La cultura oral frente a la escrita

JUAN CLAUDIO: Ahora me gustaría preguntarte por la diferencia entre una cultura basada en la tradición oral y una cultura basada en la palabra escrita, porque Plutarco pertenece más a la primera que a la segunda.

DANIEL: La cultura oral, sí.

JUAN CLAUDIO: Exacto, y de ahí que esté plenamente justificado que el tema de la escucha sea tan importante para él, ¿no? Pero hay dos cosas que dices que me gustaría que desarrollaras. Una es, una cosa que yo no conocía, esta curiosidad filológica, al parecer en griego la palabra es la misma, los griegos utilizaban incluso la palabra relacionada con la audición para leer, escuchaban libros.

DANIEL: Bueno, es que los discípulos, por ejemplo, se llaman “los que escuchan”, cosa que todavía se conservaba en el cristianismo. En la Biblia precisamente se dice “los que tengan oídos para escuchar, que escuchen”, y lo están diciendo todo el rato porque, efectivamente, todos se escuchaban. Incluso escuchaban los libros…

Hay que aclarar aquí una cosa, precisamente el ensayo de Plutarco es sobre escuchar a los oradores, escuchar las conferencias, escuchar a los filósofos: no es escuchar a los demás en general, no es las conversaciones. Mi ensayo sí que trata de la escucha de las conversaciones, de hablar con los demás, escucharlos, etc. El de Plutarco no. Pensad en la palabra inglesa “lectures”, lecturas, pues ellos han conservado eso de que una conferencia es una lectura y un libro también es una escucha. Creo que cito un pasaje a lo mejor lo cito no estoy seguro de un momento en un diálogo de Platón donde dicen que pasó por allí no sé si Protágoras, y entonces se fueron a escuchar el libro de Protágoras, porque él lo leyó.

PALOMA ORTIZ: O Heródoto…

DANIEL: Iban a escuchar un libro que leía el propio autor. Es muy curioso, porque hay gente que se extrañaba de que, por ejemplo, Aristóteles o Agustín, San Agustín… se extrañaban de que leían…. sin leer en voz alta. Normalmente se leía en voz alta, leer “para ti” era una cosa que no se hacía y al menos se movían los labios Y de pronto veían a San Agustín o Aristóteles que leían sin mover los labios. Porque también, si no me equivoco, me corriges si me equivoco Paloma, en el griego no había casi puntos ni comas. Era uy complicado, era difícil entender dónde acababa la frase y dónde había un cambio. Entonces supongo que diciéndolo en voz alta pues era más fácil enterarse de donde hasta donde quería llegar el autor, ¿no? Plutarco escribió muchísimo, por un lado está en la cultura oral, pero tenía una cultura escrita tremenda, no conservamos todo y lo que conservamos es muchísimo, ¿no?

Platón, que curiosamente también escribió (su maestro Sócrates no escribió). Pues Platón, que sí que escribió… ya sabéis esa frase famosa que dice “verba volant, scripta manet”, que dice que la palabra hablada vuela mientras que lo escrito permanece, se queda ahí. Esto muchas veces se interpreta como que la escritura es una cosa que sigue ahí, que permanece. Pero Platón, por ejemplo, lo considera malo. Considera que la palabra hablada vuela, está viva, mientras que la palabra escrita está muerta, no cambia, siempre será la misma. Ahí tenemos una paradoja, ¿no? Sobre el paso de la cultura oral a la cultura escrita seguramente La musa aprende a escribir, de Eric Havelock, es un libro fantástico sobre esto. Pero más interesante todavía, si os interesa este tema del paso de lo oral a lo escrito, es Prefacio a Platón, también de Havelock. Es mejor todavía en este aspecto que La musa aprende a escribir.

Prefacio a Platón

La musa aprende a escribir

Claro, que la musa aprende a escribir es interesante, ¿no? Porque, claro, ¿qué pasaba con los poetas a los que las musas les inspiraban y les ayudaban en su memoria y a recordar las cosas, oralmente, cuando de pronto las cosas ya se escriben. Y las tienes ahí. Te voy a decir una cosa curiosa, solamente una. La palabra escrita por un lado tiene eso de que está muerta, de que ya está, no no cambia. Pero, claro, cuando llega la cultura escrita, de pronto puedes comprobar si algo que te habían dicho realmente lo habían dicho. Por ejemplo, un sacerdote, un profeta dice: “Yo ya dije que esto iba a pasar y que iban a matar a este”. ¿Ah sí? Vamos a verlo… Y lo compruebas: “No, no lo dijiste, aquí está escrito y no dijiste eso”. Claro, fijaos el cambio importante de decir: “Yo recuerdo que alguien dijo, yo dije no sé qué…” Y de pronto ahora lo puedes comprobar, ese es un cambio importante.

JUAN CLAUDIO: Pero hay otros cambios, y tú haces un apunte que me ha llamado mucha atención, y yo nunca había reparado en eso, y es que en la cultura oral es más difícil transmitir dogmas.

DANIEL: Claro, da la sensación, ¿no?

JUAN CLAUDIO: Si tú quieres fijar dogmáticamente una creencia, te conviene ponerla por escrito y entonces en ese sentido el libro es mejor vehículo de dogmatismo que la palabra dicha.

DANIEL: En principio sí, Precisamente tenemos las tres religiones del libro, que se llaman del Libro, el cristianismo, el judaísmo y el Islam. Los musulmanes tienen los tres libros, los cristianos tenemos dos libros los judíos tienen un libro: tenemos el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y el Corán. Es una palabra escrita, sabéis que el Corán todavía es mucho más estricto que en el judaísmo y el cristianismo, mucho más, y que no se puede cambiar ni una palabra y que tiene que estar siempre escrito lo mismo exactamente, y no puede variar ni una palabra. Y después tenemos los textos sagrados de los Vedas, por ejemplo, que han influido sobre todo en el hinduismo. Y sí, a través de libros es más fácil establecer dogmas. Los griegos yo diría que no lo hicieron, a pesar de que escribían, digamos que su dogma era Homero. Y con Homero, pues tampoco se puede hacer una religión con preceptos que prohíban una cosa u otra. Para ellos Homero era todo, era la maravilla, la Ilíada y la Odisea, y con eso es más difícil fabricar una cosa represiva.

JUAN CLAUDIO: Una oposición que es distinta pero que está relacionada es la oposición que también desarrollas, para mí insuficientemente, porque es un tema muy interesante. Me habría gustado…

DANIEL: Pero tampoco querían comerme a Plutarco…

JUAN CLAUDIO: No, no, este libro lo tendrías que haber firmado tú y luego poner “con una cosita de Plutarco”…

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