primeros apologistas del cristianismo.Nacido en Cartago hacia el año 155, decía que Dios era material, pero se oponía a todo intento de conciliación con la sabiduría greco-romana.
Pensaba que lo grande del cristianismo era su irracionalidad: la muerte del hijo Dios es creíble porque es contradictoria, y su resurrección es cierta porque es imposible.
Se ha hecho célebre su frase Credo quia absurdum (Creo por que es absurdo), aunque en sus escritos la expresión que se halla es Credo quia ineptum o Credible quia ineptum: certum est quia impossibile est (Creo porque es estúpido: es cierto porque es imposible), que es un planteamiento muy interesante: las historias acerca de Jesucristo son tan estúpidas, que sólo pueden ser verdad.
No recuerdo quiénes decían algo parecido: si la historia de Jesucristo fuese una mentira, resulta absurdo hacerle hijo de un carpintero, hacerle fracasar en su intento de convertir a su buena nueva a los judíos, tener discípulos que le traicionan y le abandonan, y además hacerle morir en la cruz. Nadie elegiría algo tan vulgar para el hijo de Dios (o Dios mismo) si se lo inventase.

Tertuliano acabó en la herejía, adhiriéndose al montanismo, aunque en aquel momento era difícil predecir cuál sería en el futuro la herejía y cuál la ortodoxia entre las diferentes interpretaciones del mensaje cristiano.
De todos modos, Tertuliano también acabó separándose del montanismo y creó su propia variante, el tertulianismo, que todavía existía en tiempos de Agustín de Hipona.
A veces pienso que Tertuliano era una especie de Chesterton de la Antigüedad. Basta con recordar aquella historia del día que Chesterton entró en una iglesia rural, oyó un sermón disparatado del párroco y salió convencido de la verdad del cristianismo, puesto que:
“si diciendo tonterías como estas ha logrado sobrevivir casi dos mil años, es que es la verdad”.

La religión y las sectas
Estoy recuperando los artículos y entradas acerca de la ciencia que en los últimos meses se han perdido en esta página web. Al recuperar uno de ellos, una ficha de lectura que escribí acerca de El gen egoísta, de Richard Dawkins, he encontrado este pasaje interesante acerca de la fe:
La fe es un lavado de cerebro tan exitoso y autoperpetuador, sobre todo en los niños, que es difícil de desarraigar. Pero, después de todo, ¿qué es la fe? Es un estado mental que lleva a la gente a creer en algo -no importa qué- en ausencia total de evidencia que lo apoye. Si hubiese una buena evidencia de apoyo, la fe sería supérflua, pues la evidencia nos haría creer en ello de todos modos. Esto es lo que hace absurda la tan repetida idea de que "la teoría de la evolución es cuestión de fe". La gente cree en la evolución no porque desee creer arbitrariamente en ella, sino por la abrumadora evidencia pública que la apoya... En realidad, el hecho de que la fe no precise evidencia alguna se considera como su gran virtud; ésta era la razón de que citase al incrédulo Tomás, el único miembro realmente admirable de los doce apóstoles... La fe no puede mover montañas... pero es capaz de llevar a la gente a cometer locuras tan peligrosas que creo que puede considerarse como una especie de enfermedad mental. Hace creer a la gente tan intensamente cualquier cosa, que en los casos extremos muchas personas están dispuestas a matar y morir por ella, sin necesidad de justificación ulterior.
Y cita Dawkins a Keith Johnson, quien dice:
La fe es lo suficientemente poderosa como para inmunizar a la gente contra toda llamada a la piedad, al perdón y a sentimientos humanos decentes. Incluso les inmuniza contra el miedo, si creen sinceramente que morir les llevará directamente al cielo. !Menuda arma! La fe religiosa merece un capítulo propio en los anales de la tecnología militar, en pie de igualdad con el arco, el caballo, el tanque y la bomba de hidrógeno.
El texto de Dawkins es de hace bastantes años, pues pertenece a las notas a una reedición de 1993 de su clásico El gen egoísta, publicado en 1976. Lamentablemente, sus opiniones son hoy en día todavía más certeras que cuando fueron escritas.
No sólo por el fundamentalismo y el terrorismo islámico, que ha demostrado de nuevo esa irracional aceptación del martirio y el asesinato mezclado a partes iguales de la que habla Johnson, sino también por la ofensiva de los ultraconservadores cristianos contra la ciencia y la evolución, especialmente en Estados Unidos. Y, por supuesto por los recientes y continuos escándalos que aparecen una y otra vez acerca de los abusos cometidos por curas católicos.
Es evidente que lo único que hace que religiones como el catolicismo o el islamismo no sean prohibidas y consideradas sectas es su historia y su todavía poderosísima influencia social, porque ambas religiones secuestran literalmente a sus fieles, sometiéndolos desde niños a un lavado de cerebro (y a menudo a abusos físicos), por ejemplo en esas actividades que llaman catequesis, a las que se somete a niños que todavía no tienen las armas emocionales e intelectuales para enfrentarse a métodos persuasivos refinados durante siglos.
Si cualquier grupo religioso creado hoy en día estuviese implicado en el encubrimiento de delicuentes, como lo ha estado la iglesia católica durante las últimas décadas, ese grupo sería ilegalizado de inmediato y sus dirigentes sometidos a juicio, cosa que en Alemania empiezan muchos a reclamar: el fin de la inminuidad y de la impunidad de los religiosos.
Cómo escuchar libros
En la época actual tenemos, en efecto, la posibilidad no sólo de leer los libros, sino de escucharlos.
Algunas personas a las que he comentado mi afición a escuchar los libros me han dicho que un libro escuchado no puede compararse a uno leído. Supongo que es parte del fetichismo del libro impreso, del que a mucha gente le resulta muy difícil desligarse, confundiendo el continente con el contenido, como se decía antiguamente (no sé si continente es correcto en este contexto, pero yo lo recuerdo así).
Porque, en realidad, escuchar un libro supone, como digo en la presentación, una vuelta a la cultura oral, que ya se reinició con la radio y con la televisión (que es audiovisual). En tiempos de Agustín de Hipona la costumbre era leer los libros en voz alta, es decir, que todo el auditorio los escuchaba y era tan sólo el lector quien lo leía (pero se supone que también escuchaba su propia voz).
Alberto Manguel cuenta en Una historia de la lectura, que Agustín se quedó bastante sorprendido al ver que Ambrosio de Milán leía sin pronunciar las palabras:
Sus ojos recorrían las páginas y su corazón penetraba el sentido; mas su voz y su lengua descansaban.

Agustín lee un libro
Eso muestra que la costumbre, incluso cuando uno estaba sólo, era leer en voz alta, es decir, escuchar el libro.
Manguel también cuenta que los soldados de Alejandro Magno se quedaron asombrados cuando en una ocasión le vieron leer una carta de su madre "en silencio".
A mí me parece recordar que también Aristóteles llamaba la atención por su costumbre de leer en silencio.

Agustín lee (parece que para un auditorio)
Así que antiguamente el fetichismo era con la palabra hablada, en vez de como sucede hoy con la escrita (al menos en lo que se refiere a los libros).

En casi todas sus representaciones, Agustín lee un libro:
"En el Arca marmórea de san Agustín, construida en el siglo XIV sobre el altar que conserva las reliquias del santo, Basílica de San Pedro in Ciel d’oro, Pavía; el diálogo de Agustín con san Simpliciano; a la derecha, la conversión: siguiendo la sugerencia de un ángel, Agustín lee las Cartas de san Pablo."
(Tomado de 30 días)
No sólo eso, como también aclara Manguel, la célebre frase scripta manent, verba volant ("lo escrito permanece, las palabras se las lleva el aire") en la antigüedad se interpretaba al contrario que ahora: no era un elogio de la palabra escrita, sino de la palabra dicha en voz alta
que tiene alas y puede volar, comparándola con la palabra silenciosa sobre la página, inmóvil, muerta.
Y añade Manguel la siguiente e interesante observación:
Enfrentado con un texto escrito, el lector tenía el deber de prestar su voz a las letras silenciosas, a las scripta, para permitirles convertirse en verba, palabras habladas, espíritu.

En esta ocasión parece que Agustín está leyendo en voz alta
San Agustín
Benozzo Gozzoli, 1468;
en la Iglesia de San Agustín,
San Gimignano, Italia
Yo, sin embargo, tengo una interpretación (diferente de las dos mencionadas) del Scripta manent, verba volant, pero no es éste lugar para desarrollarla.
En cualquier caso, en el futuro, al menos en el futuro que aparece en Recuerdos de la era analógica, es previsible que nos nos preocupe ni lo escrito ni lo oral, porque ni leeremos ni escucharemos los libros, sino que los degustaremos de otra manera, como se puede adivinar en el relato "La obra de arte en los tiempos de la percepción malebranchiana".

No es casual en esta página la insistencia en Agustín de Hipona: el padre Nicolás Malebranche era agustiniano.
Para quien quiera probar el placer de escuchar los libros con un lector electrónico, las buenas voces son las de Loquendo. La mejor en español es sin duda la de Jorge (español de España), pero hay otras bastante buenas como Diego (español de Argentina) o Francisca (español de Chile).
También hay buenas voces en inglés, francés, italiano, chino... Para usar las voces se necesita un programa lector, como Textaloud, aunque las últimas versiones de los sistemas operativos, como Windows 7, creo que ya incorporan un lector automático.
No hace falta decir lo útil que resultan estos programas para los ciegos, que pueden leer todo lo que aparece en la web al instante.
| RECUERDOS DE LA ERA ANALÓGICA ![]() Casa del Libro, Laie, La isla, Proteo, La Central, L'Arc de Berà, Abacus |

Marcos en la tele
Mi querido amigo Marcos Méndez Filesi, inquietísimo investigador y animador cultural con su blog El laberinto (que actualmente se llama o subllama De umbris Lepiblógptero) saldrá hoy en televisión, precisamente para hablar de su libro sobre los laberintos.
El acontecimiento, que promete cierta diversión, tendrá lugar a la 1:40 de esta noche, en el programa de TeleMadrid Las noches blancas.

Pero, si no quieres trasnochar, Marcos promete subirlo a Youtube o similar.
Si quieres visitar De umbris Lepiblógptero (El Laberinto)
Si te interesan los laberintos, su libro es imprescindible:

(Casa del libro)

El lenguaje casi innato del cine
(El guión de cine y los prejuicios 5)
El guión de cine y los prejuicios 1-2-3-4
En el capítulo anterior hablé del prejuicio que nos lleva a imaginar a un hombre cuando leemos un texto con un protagonista indeterminado, cuya identidad sexual no ha sido definida. Por ejemplo en una frase como "Caminé durante media hora y vi la casa".
En vez de llamarlo prejuicio, podemos llamar a esa reacción espontánea "intuición".
El concepto de "intuición" se emplea de una manera muy específica en filosofía (desde Descartes a Husserl), pero aquí me refiero tan sólo al sentido que se le da en la vida cotidiana. La intuición, entendida en este sentido, se refiere a una especie de conocimiento más o menos instantáneo que tenemos de algo acerca de lo que no hemos tenido tiempo para reflexionar de manera razonada y razonable.
En muchos contextos, la intuición tiene un sentido casi mágico, que se refiere a algo que está más allá de lo mecánico, de lo intelectualizado, algo puramente espontáneo, natural e incontaminado.
Sin embargo, la intuición es precisamente lo contrario, porque el intuitivo es el comportamiento más automatizado que existe (aparte del biológicamente instintivo).
Vemos a alguien y nos cae bien al instante. Intuición pura.
Pero no se trata de magia, o "química", o "buenas vibraciones", sino que suele haber una razón para ello, una razón que en ese momento a nosotros se nos escapa, pero que puede ser tan sencilla como que esa persona tenga una sonrisa sincera.
En efecto, resulta que los músculos de la cara que se ponen en funcionamiento cuando reímos de manera sincera son distintos a los que se activan cuando lo hacemos de manera fingida. Aunque no seamos conscientes de ello, casi todos somos capaces de distinguir a primera vista una sonrisa sincera de una fingida. Esa es una de las razones por las que métodos actorales como los de Stanislavsky, en los que el actor intenta interiorizar psicológicamente la situación dramática, tienen una justificación.

A pesar de que esos métodos a veces caen en la parodia y la caricatura y los actores sufren ataques de pánnico o de llanto o de risa que les impiden manejar al personaje, y se convierten en esclavos de la emoción, también es cierto que pueden sonreír o reír de manera más creíble si de verdad sienten ganas de sonreír o reír. Por eso resultan tan falsos los actores que, pese a su gran técnica, sólo repiten los movimientos mecánicos de la sonrisa y la risa, que inevitablemente parecerá falsa.
Yo tenía un amigo que detectaba a distancia, de manera intuitiva, a la gente violenta. Me decía: “Cuidado con ese que viene por ahí”, y cuando nos cruzábamos con el, efectivamente, estallaba un conflicto. En una ocasión, juro que no miento, uno de estos tipos problemáticos a distancia le pego un navajazo en el estómago a mi amigo sin mediar palabra.
Así que pareció confirmarse ese día que mi amigo tenía una intuición asombrosa. El único problema es que estos conflictos siempre tenían lugar cuando estaba él, pero a mí nunca me pasaba nada si iba solo o con otras personas, por lo que es muy probable que no se tratara de intuición sino de gestos casi inadvertidos, pero no ya de los "tipos violentos", sino los de mi propio amigo, de su mirada chulesca o desafiante. Uno de mejores consejos ante personas violentas es no mirarlas con descaro ni sostenerles la mirada. Es algo que saben los lobos, que bajan la mirada ante el jefe de la manada y así evitan ser castigados (hay otras situaciones, sin embargo, en las que sostener la mirada es preferible, por ejemplo ante un tigre: hay que retroceder poco a poco sin darse la vuelta ni dejar de mirarle).
Los espías y los actores, en cualquier caso, tienen que ser capaces de sentir de algún modo lo que finjen para no ser descubiertos como impostores. Las personas que pertenecen a una secta o que tienen una personalidad de "iluminados" pueden ser reconicidas con cierta facilidad: a pesar de mover la cabeza o de referirse a objetos que sostienen en la mano mantienen los ojos muy abiertos y la mirada fija en su interlocutor, como si quisieran hipnotizarle a la manera de las serpientes. Lo hacen de una manera que resulta tan evidente que a un actor le resulta muy sencillo imitarlos.
Otra razón por la que alguien a quien no conocemos nos cae bien a primera vista es simplemente porque nos recuerda a alguien que nos cae bien, a lo mejor porque se llama igual, o porque tiene una mirada parecida, o una nariz similar, o porque viste de negro.
Del mismo modo, reaccionamos de manera intuitiva hacia quienes nos disgustan.
Una vez producida la reacción intuitiva, buscamos las razones para justificarla, que son casi siempre diferentes de las verdaderas razones.
En una ocasión mi profesora de claqué sintió un rechazo intuitivo hacia una amiga mía y lo justificó diciendo que era porque mi amiga se parecía a la novia de su hermano (que al parecer le caía muy mal) y porque, además, mi amiga compartía el mismo signo zodiacal que la novia del hermano.
Como es obvio, lo primero que sintió mi profesora fue un rechazo instintivo hacia mi amiga (tal vez porque era mi novia), y enseguida su cerebro le dio razones para justificar ese rechazo.
La fuerza de los prejuicios intuitivos
Nuestro cerebro siempre busca relaciones entre lo que percibimos y lo que hemos percibido en el pasado. A veces esa relación ("llevar una corbata roja") viene primero, pero otras veces lo primero es el rechazo ("llega un rival en mi departamento").
Sea como sea, detrás la intuición están sentimientos tan básicos como el racismo, las manías y las antipatías irracionales.
Hace ochenta años a casi todos los blancos les desagradaban o les parecían inferiores los negros, “de una manera intuitiva”.
No hay que viajar al Estados Unidos del siglo XX para comprobarlo, basta con leer libros de casi cualquier escritor, como Borges, incluso en los años 30 y 50 del siglo pasado:
«Por supuesto que resultan insoportables los negros [...] no me desdigo de lo que tantas veces afirmé: los norteamericanos cometieron un grave error al educarlos; como esclavos eran como chicos, eran más felices y menos molestos»
El racista no piensa que tiene un prejuicio, sino que cree que su intuición le está hablando con toda claridad acerca de esa persona que le molesta, asusta, desagrada. Y suelen confirmarla incluso cuando observan: miran y ven que no hay ningún presidente negro en Estados Unidos…
Pero ahora ya lo hay, con lo que es muy posible que muchas ideas y percepciones “intuitivas” acerca de los negros cambien radicalmente en los próximos años.
Pero, al igual que le sucedía a mi amigo con las personas violentas, su intuición o prejuicio suele ser confirmada, porque acaba siempre teniendo problemas con esas personas a las que detesta. Hayakawa hace un análisis muy interesante de cómo encontramos en el mundo exterior los prejuicios e intuiciones de nuestro mundo interior y cómo no sólo los racistas, sino también sus víctimas acaban adaptándose al prejuicio y contribuyen a "confirmarlo".
Intuición y narrativa
La intuición, simplemente, busca en nuestra mente una explicación, la más rápida posible, porque queremos explicárnoslo todo. Necesitamos la explicación y la narratividad.
El espectador también necesita explicaciones, porque nada más sentarse en la butaca del cine o en el salón de su casa empieza a teorizar, a poner en marcha su máquina de intuiciones, de códigos aprendidos y de prejuicios. Lo hace desde el momento mismo en que se inicia la película, e incluso antes (como explico en el capítulo "Antes del principio siempre hay algo", de Las paradojas del guionista).
Ese deseo de explicaciones, esa búsqueda de sentido que el ser humano persigue, como muestra Victor Frakl en El hombre a la búsqueda del sentido es lo que hace posible la narrativa y el gusto que nos da que nos cuenten historias.
A menudo se ha investigado por qué razón la forma narrativa tradicional es la que más nos seduce, frente a otras formas "menos narrativas", como son la categórica, la asociativa o la abstracta.
La forma narrativa pura nos ofrece un planteamiento, un desarrollo y un desenlace claros, y unos personajes que se mueven a partir de causas y efectos: desean algo, lo persiguen, encuentran un obstáculo, lo pierden o lo obtienen. Esas estructuras se repiten una y otra vez y hacen que el espectador pueda poner a pleno funcionamiuento su fábrica de intuiciones, instintos, prejuicios y códigos aprendidos en otras narraciones similares
Eso ha hecho pensar a algunos estudiosos que existe una narratividad innata, algo así como la gramática innata que postula Noam Chomsky, pero con estructuras aún más complejas.
Contínuamente aceptamos sin saberlo códigos, códigos que el cine y la televisión nos han enseñado sin que seamos conscientes de ello. Nosotros, como espectadores, creemos ser libres y seguir nuestra intuición, pero la intuición es en gran medida tan sólo el almacén de nuestros prejuicios, nuestros hábitos mentales y los códigos que hemos interiorizado sin saberlo.
Por eso, cuando mis alumnos se encuentran un texto en el que no se define el sexo del protagonista, enseguida piensan que es un hombre y escriben un guión protagonizado por un hombre.
De algunos de los prejuicios o códigos aprendidos de la nararativa audiovisual, como el célebre mito del viaje del héroe, hablaré en el próximo capítulo.
Si quieres poner a prueba tu capacidad de distinguir una sonrisa falsa de una verdadera, pues visitar esta página de la BBC. Yo obtuve 17 aciertos sobre 20, tal vez porque, más que aplicar la intuición, empleé la observación: de haberme dejado llevar por la intuición, intuyo que seguramente habría obtenido un peor resultado.
LAS PARADOJAS DEL GUIONISTA (página web)
Comprar en Casa del Libro
Continuará...

Franz Rosenzweig
Cómo ser infiel a un autor
Cuando leí en 2006 El nuevo pensamiento, un libro dedicado a Franz Rosenzweig, me quedé con la sensación de que había ideas muy interesantes pero que era necesario ser infiel a Rosenzweig, a sus verdaderos deseos e intenciones. Que había que tratar con cuidado a sus ideas, despojándolas de mucho de aquello a lo que Rosenzweig daba importancia vital, pero que a mí me parece que es no sólo un añadido accesorio, sino un impedimento para apreciar el vigor de su pensamiento.
Creo que en esta dirección caminó Walter Benjamin al sufrir la influencia de Rozenzweig. En realidad, hay que aplicar a Rosenzweig lo que él mismo pedía:
Al escribir estas páginas he experimentado cuán difícil es para el autor hablar sobre su propio libro; apenas puede adjudicarse el derecho a decir algo auténtico. Pues de cara a aquello que en su obra es espíritu y, por tanto, es transpantable a otros espíritus, el autor está en igual situación que cualquier otro. Incluso para el otro, por el solo hecho de ser otro, le será siempre legítimo encargarse de, para usar la audaz frase de Kant, que por otra parte no es en absoluto tan audaz, “entender a Platón mejor de lo que él se entendía a sí mismo”. A ninguno de mis lectores querría quitarle esa esperanza.
Yo no sé si puedo entender a Rosenzweig mejor que él mismo, lo dudo mucho. Más bien creo que no se trata exactamente de entender a Platón mejor que el propio Platón, sino de darse cuenta de que hay ideas de Platón que no le pertenecen a él, sino al razonar mismo: tal vez él las planteó antes que otro, pero son pensables en otras circunstancias, con otros fines y bajo otros condicionamientos epocales o personales. Eso conbfirmaría precisamente la teoría de las Ideas de Platón: esas ideas están en el territorio de las Ideas y quien lo recorra puede encontrarlas.
Del mismo modo que a Leonardo no le pertenece un color que no hizo nadie antes que él, o que una fórmula matemática puede usarse para demostrar lo contrario de lo que pretendía el primero que dio con ella, así se pueden usar las ideas de Platón, Kant o Rozenzweig para construir filosofías incluso contrarias a las suyas.
Y ello no significa que Rosenzweig carezca de mérito o que sea sólo una mera excusa para poner en marcha nuestra subjetividad en tanto que lectores suyos: Einstein refutó a Newton usando a Newton, pero sin Newton no habría habido Einstein, e incluso ahora se puede seguir considerando válida la física de Newton (siempre que se trate de bajas velocidades).
Por ello, aún considerando errado el tiro de Rosenzweig, me parece que encontraré cosas buenas y aprenderé mucho si llego a leer su Estrella de la redención.
Los Reinos Combatientes de China
El tiempo anterior a la unificación de China por el emperador Shi Huang Di es conocido como la "época de los Reinos Combatientes". Existían diversos estados enfrentados y cada uno de ellos pretendía convertirse en la potencia hegemónica, el Poder Dominante, o bien obtener el Mandato del Cielo y unificar de nuevo todo el territorio.
En efecto, "de nuevo", porque se creía que antes de esa época de guerra civil, los Zhou habían gobernado un estado unificado, y antes de ellos los Shang, y antes los Xia.

Los estados de la época de los Reinos Combatientes
Cuando la ciencia histórica empezó a poner en cuestión, a partir del siglo XVIII, pero especialmente en el XIX, todas las leyendas de emperadores y civilizaciones legendarias, la dinastía Shang fue considera semi histórica y la Xia puramente legendaria. Lo mismo le sucedió a la Troya cantada por Homero.
Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos de las últimas décadas ahora nos permiten afirmar que la dinastía Shang quizá no dominó todo el territorio chino, pero si una parte importante de él, y que la legendaria dinastía que le precedió, la Xia, tal vez también existió. Ha sucedido algo parecido al descubrimiento de Troya por Schlieman, incluso con el descubrimiento de los también legendarios guerreros de Xi'an; es decir, la tumba del primer emperador (Shih Huang Di).
Como dije en una entrada del blog anterior, lo bueno de la ciencia, ya sea una ciencia dura como la Física o blanda como la historia, es que puede cambiar de opinión si la observación desmiente sus teorías.
Así que, según los historiadores chinos tradicionales y los modernos arqueólogos, las primeras dinastías fueron la Xia, la Shang y la Zhou (pronunciado "Chou").
Sin embargo, aunque los Zhou se suponía que tenían el mandato del cielo, heredado de los Shang, no gozaban de la hegemonía, con lo que reinaban sólo nominalmente.

El territorio de la dinastía Shang
La época Zhou se divide en dos grandes períodos: Zhou del Oeste (-1046 a -771) y Zhou del Este (-770 a -256).
A su vez, la época Zhou del Este se divide en la época de Primaveras y Otoños, que es la más antigua (del 770 al -476) y la de los Reinos Combatientes (475-221), que es la que me interesa especialmente, por lo que en los próximos días escribiré a menudo acerca de ella y le dedicaré una página (similar a la que ya tengo de la dinastía Tang).
¿Por qué es tan interesante esta época? Porque, a pesar de ser un período de guerra civil continua entre los diversos estados, en ella nació, o al menos se desarrolló de forma asombrosa, el pensamiento filosófico chino.
En la época de los reinos combatientes vivieron Confucio (Kung zi), Lao zi, Zhuang zi (Chuang Tzu) y otros muchos filósofos. De hecho se habla de esa época como la de las Cien Escuelas: confucianos, taoistas, legistas, naturalistas (escuela del Yin y el Yang), legistas, Escuela de los nombres, moístas...

Cuando el primer emperador Shi Huang Di demostró que era más importante convertirse en el Poder Dominante que tener el Mandato del Cielo y convirtió a su estado de Qin en la potencia hegenónica, decidió también, aconsejado por el legista Li Si, unificar el pensamiento y ordenó quemar todos los libros que no fuesen legistas, con la excepción del I Ching o Libro de los cambios. Esa terrible decisión, causada en gran parte por su deseo de borrar toda huella que pusiese en cuestión si tenía o no el Mandato del Cielo (el derecho a gobernar) nos ha impedido conocer a decenas de pensadores y escuelas filosóficas. Lo poco que ha sobrevivido nos ofrece la imagen de una época fascinante.
Barbara
He descubierto que casi toda la música que subí a mis páginas está desactivada, porque ha fallado el alojamiento al que la había subido. Estoy ahora reactivando las canciones con enlaces a Youtube.
Una de esas canciones es Une petite cantate es Barbara. Puedes conocer la historia de esta canción y leer su letra en La discoteca mortal.
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